Los canjes de deuda por proyectos climáticos gana enteros con la COP27

Los países de América Latina abogan por un reestructurar sus deudas por acción climática, mientras los acreedores se mantienen cautos ante estas herramientas.

Parque eólico en Uruguay construido a partir de un programa de canje de deuda entre el país sudamericano y España.rn .
Parque eólico en Uruguay construido a partir de un programa de canje de deuda entre el país sudamericano y España. .

Los riesgos climáticos pueden precipitar un círculo vicioso desestabilizador de la deuda soberana. 54 economías en desarrollo, el hogar del 50% de la población que vive en condiciones de pobreza extrema a nivel global, sufren problemas graves de deuda, según las Naciones Unidas. De forma no casual, buena parte de estos países están dentro de los que más sufren los embates de los fenómenos climáticos extremos.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) ha reclamado al comienzo de la Cumbre del Clima en Egipto que ambos problemas, tan urgentes para la región, sean atendidos de forma conjunta a través de nuevas herramientas de financiamiento climático que incorporen bonos verdes, fondos de garantía y una idea remozada: canjear parte de su deuda por proyectos de acción climática.

Romina Picolotti, presidenta del Centro de Derechos Humanos y Ambiente y exsecretaria de Medioambiente de Argentina, sintetiza la petición en una sola frase: “Nadie va a poder pagar sus deudas si no resolvemos la crisis climática”. “Los análisis económicos por solo mirar el árbol pierden de vista el bosque”, señala de forma decidida.

A diferencia de otras peticiones del bloque, los grandes organismos globales no desestiman el llamamiento. La Comisión Europea presentó un análisis en agosto pasado donde señala que el aumento acelerado de las temperaturas impacta directamente en la ratio deuda sobre el PIB nacional. Por su lado, la jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ya había adelantado en 2021 que “tenía sentido” responder a la crisis climática y de deuda al mismo tiempo, a la vez que un reciente informe de la entidad afirma que los canjes de deuda por acción climática pueden ser “instrumentos útiles”.

Juan Camilo Cárdenas, profesor de Economía de la Universidad de los Andes, resalta la paradoja particular que vive la región y que explica su insistencia. “América Latina tiene un acervo de capital natural envidiable, al mismo tiempo que sufre de las tasas más altas de degradación ambiental. A su vez, en los últimos diez años el porcentaje del PIB que los países dedican a pagar su deuda externa alcanza promedios muy altos de entre el 8% y el 10%. Cada año hay que conseguir más dinero para pagarle a los prestamistas, estos son recursos que podrían utilizarse para otras cosas”, resume.

El procedimiento en detalle

Los canjes de deuda por clima son una forma de redirigir servicios de deuda (intereses y capital) hacia determinados proyectos de mitigación o adaptación climática, lo que ayuda a aliviar el endeudamiento y liberar recursos con el objetivo de acelerar proyectos verdes. Lo más habitual es que una organización no gubernamental intermedie entre la nación deudora y su acreedor, compre la deuda en el mercado secundario con un descuento y luego condone la misma al país ante el compromiso de movilizar fondos para proyectos específicos.

La idea no es nueva y fue muy popular en 1990, donde los miembros del Club de París utilizaron herramientas de canje para incentivar inversiones en ambiente, salud y educación. España, por ejemplo, acordó en 1998 un canje por 70 millones de euros dentro del “Proyecto Araucaria”, donde el país cancelaba parte de la deuda por el compromiso a preservar el medioambiente. En 2005, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero condonó una deuda bilateral de casi 10 millones de euros a Uruguay para que construya un parque eólico. Esta iniciativa salió bien: el 98% de la energía del país sudamericano proviene hoy de fuentes renovables.

Sin embargo, el volumen total de este tipo de programas se ha mantenido bajo en los últimos años. Solo 30 países se han beneficiado de este tipo de canjes de deuda por programas ambientales por tan solo 1.200 millones de euros hacia 2017, según un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Sin embargo, técnicos del FMI destacan que la evidencia indica que, al igual que el ejemplo de Uruguay, sí han tenido efectos positivos en la conservación medioambiental.

Aunque escépticos de los programas de canje tradicionales, los técnicos del organismo con sede en Washington destacan en un documento de trabajo reciente que “cuando la adaptación climática tiene un impacto significativo en el riesgo soberano, vincular el alivio de la deuda a las acciones de adaptación es esencial para abordar una fuente de riesgo moral y obtener la aceptación de los acreedores”

Picolotti también apunta beneficios secundarios de estas herramientas. Del lado de los deudores, este tipo de reestructuraciones le permite pagar sus deudas en moneda local, sin afectar sus reservas ni restringir (aún más) su espacio fiscal. Pero también trae utilidades adicionales para la contraparte, que pueden establecer condiciones beneficiosas para que sus empresas nacionales accedan a licitaciones y así vendan sus servicios. Esto permitiría que, de un lado y otro, aumente el número de empleos verdes y el desarrollo de industrias secundarias.

Múltiples realidades

Realidades tan distintas como las existentes en América Latina requieren un análisis diferenciado. “La combinación de instrumentos a aplicar para intensificar la acción climática depende de las condiciones específicas de la economía que se trate. No hay una única solución para todos los países ante el circulo vicioso de la deuda y el clima, y menos basada en un único instrumento, que además necesita de condiciones apropiadas para ser eficaz”, advierte Julián Cubero Calvo, economista líder del BBVA Research.

La secretaría de Cambio Climático de Argentina, Cecilia Nicolini, en la presentación de la declaración conjunta de autoridades de cambio climático de los países de la CELAC
La secretaría de Cambio Climático de Argentina, Cecilia Nicolini, en la presentación de la declaración conjunta de autoridades de cambio climático de los países de la CELAC Gobierno de Argentina

Lo diferente, treinta años después, es que el interés no viene solo por el lado de los deudores. Cubero Calvo destaca la coincidencia entre la demanda y la oferta, justificado en el primer caso por el apetito de los inversores por productos que tomen en cuenta factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo. Cárdenas también menciona el rol de los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial en su doble función como brokers y financiadores. La intercesión divina también parece estar del lado de América Latina: el papa Francisco ha llamado en varias oportunidades a los países más ricos a atender la “deuda ecológica” que tienen con las naciones más pobres.

Transparencia y capacidades

Una ONG fue el primer firmante de este tipo de canje. En 1987, Conservación Internacional compró 650.000 dólares de deuda soberana de Bolivia, uno de los 15 países con mayor biodiversidad del planeta, que estaba en manos del banco estadounidense Citigroup con la condición de que el gobierno estableciera tres áreas de conservación de casi 15 millones de hectáreas en un sector del Amazonas. Aunque la deuda condonada era menos del 1% de lo adeudado por el país, la experiencia fue negativa para todos los involucrados. El acuerdo estuvo lleno de tensiones, descontento doméstico y desconfianza por parte de los inversores.

Esta primera experiencia demostró que el instrumento financiero es más complejo de lo que la sociedad civil pensaba originalmente, dada la multiplicidad de partes interesadas, las áreas sensibles involucradas y la dificultad de supervisar los acuerdos.

Sin embargo, ni los países que pujan por aumentar el uso de esta herramienta ni los círculos académicos que lo apoyan, creen que esto sea imposible. “La tecnología puede ayudar mucho: la reducción de los costes en las imágenes satelitales disminuye las dificultades de acceder a información casi en tiempo real”, apunta Cárdenas.

Solo una observación es compartida por todas las partes: para garantizar la transparencia y el desarrollo de capacidades de control, los proyectos de adaptación deben estar alineados con los intereses nacionales dentro de sus propias estrategias de mitigación. Aunque alineados con el multilateralismo, los países de la CELAC cerraron su petición con un llamamiento al “empoderamiento” climático.

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