El Ibex aguanta en medio del ‘annus horribilis’ de los mercados financieros

La mayoría de las Bolsas sufre descensos de entre el 10% y el 20% en un año de pérdidas históricas en deuda

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La recientemente fallecida Reina Isabel II calificó 1992 como el annus horribilis de la monarquía británica, por los problemas sentimentales en la Familia Real y el incendio del Palacio de Windsor. 30 años después, ese calificativo se puede utilizar para lo sucedido en los mercados financieros durante 2022: prácticamente todas las categorías de activos se han depreciado, no ha habido refugio ni en el oro, la pérdida global de riqueza financiera ha sido la mayor de la Historia y, para colmo, todo esto ha ocurrido con una inflación disparada en todo el mundo, lo que ha hecho menguar aún más la rentabilidad real de las inversiones. Son pocos los índices bursátiles que se han salvado de la quema. En el caso del Ibex 35 cierra el año con una leve caída del 5,5%, mucho mejor que otras Bolsas.

Repasemos los datos. El índice bursátil más importante del planeta, el estadounidense S&P 500 cierra el año con una caída del 20%; su equivalente en Europa, el Eurostoxx 600 cede casi un 12%. La renta variable de mercados emergentes, en la línea: el índice MSCI Emerging Markets baja un 22% en 2022. Entre los pocos mercados que acaba el año en positivo está la Bolsa británica, que ha subido un 0,9% gracias al peso que tienen las mineras. Y también la sorprendente Bolsa turca, que ha subido un 180% en moneda local.

¿Y qué hay de la renta fija? Peor que nunca. Desde finales de 2021, los bancos centrales comenzaron a subir los tipos de interés a toda velocidad para intentar enfriar la economía y controlar así la inflación, que se había desbocado. Estas subidas de tipos y la retirada de los programas de compra de deuda han hecho que se desplome el valor de todo tipo de bonos. El índice de Bloomberg que mide la evolución agregada de toda la deuda europea que está en los mercados ha registrado una caída en 2022 del 16,7%, incluyendo los bonos soberanos y también los emitidos por empresas. En su equivalente de Estados Unidos, la caída es del 12,7%.

Una de las formas más tradicionales de invertir es con una cartera que mezcla un 60% de renta variable y un 40% de renta fija. Esta combinación ha funcionado casi siempre muy bien: tenía algo menos de retornos que solo con Bolsa pero a cambio amortiguaba los vaivenes de los mercados bursátiles. Pues bien, en 2022, la conocida como “cartera clásica 60-40” ha registrado el peor ejercicio en los últimos 100 años.

Sebastián Velasco, máximo responsable en España de la gestora estadounidense Fidelity International, reconoce que 2022 “ha sido un mal año para los inversores, porque no ha habido prácticamente ningún activo que haya servido como refugio”.

En crisis anteriores, el recurso de redirigir parte de la cartera a bonos de países muy solventes, como Alemania, Suiza o Estados Unidos, había valido para esquivar las turbulencias financieras. Pero esta vez no. Tampoco el oro, que este ejercicio ha caído un 0,7%. Y mucho menos las criptomonedas, que en su día se vendieron como el activo que permitiría descorrelacionarse de la evolución de los mercados y que cuando han venido curvas han perdido más del 60% de su valor.


Renta variable nacional

Durante muchos años, el Ibex 35 ha sido el patito feo de los índices bursátiles europeos. Siempre rezagado, siempre con peores rentabilidades que el resto. En cambio, este año ha sido uno de los mejores. Mientras que la Bolsa alemana ha caído un 12,3% y la francesa un 9,5%, en el caso de la española la corrección ha sido de solo un 5,5%.

Jacobo Ortega, director de inversiones de Europa de Santander Asset Management, explica que el Ibex 35 “se ha beneficiado este año del tipo de compañías que lo componen, sobre todo de la fuerte presencia de bancos, que se están viendo beneficiados por las subidas de tipos”. El peso del sector bancario en el selectivo es de casi el 30%.

Este efecto se nota especialmente en los bancos que concentran su negocio en España. CaixaBank ha cerrado el año como la compañía con mayor revalorización del Ibex 35, un 59,5%. La segunda también es un banco, Sabadell, con una subida del 58%. Bankinter ha rentado un 40%. Además, también ha contribuido al buen año relativo del selectivo español Repsol, cuyas acciones han aumentado su valor en un 49,8%.

En el lado de las empresas con peor comportamiento destacan el fabricante de piscinas Fluidra, que ha perdido casi un 57% de su capitalización, la farmacéutica Rovi (-50%), el gestor de antenas de telefonía Cellnex (-39%) y la empresa de hemoderivados Grifols, con una caída del 36%.


Tecnológicas

¿Cuál ha sido el origen de la fuerte corrección bursátil de 2022? Sin lugar a dudas, las subidas de tipos. Desde noviembre de 2021 comenzó un evidente cambio de tono en las políticas monetarias. La Reserva Federal de Estados Unidos marcó el giro, y la siguieron la inmensa mayoría de los banqueros centrales. Ahora bien, ¿por qué una subida de tipos afecta tanto a la Bolsa?

El mejor ejemplo son las compañías tecnológicas. Pongamos el caso de Tesla. El fabricante de vehículos eléctricos controlado por el magnate Elon Musk valía hace un año 1,1 billones de euros, convirtiéndose en la quinta mayor cotizada del planeta y situando a su máximo accionista como el hombre más rico del mundo.

Tesla gana mucho dinero, pero su valoración tiene mucho que ver con las perspectivas de cuánto va a ganar dentro de tres o cinco años. Para calcular el valor presente de esos flujos de caja futuros hay que aplicarles un tipo de descuento. Cuando los tipos estaban casi en el 0%, el dinero del mañana valía casi lo mismo que el dinero de hoy. Pero cuando el bono a 10 años de EE UU está al casi al 4%, esos flujos futuros ya no valen tanto.

Este efecto ha sido el principal causante de que Tesla haya perdido dos tercios de su valor en 2022. Otra empresa fundada por Musk, ha caído un 65%. En general, todo el sector tecnológico ha sufrido muchísimo con las subidas de tipos de interés.

Un gigante como Meta (dueño de Facebook, Whatsapp e Instagram) ha perdido este año un 65%. Amazon se deja un 51% y Alphabet (matriz de Google) un 40%. De las grandes tecnológicas, la que mejor ha aguantado el tipo ha sido Apple y, aun así, se ha dejado un 29% de su valor en Bolsa.

Bonos

En el caso de las compañías tecnológicas, el efecto que han tenido las subidas de tipos de interés ha sido indirecto. Sin embargo, en el caso de la renta fija este movimiento les ha impactado de lleno.

En la deuda soberana europea, por ejemplo, los precios llevaban años muy condicionado por las compras masivas de bonos del Banco Central Europeo (BCE). Esas adquisiciones permitían mantener las primas de riesgo controladas, y habían provocado el contrasentido de que en muchos casos los rendimientos que ofrecían estos vehículos eran negativos.

Con el cambio de tono en los bancos centrales, los cupones que se piden a los bonos se han disparado y su valor, que se mueve en sentido contrario, se ha desplomado. Así, el bono español a 10 años, hace un año ofrecía un retorno de menos del 0,6% mientras que ahora está en el 3,6%. La deuda pública alemana a 10 años, uno de los clásicos activos refugio, aún estaba en negativo hace 12 meses, mientras que ahora está en el 2,5%.

Este repunte de los retornos ha supuesto una fuerte depreciación de los bonos. Donde mejor se aprecia este efecto es en los fondos de inversión especializados en renta fija. De acuerdo con los datos de Inverco, este tipo de vehículos acumula un desplome del 7%.

Mariano Arenillas, jefe en España de la gestora alemana DWS, comenta que “para muchos inversores conservadores han sido un ejercicio muy difícil, porque nunca antes se habían vivido caídas tan fuertes en renta fija. Tan solo algunos de nuestros fondos de bonos ligados a la inflación han conseguido acabar el año en positivo”.

Inflación

La inflación fue el factor que desencadenó las subidas de tipos, que destrozaron la valoración de la renta fija y también de muchos mercados bursátiles. Lo tremendo de 2022 es que pese a todos los esfuerzos de los bancos centrales, los precios han subido con mucha fuerza.

En España, por ejemplo, la subida media anual del Índice de Precios al Consumo (IPC) ha sido del 8,4%. Esto implica que una persona que haya mantenido 10.000 euros en una cuenta corriente habrá acabado el año con solo 9.160 euros, si le aplicamos el efecto de la inflación. Esto ocurre con todos los activos. Las rentabilidades de los mercados financieros han sido muy malas en 2022, pero si se calculan en términos reales, han sido las peores de la Historia.

Dólar y materias primas

De la decena de activos financieros que monitoriza el banco JP Morgan, y que incluyen renta fija de mercados emergentes, bonos corporativos de alta calidad, activos inmobiliarios... tan solo dos han acabado 2022 en positivo: las materias primas y el dólar.

En el caso de la divisa estadounidense, las subidas de tipos han atraído a muchos inversores que han querido comprar bonos del Tesoro de EE UU, que a 10 años están ofreciendo ya rentabilidades de casi el 4%. Además, Estados Unidos es un exportador neto de petróleo y con la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania ha vendido muchos barriles de crudo. Esto ha provocado que el dólar se haya revalorizado con fuerza respecto a las monedas de casi todos los países del mundo. La subida en relación a una cesta que incluye a las principales divisas ha sido del 8,5%.

En cuanto a las materias primas, los combustibles fósiles han sido los grandes ganadores del año. El gas natural al por mayor cierra el ejercicio con una subida del 22%, aunque a mediados de ejercicio llegó a duplicar su precio. Mientras, el barril de petróleo Texas termina 2022 con un incremento de su valor del 5,2% y el Brent, de referencia en Europa, sube un 8,5%. Los límites a los precios impuestos en Europa y los síntomas de una desaceleración económica han provocado que la segunda mitad del año se hayan contenido los precios. Este auge del petróleo y el gas ha provocado que la cotización de las petroleras haya subido más de un 50%. También las compañías de extracción de minerales se han revalorizado casi un 15%.

A partir de ahora, gestoras e inversores no les queda más que mirar hacia 2023 y confiar que los astros se recompongan y no se vuelva a repetir un ejercicio tan nefasto como el que ahora termina.

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