Los planes de contingencia empresarial frente a las crisis

Una revisión del modelo de negocio, con un enfoque orientado a resultados en el corto plazo, puede ser clave para sobrevivir

En el primer verano sin restricciones después de la pandemia, aquellos que han podido se han lanzado a disfrutar de todo lo que tenían a su alcance. A pesar de ello, cada vez se hace más patente la llegada de un otoño acompañado de una situación económica muy incierta. Tras haber vivido una emergencia sanitaria sin parangón –cuyos efectos todavía no se han superado–, nos encontramos ante una guerra en suelo europeo, advertencias de posibles cortes de suministro energético y un escenario macroeconómico realmente difícil de calificar.

Las señales son inequívocas para todos los que las quieran observar. Todos los días leemos noticias acerca de altos niveles de inflación que superan el 10%, aumentos desorbitados de los precios de la energía y la cesta de la compra, shocks en las cadenas de suministro, incrementos en los tipos de interés e incluso un posible deterioro del mercado laboral y la tasa de paro.

Todo esto ha provocado que los organismos nacionales e internacionales rebajen las estimaciones económicas para España. Así, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha estrechado las expectativas de crecimiento de nuestra economía hasta el 4% para este año y el 2% para 2023, lo que supone un claro frenazo e implica que no alcancemos los niveles prepandemia hasta principios de 2024.

Con todo, ¿estamos ante un cambio de ciclo, un estallido de burbuja o simplemente un escenario diferente? Podríamos pasarnos días debatiendo e intentando calificar el nuevo entorno económico. Lo que sí sabemos es que la situación es bien distinta a la crisis financiera de 2008, especialmente debido a las recetas de los históricos entornos inflacionistas de los años 80 y 90 (que tienen un valor muy limitado en la situación actual).

Evidentemente, las compañías deben dedicar recursos a analizar y entender este periodo caótico y el impacto en su sector y negocio, lo cual pasa por la realización de test de estrés internos para diferentes escenarios, incluso en los que a priori parecen imposibles. Pero la incertidumbre no se controla, solo se gestiona. Las empresas no pueden esperar a tener una perfecta visibilidad del entorno y de sus consecuencias para tomar decisiones, porque en ese caso será ya tarde. Aquellos que actúen pronto y con el objetivo de mejorar la resiliencia de sus organizaciones, no se equivocarán; y las compañías más eficientes, con una estructura de costes adecuada y un balance saneado serán las que mejor naveguen estas aguas.

En este sentido, los planes de contingencia son la herramienta fundamental para alcanzar una mayor resiliencia en las empresas. No se trata de una mera declaración de intenciones voluntarista, sino de una profunda revisión del modelo de negocio de la compañía, con un enfoque pragmático y una clara orientación a resultados en el corto plazo. De esta manera, los planes de contingencia establecen una hoja de ruta para lograr una mayor resistencia y flexibilidad en el entorno actual, reforzando las fortalezas y gestionando proactivamente las debilidades y amenazas a las que está expuesta cada compañía y cada industria.

En particular, existen compañías con una demanda relativamente inelástica y elevados márgenes que, aunque sufran inflación en sus costes, pueden trasladarla fácilmente a sus clientes. Estas empresas se encuentran ante una oportunidad para reforzar su posición en el mercado, incluso mediante crecimiento inorgánico en un entono de valoraciones más bajas.

Por otro lado, vemos otros sectores, impactados por el aumento de los costes de la energía y las materias primas, que encuentran más limitaciones para trasladar este incremento y que presentan elevados niveles de endeudamiento, por lo que son más vulnerables a las subidas de intereses. Estas compañías deben cuestionarse su modelo de negocio actual y centrar su gestión en la generación de caja como requisitos de supervivencia.

Los planes de contingencia –ya sean expansivos o defensivos– van más allá de medidas aisladas, como parar la producción o aplicar un ERTE. Los planes de contingencia deben englobar todos los factores que crean valor en la compañía: modelo comercial y marketing, modelo de operaciones, servicios generales y estructura, inversiones y capital circulante, y estructura de endeudamiento; incluyendo, además, una revisión crítica de su cartera de negocios y mercados.

En definitiva, además de preservar el valor de las compañías, un plan sólido, creíble y realista ayudará a aumentar la credibilidad interna y externa. Es por ello por lo que todo accionista y directivo debería cuestionarse hoy –y no mañana– si su empresa está preparada para lo que pueda suceder y, si aún no lo ha hecho, empezar a trabajar en un plan de contingencia, antes de que acreedores u otros stakeholders se lo exijan. Citando a Eisenhower: “La preparación ayuda a la suerte”.

Julio Manero/Pablo Blanco son Managing Directors de Alvarez & Marsal