La mala salud mental es cada vez más joven

La edad media de los trastornos psíquicos es de 14,5 años

Menores en el Centro Terapéutico Residencial Recurra-Ginso, en Brea rn de Tajo, Madrid.
Menores en el Centro Terapéutico Residencial Recurra-Ginso, en Brea de Tajo, Madrid.

Sara (nombre ficticio) describe como la “nada” lo que vivió durante las “incontables veces” que trató de suicidarse. No sucedió de un día para otro. Primero fue porque la relación con sus padres “no era la adecuada”; después, por el acoso escolar que sufrió alrededor de los ocho años, y, por último, el detonante final: ver “en primera persona” cómo alguien cercano a ella se quitaba la vida. Tenía 11 años. Ahora, recién cumplida su mayoría de edad, sabe su diagnóstico casi de carrerilla: “Trastorno de estrés postraumático; depresión recurrente; trastorno límite de la personalidad. Y creo que ya”, dice por teléfono.

El suyo no es un caso excepcional, si se toma como referencia que hasta un 50% de los trastornos mentales empiezan antes de los 18 años, señala Celso Arango, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del hospital Gregorio Marañón de Madrid y jefe de servicio de psiquiatría de infancia y adolescencia. De hecho, sitúa en los 14,5 años la edad media en la que se desarrollaría el conjunto de problemas de salud mental.

Como Sara, más de uno de cada tres jóvenes españoles (35,3%) de 18 a 35 años presentó algún síntoma de depresión en 2020, según un reciente informe de la OCDE y la Unión Europea publicado el pasado diciembre. Días después, el Instituto Nacional de Estadística (INE) difundió sus datos sobre suicidios en nuestro país: 22 fallecidos por esta causa tenían menos de 15 años, 8 adolescentes más que el año anterior. Entre los 15 y los 29 años se quitaron la vida 316 jóvenes, 16 más respecto al último registro.

Suben los suicidios en la población infanto-juvenil

“Que en este último año hayamos tenido un récord absoluto desde que existen cifras en suicidios consumados en población infanto-juvenil es algo que nos debe hacer pensar”, alerta Arango. Los datos no paran de crecer y los profesionales buscan definir las causas. “La pandemia”, precisa Arango, ha sido uno de los motivos del incremento “de muchos de los factores de riesgo para el suicidio”. A ella se suman el aumento de los casos de depresión (que cifra en hasta un 25% más), la actual crisis económica o el colapso del sistema sanitario, que alargó los tiempos en las listas de espera de la sanidad pública. “Muchos de estos suicidios suceden en personas que están identificadas, pero a las que no somos capaces de dar una respuesta rápida”, reconoce. El psiquiatra participó también en un estudio publicado en agosto de 2021 en el que se concluyó que, a más periodo de confinamiento, más problemas de salud mental. Y este tuvo un especial “efecto nocivo específico” en la población infanto-juvenil.

Recursos intermedios

A la Sara confinada le bastaba al principio con ver los vídeos de youtubers como El Rubius o AuronPlay; a medida que pasaba el tiempo, empezó a aparecer la ansiedad. “Necesitaba salir. Tuve muchas recaídas a causa de estar encerrada y volví con autolesiones”, recuerda. Empeoró hasta el punto de superar la veintena de ingresos “por intentos”, resume la joven. Hace dos años le dieron tres opciones: o un centro de menores de acogida, o un psiquiátrico, o recalar en una clínica de la asociación Recurra-Ginso. Escogió la última. Este tipo de organizaciones cubre uno de los grandes vacíos que hay en el Sistema Nacional de Salud (SNS): los recursos intermedios. “Están mal”, analiza el director clínico de Recurra-Ginso, Javier Urra.

La entidad inauguró en diciembre un nuevo hospital de día en Madrid, que se suma a una clínica ambulatoria y a un centro terapéutico residencial. Con una capacidad máxima de 30 jóvenes de inicio, el equipo (que aumentaría en función del número de usuarios) se conforma de una enfermera psiquiátrica, psicólogos, psiquiatras, un maestro y un terapeuta ocupacional.

No obstante, tanto Urra como Arango coinciden en que el gran reto del SNS es potenciar la prevención primaria para que los chavales sepan cómo afrontar las circunstancias a las que se enfrenten: “Hay una idea de que los niños, los adolescentes, son felices por el hecho de serlo”, reprocha Urra. Algo que refrenda Sara, cuestionando la idea presente en el imaginario colectivo de que “como la gente joven es joven, no tiene problemas”. Sabe bien lo difícil que es salir de ellos. Tras dos años en la clínica, está muy cerca de que le den el alta.

Potenciar el papel clave de la atención primaria

“El 33% de los pacientes que va a los médicos de familia o a los ambulatorios es por un problema de salud mental”, advierte Javier Urra. Por eso, también ensalza la importancia de preparar a los sanitarios de atención primaria para este tipo de casos. “De momento, no se les forma. La gente llega al médico, dice que tiene un dolor y se les deriva”, describe, a pesar de que “el porcentaje mayor” de bajas laborales tiene relación con problemas de salud mental.

Celso Arango recuerda que España no tiene aún un plan nacional de prevención del suicidio, al contrario que la mayoría de los vecinos europeos. Este permitiría revertir la actual tendencia y tomar medidas coste-efectivas para el SNS. “El intento de suicidio es caro (6.500 euros al mes), sobre todo cuando hay un sistema público”, concluye.

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