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¿Por qué EE UU regula a JP Morgan y no a SVB? La experiencia china

Las autoridades estadounidenses han dado margen a las entidades pequeñas para innovar mientras estrechan el cerco sobre los bancos más grandes

Silicon Valley Bank headquarters in Santa Clara, California, US, on Thursday, March 9, 2023. SVB Financial Group bonds are plunging alongside its shares after the company moved to shore up capital after losses on its securities portfolio and a slowdown in funding. Photographer: David Paul Morris/Bloomberg
Silicon Valley Bank headquarters in Santa Clara, California, US, on Thursday, March 9, 2023. SVB Financial Group bonds are plunging alongside its shares after the company moved to shore up capital after losses on its securities portfolio and a slowdown in funding. Photographer: David Paul Morris/BloombergDavid Paul Morris (Bloomberg)

Los bancos estadounidenses pequeños parecen tener problemas. La precipitada captación de fondos por parte de SVB Financial hizo caer en picado las acciones del sector. Destacados inversores de capital riesgo aconsejaron a sus empresas tecnológicas que retiraran su dinero del Silicon Valley Bank, mientras que grandes entidades como JP Morgan trataron de convencer a algunos clientes del SVB de que trasladaran sus fondos, promocionando la seguridad de sus activos. Los operadores especulan ahora sobre cuál será la próxima víctima.

Desde la crisis financiera mundial, los reguladores estadounidenses como la Reserva Federal han adoptado un enfoque contradictorio respecto a los bancos. Por un lado, han hablado abiertamente de dedicar menos tiempo a vigilar los balances de las entidades pequeñas, dándoles así margen para innovar y lanzarse a la tecnología financiera. Por otro, han estrechado el cerco sobre lo que consideran megabancos de “importancia sistémica”. JPMorgan y Bank of America son dos ejemplos.

Según la Fed, a finales de 2022, Estados Unidos tenía más de 2.000 bancos con 19,8 billones de dólares en activos nacionales. Los 10 mayores poseían unos 10,5 billones de dólares, es decir, el 53% del total. SVB, el 16º mayor banco, con unos 195.000 millones de dólares, no figura en esa lista VIP.

Este enfoque de laissez-faire hacia los bancos pequeños es erróneo. Los reguladores estadounidenses han creado un punto débil en un sistema financiero que, por lo demás, es en gran medida sólido.

En este aspecto, Washington puede aprender un par de cosas de su mayor rival estratégico, Pekín. Con una ratio deuda/PIB que ronda el 300%, China es uno de los países más endeudados del mundo, con una preocupación constante por el excesivo endeudamiento inmobiliario y la financiación municipal. A pesar de todo, el sistema financiero chino ha conseguido avanzar y los reguladores han evitado el colapso que algunos medios extranjeros venían pronosticando desde hace al menos una década.

Esto se debe en parte a que las autoridades de Pekín se han dado cuenta de que los bancos más pequeños son los más propensos a quebrar. Una vez que las entidades pequeñas están bajo control, la posibilidad de un colapso por huida de fondos y el contagio al resto del sistema disminuye. Los bancos pequeños son más frágiles porque su coste para captar fondos es mucho mayor y sus depositantes son más susceptibles en tiempos de incertidumbre.

Parte de esta sabiduría la ha adquirido China con una dolorosa experiencia. China cuenta con cerca de 4.000 pequeñas instituciones financieras. Aunque solo representan alrededor del 15% de los activos bancarios totales, pueden ser peligrosas. En 2019, el Gobierno tuvo que tomar el control de Baoshang Bank, la primera intervención de este tipo en dos décadas, ya que los problemas en la entidad con sede en Mongolia Interior causaron una congelación de la liquidez y un aumento en los costes de los préstamos interbancarios. El año pasado, cientos de personas protestaron en la provincia de Henan, en el centro del país, por no poder retirar dinero de sus cuentas en entidades crediticias locales. Algunas manifestaciones se tornaron violentas.

Como consecuencia, los reguladores chinos se muestran cautelosos y vigilantes. El Banco Popular de China evalúa periódicamente el sector. En su último informe de estabilidad financiera, el banco central situó a 422 prestamistas en la zona roja de alto riesgo, si bien en conjunto representan una pequeña fracción de los activos bancarios. El gobierno anunció esta semana la creación de regulador financiero con poderes ampliados para reforzar la vigilancia del sector financiero. Curiosamente - y para decepción de algunos inversores, el Ejecutivo no dio ninguna pista sobre medidas a favor de la innovación o el desarrollo del sector bancario. Para el Presidente Xi Jinping, los bancos no necesitan ser innovadores. Sólo tienen que ser seguros.

Según Bloomberg News, SVB hace negocios con casi la mitad de todas las empresas emergentes estadounidenses respaldadas por capital riesgo. Eso habría hecho saltar la alarma en Pekín: los reguladores limitan la exposición excesiva de las entidades a un sector concreto. En cuanto al reciente cierre abrupto de Silvergate Capital, uno de los principales firmas del mercado de criptomonedas, nunca habría ocurrido en China. El gobierno prohibió rotundamente todas las transacciones de criptodivisas.

Es cierto que China regula en exceso. Pero si la estabilidad y la seguridad financieras son una prioridad máxima para Washington, cabe preguntarse si la postura indulgente del Gobierno estadounidense hacia los bancos pequeños está justificada. Tal vez todo lo que necesita es un par de experiencias dolorosas para darse cuenta de que los prestamistas más pequeños son igualmente peligrosos.

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