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A fondo
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Lo que dicen sobre la economía las estadísticas ignoradas

Para obtener una imagen real de la situación del país, hay que ir más allá del PIB e IPC y atender también a otras fuentes de datos que suelen ser relegadas

Por los motivos que fueran, el debate político y la crónica periodística no especializada sobre la evolución de la economía española se limita a considerar los datos relativos a un número escaso de indicadores que, básicamente, son la evolución del PIB, la del IPC, los datos de empleo y el importe de la recaudación tributaria obtenida por la AEAT.

Este reduccionismo trae como consecuencia un empobrecimiento del debate y de la crónica que, además, vienen también afectados por la polémica suscitada alrededor de dos de los indicadores reseñados. En efecto, para muchos las cifras oficiales de empleo y de paro no reflejan la realidad del mercado laboral desde la entrada en vigor de la última reforma aprobada, dado que la eliminación de varias modalidades de contratación temporal ha provocado una sobreutilización del contrato fijo-discontinuo, elevándose de forma irreal el número computado de empleados. A su vez, se cuestiona también la fidelidad del dato oficial del IPC, toda vez que al considerar el precio de la electricidad tiene en cuenta exclusivamente el existente en el mercado regulado.

La concurrencia del reduccionismo y de las controversias señalados alimenta que en el debate político las posiciones sean claramente diferentes. Los que dan fiabilidad a las cifras oficiales afirman que nuestra economía está fuerte y nuestro futuro es esperanzador. Los que las cuestionan mantienen que ni es tanta la fortaleza ni existen tantos motivos para la esperanza. Entre ambas visiones, es conveniente aumentar las fuentes de información acudiendo a la que proporcionan los datos y estadísticas habitualmente olvidados. No es mi intención referirme a todos ellos –tampoco hay aquí espacio suficiente para hacerlo–, pero sí me propongo reseñar algunos que permiten complementar la visión habitualmente reducida de nuestra situación económica y matizar los análisis y conclusiones que sobre ella se realizan.

Empezando por los datos de empleo, las cifras oficiales reflejan que, en relación con la situación anterior a la pandemia, el número de empleados habría crecido aproximadamente en 700.000 lo que supone un 3,4%. Este porcentaje resulta difícilmente compatible con la evolución del PIB, pues este aún no ha recuperado su nivel previo al shock pandémico. Acudiendo al número de horas trabajadas en España –dato habitualmente ignorado– se observa que actualmente la media semanal se ha incrementado respecto al dato anterior a la crisis Covid en solo un 0,8%, dato que no es malo, pero que obliga a relativizar el aumento de empleados que refleja la estadística de empleo.

La relevancia de la salud empresarial es fundamental para cualquier economía de mercado, pues sin empresas no hay empleo privado, por lo que es interesante observar cómo evoluciona el número de concurso de acreedores –dato habitualmente ignorado–. Al respecto, es resaltable que en el tercer trimestre de este año el número de nuevos concursados ha sido 3.108, lo que representa un aumento del 9% sobre los declarados en el trimestre anterior y un 30% más de los que se declararon en el tercer trimestre de 2021. El dato es preocupante, pues, como se sabe, la gran mayoría de los concursos finalizan con la liquidación del concursado y, en cualquier caso, todo concurso –acabe como acabe– tiene un efecto arrastre negativo para los acreedores de la empresa concursada.

Relacionado con lo anterior, si bien es cierto que a diferencia de lo sucedido en la crisis financiera de 2007-2008 y sus repuntes posteriores, en España el crac pandémico no ha provocado hasta ahora que la morosidad se desboque, también lo es que las últimas cifras concernientes a la deuda en mora –dato habitualmente ignorado– reflejan un peligroso repunte de los impagados y de los retrasos en pago en la deuda comercial, circunstancia que sin embargo no se observa en la bancaria.

Es frecuente leer y escuchar los datos que reflejan la buena marcha de la recaudación tributaria de la AEAT, pero tiene interés también observar el comportamiento de las variables asociadas. Así, por ejemplo, la evolución de la renta bruta de los hogares –dato habitualmente ignorado– está sufriendo un brusco frenazo en su crecimiento pues tras un aumento interanual del 10,7% en el primer trimestre del año, se descendió al 8,9% en el segundo y al 6,8% en el tercero. Pese a ello, la recaudación del IRPF en los nueve primeros meses de 2022 creció un 16,4% sobre la obtenida en el mismo periodo de 2021, circunstancia que revela el impacto recaudatorio que está teniendo la utilización de la inflación como impuesto.

Que la industria española está deprimida y su peso en nuestra actividad económica es claramente inferior al deseable y al objetivo marcado por la Unión Europea es evidente. Por este motivo resulta especialmente preocupante que el ICI O Índice de Clima Industrial –dato habitualmente ignorado– acumule cinco caídas mensuales consecutivas y se sitúe en noviembre de este año 11 puntos por debajo del valor que tenía hace un año. Es obvio que la reducción de la cartera de pedidos y las pobres expectativas de producción están lastrando la evolución del ICI, lo que constituye una mala noticia para la conveniente recuperación de nuestra industria.

Es un lugar común afirmar que la crisis económica surgida tras la pandemia ha provocado un aumento de la desigualdad entre los españoles, afirmación que es materializada con la tópica frase según la cual los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Sin embargo, acudiendo a lo que refleja el Índice de Gini –indicador habitualmente ignorado– lo anterior no es cierto, dado que al final de 2021 su valor era el 0,33, idéntico al que tenía al final de 2019. Recordemos que en el supuesto de máxima igualdad en la distribución de la renta el índice adopta el valor 0 y en el de máxima desigualdad su valor es 1. Quiere decirse que, en contra del topicazo reiterado hasta la saciedad, la distribución de la renta entre los españoles es ahora semejante a la existente antes de la crisis pandémica. Valgan los datos reflejados, podrían señalarse otros muchos más, para proporcionar una visión más completa y veraz de nuestra situación económica. Aunque unos y otros afirmen una cosa y la contraria, no estamos ni en Dinamarca ni en Thailandia, aunque bien cierto es que no existiendo motivos para la alarma, sí que existen y bastantes para la preocupación.

 Ignacio Ruiz Jarabo es economista y exdirector de la Agencia Tributaria

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