Ola de despidos en las ‘big tech’: ¿bache, o bienio de declive?

La subida de los tipos, la regulación de competencia y el desprestigio de las redes sociales se suman a la caída de la publicidad digital

En el último año, Alphabet, Microsoft, Amazon y otras tecnológicas han prescindido de más de 70.000 trabajadores. En enero se han multiplicado los anuncios de recortes de personal: Amazon (18.000), Alphabet (12.000), Microsoft (10.000), Meta (11.000), Salesforce (7.000), Tesla (6.000) y Twitter (3.700). La caída de la publicidad digital y el menor consumo es la explicación rápida de sus ejecutivos. Pero hay ocho motivos para argumentar que la crisis de las tecnológicas durará hasta 2024.

El contexto geopolítico y macroeconómico mundial es el primero. En el Foro Económico Mundial de Davos los líderes empresariales y políticos destacaron la crisis energética, la guerra en Ucrania, la altísima inflación, la ralentización de la economía internacional y el Covid ante la reapertura de China como sus máximas preocupaciones.

El segundo es que la crisis energética y la guerra en Ucrania asestan un duro golpe a las tecnológicas. Se fortalece el compromiso de la coalición occidental de mandar más armamento a Ucrania. Se plantea la guerra como una defensa de la democracia. Así se aleja la posibilidad de una negociación con Moscú desde una posición de fuerza. Vladimir Putin prepara una ofensiva con parte de los 300.000 reservistas movilizados. Únicamente provocará más víctimas mortales. Los desmoralizados y mal equipados soldados rusos seguirán librando una inútil batalla ante el superior armamento occidental: artillería móvil Himars, vehículos blindados Bradley y Stryker, baterías antiaéreas Patriot y tanques Leopard de países europeos cuyo envío Alemania acabará autorizando porque el 46% de su población lo apoya,

El Green New Deal de Joe Biden y el Partido Demócrata y el Pacto Verde Europeo de la UE compiten entre sí. Se estrellan contra la realidad de un invierno durante el cual únicamente un buen almacenamiento de gas natural y petróleo en Europa ha impedido hasta ahora cortes de suministro. Biden olvidó su promesa de 500.000 estaciones de carga eléctrica de vehículos para 2030. Pero sí es real el incremento en un 137% de los envíos de gas natural licuado (GNL) de EE UU a Europa en 2022, más de la mitad del GNL importado por Europa.

En tercer lugar, la guerra real en Europa y la tensión geopolítica global limitan la inversión privada en los pocos fabricantes de los semiconductores más potentes (inferiores a dos nanómetros), como TSMC, Samsung e Intel. Necesitan cadenas estables de producción y distribución de sus semiconductores, que ya fallaban antes de la eclosión del Covid. La financiación pública de 52.000 millones de dólares incluida en la ley Chips de EE UU e iniciativas parecidas se distribuirán muy gradualmente.

La actuación de los bancos centrales es la cuarta causa. La Fed, el BCE y otros bancos centrales occidentales continuarán aumentando los tipos hasta atajar la inflación. Se ha reducido en EE UU al 6,5% en diciembre de 2022, en términos interanuales. Pero la Fed no prevé que se acerque al 2% hasta 2024. No acudirá el capital que piden los inversores para sostener la burbuja tecnológica. Ya ha reventado la del metaverso. Un ecosistema virtual de tres dimensiones es una pésima idea. Entre marzo de 2000 y octubre de 2002, el Nasdaq se desplomó desde 5.048 hasta 1.139 puntos, destruyendo casi toda su ganancia acumulada desde 1995. El 2 de enero de 2020 se encontraba en 8.972 puntos, y cerró ayer en 11.140 puntos. El actual ratio de precios sobre beneficios del Nasdaq, de 27, es netamente superior al de 22, de enero de 2020, y al de 13, al cierre de 2009.

En quinto lugar, la mayoría republicana en la Cámara de Representantes desprecia a Silicon Valley. La administración Biden y la UE mantienen sus planes de regular más a los colosos tecnológicos. La cotización bursátil conjunta de Apple (2,2 billones de dólares), Microsoft (1,8 billones), Alphabet (1,3 billones) y Amazon (0,9 billones) ha descendido sustancialmente, hasta los 6,2 billones. Solo EE UU, con 25 billones de PIB, y una China con 18 billones, que creció solo un 3% en 2022, las superan. Pero las multas aplicadas e investigaciones lanzadas a ambos lados del Atlántico por prácticas anticompetitivas son una tendencia irreversible en la UE en la era posterior al reglamento europeo de derechos digitales.

La sexta causa son los hacks de máxima dimensión histórica. La paralización durante unos días del gasoducto Colonial Pipeline de 8.800 km en EE UU o la penetración de la inteligencia rusa y china en la tecnológica tejana SolarWinds son dos ejemplos destacados. SolarWinds suministra el sistema operativo Orion a miles de empresas de EEUU y otros cinco opaíses. Las VPN que pueden permitirse pagar las pymes y los particulares se pueden desbordar con facilidad. Combinan antivirus con protección de datos y añaden capas de protección como la autentificación de dos pasos. Pero la dirección IP de cualquier ordenador, portátil, tablet o móvil debería cambiarse cada 0,0 segundosy para impedir que hackers la penetren. Mapas en tiempo real mostrados en webs públicas muestran el origen (Rusia y China) y destino (Europa y EE UU) de hacks de volumen medio. Pero Putin quiere que se le respete y China continuar vendiendo sus productos y servicios. Por consiguiente, no atacarán las infraestructuras críticas occidentales.

La séptima causa es que las personas muy bien informadas ya no muestran interés por aparecer en las redes sociales. Ciberataques, hacks, web oscura y bots son una combinación peligrosa. La octava es que las élites populistas siempre han distraído al gran público con espectáculo. Pero los miles de canales de TVE y decenas de miles de películas y series de televisión acumuladas no consiguen ser vistos por suficientes abonados. El gran público tampoco regresa a los cines.

La democracia no avanza en el mundo. Pero la obediencia implícita en las dictaduras frena su desarrollo tecnológico. Nos esperan dos años durante los cuales el ciudadano prudente debe seguir la cobertura informativa proporcionada por los medios rigurosos.

Alexandre Muns es profesor de EAE Business School