EEUU: cuando la primera potencia se convierte en el mayor deudor

El país está ante la doble encrucijada de una alta tasa de inflación y una elevada deuda pública, algo que puede amenazar la hegemonía del dólar

Estados Unidos está ante una doble encrucijada económica debido a la alta tasa de inflación y de deuda pública del país, que está poniendo en peligro la hegemonía del dólar estadounidense porque, por primera vez en la historia, la mayor potencia monetaria del mundo es también el mayor deudor. Mucho se habla de la inflación como el resultado de exceso de circulante en el sistema, al demandar un número limitado de bienes y servicios.

En EEUU, el dinero entró en circulación por la política monetaria hiperexpansiva de la Reserva Federal del país (Fed), que si bien comenzó en diciembre del 2007 con la crisis financiera anunciada por el National Bureau of Economic Research (NBER), después se sobreextendió ante la posibilidad de una desinflación y una japonización de la economía estadounidense debido a la pandemia en 2020.

La Fed recortó entonces su objetivo para la tasa de fondos federales, que pasó desde niveles del 1,58% en febrero del 2020 hasta niveles del 0,05% en abril de ese mismo año. En septiembre de 2020, el organismo inició la compra de cantidades masivas de títulos de deuda mediante la política de flexibilización cuantitativa (QE), que forzaba a los bancos a prestar más a través del llamado canal de crédito. El objetivo era propiciar el consumo agregado, al reducir el costo del dinero, y facilitar el pago de deudas y el aumento del gasto discrecional. La idea era despertar el espíritu animal de Keynes en los consumidores estadounidenses, cuya demanda efectiva representa más del 70% de la actividad económica medida en el Producto Interior Bruto (PIB) del país.

La consecuencia de esa política ha sido el aumento de la inflación en Estados Unidos desde niveles del 0% en abril del 2020 a niveles históricamente altos, un alza de precios que pasó de ser percibida como transitoria a ser aceptada como persistente. La Reserva Federal empezó en marzo de este año a subir sistemáticamente el Fed Fund rate, aunque en noviembre de 2021 ya había reducido el ritmo de compra de activos. El objetivo es ahora drenar la liquidez del sistema y frenar el poder adquisitivo de los estadounidenses, que están cambiando sus patrones de compra. Los resultados de las empresas del S&P 500 del tercer trimestre d este año muestran que la demanda se está desplazando del sector de bienes al sector de servicios, liderado por el segmento de viajes, bares y restaurantes.

La Reserva Federal tiene un doble mandato. Por un lado, mantener la inflación en niveles del 2%, a la vez que mantener una tasa baja de desempleo alrededor de la tasa natural de desempleo, estimada en el 4,4% por el Congressional Budget Office.

La actual política monetaria restrictiva de la Fed ignora el efecto negativo en el mandato laboral en relación a la destrucción de empleo. Sin embargo, el 3,7% de desempleo del mes de noviembre hace que el organismo cuente con el apoyo de un mercado de trabajo que se halla en pleno empleo y que todavía puede aguantar cierta destrucción de puestos de trabajo sin crear una severa recesión económica.

Sin embargo, la tasa de desempleo es un indicador económico rezagado. La sombra de la recesión económica planea ya sobre el país para 2023, así como la destrucción de puestos de trabajo y una tasa de inflación superior al 2%, de acuerdo al comportamiento de indicadores económicos adelantados, como el Leading Economic Index (LEI) del Conference Board, la caída en las peticiones de permisos de construcción del U.S. Census Bureau, la subida de peticiones semanales de desempleo del U.S. Bureau of Labor Economics y, sobre todo, porque se ha invertido la curva del diferencial de los rendimientos del Tesoro de 2 a 10 años.

Ante esta situación, se está planteando la posibilidad de ayudar a la Fed con políticas de oferta que ayuden a la producción de bienes y servicios, la cual se ha visto seriamente afectada no solo por los aranceles a la importación de la República Popular China, sino también por la ruptura de las cadenas de distribución de insumos.

La política de oferta surgió en Estados Unidos cuando, en los años setenta y bajo el mandato del presidente Ford, apareció el fenómeno de la estanflación y la respuesta keynesiana de aumento del gasto gubernamental no conseguía impulsar la economía. Esta nueva visión fue puesta en práctica junto a otras medidas tradicionales de expansión de gasto gubernamental bajo el mandato del presidente Reagan, que defendía que a través de una reducción de las barreras para la producción, la reducción de ciertos impuestos y la desregulación de la actividad económica aumentaría la producción y se ampliaría la oferta de bienes y servicios, todo lo cual reduciría la presión sobre los precios. El resultado fue un crecimiento económico histórico y el aumento del nivel de vida de los hogares.

En Europa, existe una situación económica parecida, aunque no igual, debida en parte a la duración excesivamente larga de la estrategia del Banco Central Europeo, con una desregularización monetaria que ha tenido también consecuencias no deseadas en el corto plazo.

La historia económica nos ha enseñado que, en economía, cualquier corrección que se haga, por sutil que sea, puede desencadenar para el futuro consecuencias no previstas en el modelo económico aplicable en cada coyuntura, como ocurrió con la desregularización de Reagan y con sus no deseadas consecuencias.

María Lorca-Susina es Doctora en Economía. Profesora de la Universidad de Miami