Ir al contenido
_
_
_
_

China busca su lugar en las carteras entre la admiración y el miedo de los inversores

Su mercado bursátil está muy lejos de los logros del S&P 500 pero se abre paso en las estrategias de diversificación por la pujanza del país en IA, robótica o vehículos eléctricos

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, embarca en el avión presidencial durante su visita a Chinacnsphoto (via REUTERS)

En el año del caballo, China avanza al trote abriéndose paso en las carteras de los inversores internacionales. No galopa; el gigante asiático aún despierta demasiados recelos por su mercado inmobiliario, el rígido control de los flujos financieros (incluido el tipo de cambio) y el intervencionismo de las autoridades —aunque ese riesgo ya haya comenzado a ser común en los mercados occidentales de más solera—. La inversión internacional no se ha dirigido en masa hacia China en el proceso de diversificación que se ha acelerado con el segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca. Pero el poderío chino es demasiado evidente como para ser ignorado.

La pompa con que el presidente Xi Jinping ha recibido esta semana en Pekín a Donald Trump, en la primera visita al país de un presidente estadounidense en nueve años, es reflejo de la pujanza de la segunda potencia económica mundial, que acelera para pisarle los talones a Estados Unidos. En relación a su poder económico, el peso de China en las carteras financieras es muy modesto, pero Pekín ya no pasa inadvertido para los inversores, que estos días han seguido muy de cerca una cumbre en la que, en el fondo, están en juego el futuro del comercio mundial, el desarrollo de la inteligencia artificial, las cadenas de suministro de semiconductores o la seguridad global. Elementos todos ellos en los que China tiene mucho que decir y también bastante que ofrecer al inversor.

Frente a Estados Unidos, China juega la baza de su hegemonía en la producción y exportación de tierras raras y minerales críticos, la envidia de Washington, que a su vez lleva años presionando con limitaciones y sanciones para frenar el desarrollo chino en semiconductores e inteligencia artificial. Al menos en el ámbito financiero, el pulso entre ambas potencias deja como claro ganador a EE UU. El S&P 500 marca incansable máximos históricos, ignorando incluso el shock energético por el cierre del estrecho de Ormuz, mientras que los índices chinos continúan por debajo de sus niveles de 2021, pese a la remontada del último año y medio.

La Bolsa china gana puntos entre los inversores

Por el camino han pesado no solo la guerra comercial con EE UU sino el temor que duró años a un estallido de la burbuja inmobiliaria china y la continua intervención estatal en la economía, pese al propósito declarado de incentivar también la inversión extranjera. China ha ganado impulso en la carrera de la inteligencia artificial pero ahora Corea del Sur y Taiwán, ahora los verdaderos polos de atracción de inversores internacionales en tecnología en Asia. Pero a paso lento, la percepción de China por parte de los inversores está empezando a cambiar y analistas y gestores coinciden en que si bien son notables los riesgos a corto plazo —empezando por los geopolíticos—, con miras a largo plazo el mercado chino es una oportunidad de inversión estructural.

Según explica Naomi Waistell, gestora de fondos del equipo de renta variable emergente de Carmignac, “durante varios años, los inversores cuestionaron la idoneidad de invertir en el país debido a la regulación, la geopolítica y la debilidad macroeconómica. Sin embargo, a pesar de ello, China sigue siendo demasiado grande, demasiado innovadora y está demasiado integrada en las cadenas de suministro mundiales como para ignorarla. La percepción real de China hoy en día debe ser más matizada. Con demasiada frecuencia el país inspira miedo o admiración”. La gestora destaca cómo China ha conseguido crear compañías “líderes a nivel mundial en áreas como la IA, la robótica, los vehículos eléctricos, la sanidad y la fabricación avanzada” y ha logrado importantes avances dirigidos a alcanzar la autosuficiencia en materia tecnológica —con la fabricación de sus propios semiconductores o la creación de rompedores modelos de IA como DeepSeek— y energética. Basta como ejemplo el hecho de que, sin ser país productor de crudo, China cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, solo por detrás de EE UU. “Actualmente, China cuenta con más reservas de petróleo y fertilizantes que el resto del mundo en su conjunto e instala más capacidad renovable cada año que el resto del mundo en su conjunto“, añade Waistell.

Melanie Lange, directora de la gestora estadounidense Federated Hermes en Iberia, reconoce que “la percepción ha ido mejorando gradualmente, ya no vemos China como no invertible”. Explica que la actitud de los inversores hacia el mercado chino continúa siendo prudente y muchos de ellos siguen infraponderados, si bien el sentimiento es más constructivo y más selectivo, ya que China compite por el favor inversor con otros mercados asiáticos. “Nadie espera el regreso del modelo de hipercrecimiento, ni es necesario para que el mercado resulte atractivo. La economía está evolucionando hacia un perfil más equilibrado, más sostenible y más orientado a la innovación. Los beneficios mejoran, las valoraciones acompañan y la visibilidad en política económica es mayor”, defiende Lange. BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo y cuyo presidente, Larry Fink, forma parte de la comitiva estadounidense que esta semana viajó a Pekín, mantiene de momento en neutral a la renta variable y la renta fija chinas.

Según detalla Louis Kuijs, jefe de S&P Global Ratings en Asia, “el interés de los inversores internacionales por China ha aumentado en el último año y medio aproximadamente”. En buena parte gracias a que el Gobierno chino ha insistido en su apoyo a las empresas privadas y los mercados financieros, tras algunas medidas restrictivas adoptadas con anterioridad, y gracias también a que “los inversores internacionales se han dado cuenta de que el sector privado chino cuenta con muchas empresas que están a la vanguardia de la tecnología en sus respectivos sectores, por ejemplo, en los sectores de la energía limpia, la automoción y la inteligencia artificial”. Y cotizan además con ratios más atractivos que compañías de los mismos sectores en mercados desarrollados. “A diferencia de las acciones estadounidenses, que cotizan a precios elevados según varios indicadores (como la relación precio-beneficio ajustada al ciclo), las valoraciones de China siguen ofreciendo un buen valor“, asegura Robert Gilhooly, economista senior de mercados emergentes de Aberdeen Investments.

Ese descuento sería superior frente a valores estadounidenses y de otros mercados emergentes, también está presente en la Bolsa de Hong Kong frente a la de la China continental. Así, según explica Naomi Waistell de Carrmignac, compañías que se perciben como campeones nacionales —“verdaderamente únicos, de alta calidad y estratégicos, como CATL y Montage Technology”— cotizan con descuento en el mercado de Hong Kong, más atractivo para el inversor extranjero, frente a sus cotizaciones en el mercado de la China continental, donde están registradas estas empresas. “La combinación de envergadura, ambición tecnológica y solidez industrial convierte a China, en nuestra opinión, en un destino de inversión muy atractivo para los inversores que buscan exponerse a un crecimiento estructural a largo plazo”, añade Kévin Net, jefe de la división asiática de la gestora francesa La Financiére de l’Échiquier (LFDE). ¿Qué problema hay entonces en invertir más en China? La geopolítica y el control de los flujos de capital tienen la respuesta.

Taiwán y el riesgo geopolítico

Los analistas coinciden en que la geopolítica sigue siendo el principal foco de incertidumbre a la hora de invertir en China. Como ha advertido Xi Jinping a Trump en su encuentro en Pekín, las relaciones entre ambos países dependen de Taiwán y de que EE UU no interfiera en una isla que China considera su zona de influencia. La taiwanesa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) fabrica alrededor del 90% de los semiconductores avanzados del mundo, que alimentan los centros de datos de la IA o los sistemas de armamento de última generación. Una crisis en el estrecho de Taiwán, que separa esta isla de China, podría tener un impacto comparable o incluso mayor en la economía mundial que el actual cierre del estrecho de Ormuz. Y sin duda, sería demoledor para las Bolsas mundiales, ajenas en su rally al encarecimiento del petróleo pero rendidas ante la inteligencia artificial.

Guillaume Tresca, estratega sénior de mercados emergentes en Generali Investments, constata que en relación con el tamaño de sus mercados de renta fija y variable, la presencia de inversores extranjeros en los mercados financieros chinos sigue siendo reducida. Y apunta a que “los flujos de capital no son completamente libres, lo que sigue representando una restricción importante para los inversores internacionales”. Pekín mantiene el control sobre su divisa y si quisiera competir de forma más directa con EE UU en los mercados financieros internacionales tendría que abrir la mano. Sin embargo, como apunta Tresca, esto también podría desencadenar salidas de capital por parte de inversores domésticos en busca de mayor rentabilidad en mercados extranjeros. “En consecuencia, influiría en el nivel del yuan, y sabemos que las autoridades mantienen un control estricto sobre la divisa”, concluye.

China está aprovechando las oportunidades que ofrece el deterioro de la hegemonía del dólar y de EE UU como destino de inversión y está creciendo el papel del yuan en las transacciones internacionales, aunque sea a un nivel muy reducido, de apenas el 2% del total. “Esto ha quedado patente por el aumento de los volúmenes del CIPS (el sistema de pagos internacional creado por China) en medio del conflicto de Oriente Próximo y el creciente interés en la liquidación en yuanes entre terceros países”, señalan en Citi. El banco estadounidense reconoce que, según sus conversaciones con inversores, “existe ya un fuerte consenso en que el yuan se apreciará”.

La apreciación del yuan no está precisamente entre los objetivos del gobierno de Xi Jinping, a quien Trump ha acusado reiteradamente de debilitar su divisa para agigantar su superávit comercial con EE UU. El 15º Plan Quinquenal (2026-2030) aprobado en marzo sí apuesta por un crecimiento del PIB chino en torno al 5%; por doblar la renta per cápita de aquí a 10 años para estar al nivel de un país desarrollado medio; por elevar un 7% anual la inversión en I+D+i; que las patentes de alto valor añadido pasen de 16 a 22 por cada 10.000 habitantes; que la economía digital represente el 12,50% del PIB; que las renovales supongan el 25% del mix energético; y que la esperanza de vida llegue a los 80 años. Un plan ambicioso para competir con EE UU y toda una declaración de intenciones de cara a los inversores. Como recuerdan en el Real Instituto Elcano, “a diferencia del Plan Draghi, que sólo se ha aplicado en un 15% después de un año y medio, el gobierno chino suele cumplir con alrededor del 80% de las metas de sus planes”.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Buscar bolsas y mercados

_
_