Bank of America apuesta por la deuda española pese a la tensión en el mercado de bonos
El Tesoro español adelantó las emisiones a largo plazo a comienzos de año, lo que alivia la presión en un entorno de financiación más costosa


Las expectativas de inflación y de subidas de tipos vuelven a marcar el pulso de los mercados. Mientras el calendario avanza, el estrecho de Ormuz permanece suspendido en el tiempo, atrapado en un bloqueo que no da señales de ceder. Hasta ahora, los mercados han resistido la tensión, aunque no sin sobresaltos. Sin embargo, en un contexto en el que las reservas energéticas se reducen a un ritmo inusitado, la reapertura del paso se vuelve cada vez más urgente. Los cuellos de botella en el mercado energético empiezan ya a filtrarse hacia la economía real, como reflejan los últimos datos de inflación publicados en Estados Unidos y Japón la semana pasada.
Los inversores han vuelto a descontar este escenario y, de nuevo, la deuda soberana se sitúa como la principal damnificada. Aunque con algo menos de intensidad que la semana pasada, las pérdidas en el mercado de bonos continúan extendiéndose, con las rentabilidades de muchas referencias en máximos de tres décadas. Desde el inicio de la crisis, la deuda pública ha sido el activo más castigado, pero, pese al repunte del riesgo, los analistas empiezan a identificar oportunidades relativas dentro del universo de renta fija soberana.
Algunas de estas oportunidades comienzan a perfilarse ya de forma más concreta. Los analistas de Bank of America han empezado a posicionarse y refuerzan su preferencia por la deuda española, recomendando aumentar la exposición a largo plazo frente a otras opciones, como la portuguesa. Edvard Davidsson, estratega de tipos del banco, considera que el mercado español podría beneficiarse de una combinación favorable de oferta y demanda. “El Tesoro español está más avanzado en sus necesidades de financiación anual que el portugués. Asimismo, se prevé que ambos emisores incrementen su oferta neta en 7.000 millones de euros en 2026, lo que supone un aumento del 8% para España y del 38% para Portugal”, señala el experto.
Aunque la guerra está deteriorando las perspectivas económicas globales, España mantiene el tipo y los organismos internacionales la siguen situando a la cabeza de la zona euro. Según las últimas proyecciones del FMI, la economía española crecerá un 2,1% este año, por encima del 1,1% estimado para el conjunto de la eurozona y también del 1,9% previsto para Portugal.
Estas perspectivas favorables configuran un entorno propicio para que los inversores continúen apostando por el papel español. Entre los potenciales compradores de deuda a largo plazo, Edvard Davidsson apunta a las aseguradoras de vida de la zona euro y a los fondos de pensiones holandeses. “A medida que los fondos de pensiones neerlandeses avanzan hacia sistemas de contribución definida, vemos margen para una mayor asunción de riesgos en sus carteras y, por tanto, una mayor asignación a bonos periféricos. Entre España y Portugal, esperamos que la demanda potencial se incline hacia la deuda española por su mayor liquidez y rentabilidad”, subraya.
Las buenas perspectivas de la economía española, la mejora del rating en 2025 y la demanda creciente están permitiendo que la prima de riesgo, uno de los principales indicadores de estrés financiero en episodios de inestabilidad, se mantenga por debajo de los 45 puntos básicos en el caso de la española, y en el entorno de los 37 para Portugal. En este contexto, la participación de inversores extranjeros en la deuda española se mantiene en niveles elevados, cerca del 50% del total.
Davidsson destaca, además, la gestión del organismo que dirige Paula Conthe, donde la emisión de deuda a largo plazo ocupa un papel central. Tras la última colocación sindicada a 30 años, en febrero, el Tesoro se sitúa en una posición más cómoda y no se prevé que vuelva a recurrir a este plazo ni en lo que queda de año ni en el próximo. Portugal, en cambio, planea aumentar la emisión de bonos a 15 y 30 años. Todo ello se produce en un contexto de crecientes presiones. El alza de las expectativas de inflación y de tipos se traduce en mayores rentabilidades, obligando a los gobiernos a asumir un mayor coste de financiación. Los inversores, por su parte, exigen una compensación más elevada por inmovilizar su capital y protegerlo frente a la pérdida de poder adquisitivo.
Con cerca del 50 % del programa de financiación ya ejecutado, los analistas de Bank of America prevén que España recurra a la sindicación por tercera y última vez este año, previsiblemente, mediante la emisión de un bono a 10 años. Tras las habituales operaciones de enero y febrero, la atención del mercado se centra ahora en finales de mayo o, en su defecto, en el mes de junio. A diferencia de las subastas tradicionales, las sindicaciones se realizan fuera del calendario oficial y se apoyan en un grupo de bancos colocadores que distribuyen directamente los títulos entre grandes inversores institucionales. Este año, el Tesoro ha captado ya 22.000 millones a través de este procedimiento.
En un entorno dominado por la incertidumbre y el repunte de los tipos, el margen de error se estrecha. Mientras persistan las tensiones energéticas, la volatilidad seguirá siendo la norma, aunque para algunos mercados —como el español— el actual ajuste también abre la puerta a nuevas oportunidades.