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Materias primas e inflación: debilidades de Occidente en la guerra de Rusia y Ucrania

¿Qué ha pasado en este año de guerra?

¿Qué ha pasado con los precios desde que Putin decidió invadir Ucrania hace un año? La guerra entre Rusia y Ucrania acentuó los problemas de inflación que se vivían en Europa desde el año anterior a la invasión. Durante 2021, los bancos centrales mantuvieron la palabra transitoria ligada a la inflación ya que, tras un año de pandemia, entendían que los ciudadanos tenían ganas de consumir y que la excesiva demanda había hecho mella en los precios. Pero, cuando estalló el conflicto, los precios de las materias primas se elevaron con fuerza, el petróleo, llegó a tocar los más de 100 dólares por barril, mientras que el trigo blando, por ejemplo, alcanzó los 335,96€ por tonelada en la semana del estallido de la guerra, un 51% más que en la misma semana de 2021.

El alza no controlada de dichos productos se explica porque tanto Rusia como Ucrania eran grandes exportadores de ambos. Ucrania era uno de los mayores productores de cereal del mundo, por ejemplo, el 40% del maíz que compraba España procedía de Ucrania. El cierre de esta fuente al inicio de la guerra y la dificultad para encontrar alternativas para el corto plazo provocó una subida de precios.

En el caso del gas, la dependencia europea al petróleo ruso quedó patente. Rusia exportaba antes de la guerra 6,6 millones de metros cúbicos diarios de gas, un 43% del total del mercado mundial, aproximadamente, siendo un 72% de esas exportaciones a países europeos. En cuanto al petróleo, Rusia se posicionaba, antes de la guerra, como el tercer mayor productor del mundo detrás de Estados Unidos y Arabia Saudí. Rusia exportaba cinco millones de barriles de crudo y más de la mitad estaban destinados a Europa.

El petróleo de Rusia y la dependencia de Europa

Aunque Europa se mostró tajante con su intención de prescindir de Rusia como exportador oficial, no ha sido una medida que entrara en vigor el primer día de conflicto, ha sido progresiva y paliada con la adquisición de petróleo en otros países.

En junio de 2022 se aprobó el sexto paquete de sanciones que, entre otras cuestiones, prohibían la compra o transferencia de petróleo crudo por vía marítima y determinados productos petrolíferos de Rusia a la Unión Europea. Restricciones que no se pusieron en marcha hasta diciembre, cuando se fijó un límite del precio para el crudo, los aceites de este y los obtenidos a partir del betún, originarios o exportados de Rusia. Y, también, se prohibió la entrada de petróleo por mar. De esta manera, se redujeron los ingresos del país presidido por Putin, ya que casi el 90% del petróleo que exportaba Rusia a la Unión Europea llegaba por vía marítima. En febrero de 2023, tras un año de guerra, la Unión Europea puso en marcha las sanciones a los productos petrolíferos refinados.

“El acierto fue que Europa no cortó las importaciones desde el primer momento. Tenía mucho que perder. La búsqueda de alternativas y la ralentización del embargo fue una aproximación más pragmática e inteligente que nos ahorró meter a la economía en un lío muy serio”, señala José Ramón Iturriaga, socio y gestor de Abante.

¿Subida de precios en la UE como consecuencia de la guerra?

En el primer mes de la invasión rusa vimos cómo el precio del combustible y de la electricidad repuntaban y cómo a eso se le sumaban los problemas en las cadenas de suministros. La inflación alcanzó en España el 7,6%, la cifra -en ese momento- más alta desde mayo de 1985.

El Ministerio de Asuntos Económicos detalló que más de un 70% del aumento de los precios de la energía y los alimentos no elaborados se debía al impacto del conflicto. Por ello, se puso en marcha un paquete de medidas de ayudas y rebajas de impuestos, entre los que se encontraba el descuento en el precio del combustible, que ha durado casi un año.

La inflación alcanzó su pico máximo del año en julio del año pasado, con un 10,8%, pero ¿se puede achacar el aumento progresivo de la inflación a la guerra? Desde el Banco de España aseguran que su fuerte repunte estuvo muy condicionado por los efectos directos e indirectos del incremento de los precios de la energía y los alimentos. Aun así, también estuvo vinculado a la reapertura económica de la pandemia y a la depreciación del euro.

Fue en ese momento, en julio de 2022, cuando el Banco Central Europeo siguió la dinámica de la Reserva Federal: subió los tipos de interés para acometer su objetivo de contener la inflación. En la reunión que tuvo lugar en febrero de 2023, situaron los tipos en el 3%.

En los últimos datos hemos podido ver un descenso de la inflación, mes a mes, hasta llegar en enero del 2023 al 5,9%. Se espera que la reducción de la inflación sea gradual y que se sitúe en el 3,4% en 2024 y en el 2,3 % en 2025, por encima del objetivo de medio plazo del BCE del 2%, explican en un informe desde el Banco de España.

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