Nuevos (y viejos) riesgos para empezar 2023

El impacto de la reapertura de China y el conflicto en torno a Taiwán pueden ser factores clave este año

Feliz Año Nuevo. Tengo buenas noticias. Sigo regularmente la rentabilidad de 46 índices que cubren una amplia gama de mercados de renta variable y renta fija, y los 46 comenzaron 2023 en niveles superiores a sus mínimos de 2022; algo menos de la mitad de ellos han subido al menos un 10%. Sin querer caer en la falacia de la narrativa, la única cosa que probablemente sea común a los mercados al alza del último trimestre fue el pico máximo de preocupación por la inflación y la subsiguiente valoración de un máximo en el ciclo de los tipos de interés. Por supuesto, este resultado no está garantizado, lo que plantea uno de los riesgos para los mercados en los próximos meses.

Los dos factores que más influyeron en la confianza el año pasado fueron la guerra en Ucrania y el agresivo endurecimiento de la política monetaria. Por supuesto, había –y hay– un vínculo entre ambos: la guerra desencadenó una crisis energética que rápidamente se tradujo en mayor inflación. Hubo una infravaloración colectiva del impacto negativo de la invasión de Ucrania sobre la economía mundial y los mercados financieros. Las acciones de Putin generaron enormes incertidumbres políticas y económicas; algunas de ellas persisten y suponen otra amenaza para 2023.

Sin embargo, el impacto inicial de la guerra y el grueso del endurecimiento de la política monetaria han quedado atrás. El comportamiento de los mercados ha mejorado a medida que ha disminuido el impacto de estos acontecimientos. Podría ser que un estancamiento militar continuado en Ucrania y unos pocos cambios incrementales más en los tipos no sean por sí mismos desencadenantes de otro mercado bajista. De hecho, el fracaso de la operación rusa y el fin definitivo de las subidas de los tipos a medida que la inflación se desploma podrían empujar el oscilómetro del sentimiento de los inversores aún más hacia el optimismo.

Otros temas

La ralentización del crecimiento mundial es sin duda una parte de las perspectivas, pero a estas alturas ya no será una sorpresa. Sin embargo, será un problema para los mercados si empezamos a ver tendencias macroeconómicas más débiles reflejadas en los beneficios empresariales y en la debilidad de los balances en los próximos meses.

A medida que China se abre, el impacto en la economía podría ser significativo. A corto plazo, es probable que la rápida propagación del Covid-19 sea negativa para la actividad, a medida que aumenten los casos y las muertes. La experiencia de otros países es que una vez que la enfermedad haya pasado entre la población, entonces la actividad económica aumentará con fuerza: mayor consumo e inversión, aumento del comercio exterior y viajes, y una posible recuperación del mercado inmobiliario. Esta reactivación china podría ser una fuente adicional de inflación mundial en algún momento.

China también plantea riesgos geopolíticos, dadas sus ambiciones históricas sobre Taiwán. La situación es compleja. Para simplificar, el sector tecnológico mundial depende de microchips diseñados en Estados Unidos que se fabrican en Taiwán. Existen numerosos puntos de estrangulamiento en esta cadena de suministro, y cualquier intensificación de las tensiones políticas podría causar problemas al sector tecnológico, ya afectado por un descenso pospandémico de la demanda. Es probable que este sea un tema recurrente en 2023 y que el sector siga siendo una fuente de volatilidad en los mercados de renta variable.

Criptos

Una de mis lecturas de vacaciones de este año fue Doom: The Politics of Catastrophe, de Niall Ferguson. Ofrece fascinantes paralelismos históricos con la forma en que el mundo reaccionó ante el Covid-19 y también un marco para comprender cómo las catástrofes –tanto naturales como provocadas por el hombre– tienen distintos niveles de importancia en función de si eran o no predecibles y de cómo se transmiten a través de las redes sociales, económicas y políticas.

Me hizo pensar en las criptofinanzas y en el colapso de FTX. Llevo un tiempo pensando que la infraestructura criptofinanciera podría suponer una amenaza para los mercados convencionales si se produjera una crisis de liquidez. Hasta ahora no ha sido así. Tal vez las criptomonedas no estén lo suficientemente interconectadas y el cruce con el sistema bancario no esté tan avanzado como se pensaba. Por lo tanto, un colapso importante de las criptomonedas podría no ser un riesgo tan grande como, por ejemplo, un aumento de los impagos de los bonos high yield.

Lo que tenemos delante

Los mercados desarrollarán sus propias narrativas a medida que avance el año. Los grandes temas geopolíticos formarán parte de ellas, pero también lo hará la batalla en curso sobre el nivel adecuado para dejar de dar señales de endurecimiento monetario. Como siempre, los datos serán clave. La cuestión para los inversores es si retener la inversión en efectivo hasta que se produzca otro revés (probablemente inevitable), o adoptar el punto de vista de que hay más alzas por venir.

Hay varios acontecimientos que pueden influir: los resultados empresariales que se publicarán en las próximas semanas; el impacto del Año Nuevo chino en el Covid-19 y la reapertura; y si el llamamiento de Putin a un alto el fuego es el principio del fin del conflicto... Tomando prestado un término futbolístico, solo se puede invertir en lo que se tiene delante, por lo que evaluar el valor, el riesgo y si los rendimientos esperados se ajustan a los objetivos financieros de cada uno, sigue siendo tan importante como siempre.

Chris Iggo es CIO de AXA IM y presidente de AXA IM Investment Institute