COP27: una oportunidad para la cooperación en un nuevo orden global

La cumbre debe aprovecharse para avanzar hacia un modelo que haga compatible el desarrollo, la descarbonización y la generación de oportunidades

El pasado domingo empezó en Sharm El Sheikh la COP27. Egipto acoge este año la cumbre sobre el clima que cada año reúne a los Gobiernos de todo el mundo y de forma creciente a las empresas y organizaciones de la sociedad civil en la acción colectiva contra el cambio climático y sus graves consecuencias. El encuentro se celebra en un entorno más desafiante que el año pasado en Glasgow, como consecuencia de los crecientes riesgos globales y de la elevada incertidumbre.

La guerra de Ucrania, junto a la crisis energética derivada de ella, nos lleva a acelerar aún más el triple objetivo de (i) la seguridad energética, (ii) la transición hacia fuentes de energía y producción que minimicen la emisión de gases de efecto invernadero y (iii) asegurar que los sistemas energéticos resultan asequibles para todos. Según el último informe de UNEP –el programa de medio ambiente de Naciones Unidas–, las emisiones en 2022 superarán los niveles récord de 2019, justo antes de la pandemia. Asistimos a una aceleración de los efectos del cambio climático con fenómenos extremos cada vez más frecuentes (inundaciones en Pakistán, sequías en África y olas de calor en buena parte del planeta, entre otros).

Pero también tenemos buenas noticias. En el último informe de la Agencia Internacional de la Energía, por primera vez se argumenta sólidamente que alcanzaremos el consumo máximo de combustibles fósiles en un corto período de tiempo, principalmente debido al creciente despliegue de soluciones y tecnologías probadas como la producción de energía eléctrica con energías renovables y el vehículo eléctrico. Asimismo, múltiples agentes tanto del sector público como, sobre todo, del sector privado, están llevando a cabo crecientes inversiones en innovación y tecnología para la descarbonización de las distintas industrias y actividades.

¿Qué esperar entonces de la COP? Estas negociaciones climáticas son siempre importantes y ayudan a definir las reglas internacionales y nacionales, marcando objetivos ambiciosos que afectan a empresas y ciudadanos. Unas reglas que serán particularmente importantes para el creciente número de empresas que han asumido compromisos de cero emisiones netas a 2050. Ante este entorno actual, no es fácil ver la COP27 con optimismo.

En primer lugar, tenemos el objetivo de una mayor ambición en mitigación, con la implementación del Pacto de Glasgow, mediante el cual se debe revisar la aspiración en los planes de reducción de emisiones de los países (conocidos como NDC ). Por ahora, los compromisos del último año son claramente insuficientes y nos llevan a un aumento de las emisiones en un 11% para 2030 (respecto a 2010), desviándose de la trayectoria que sería necesaria para lograr el objetivo de cero emisiones netas a 2050.

En segundo lugar, el gran tema de negociación en la cumbre será el apoyo de los países desarrollados a los países emergentes. Un apoyo que se inició formalmente en la Cumbre de Copenhague en 2009 con el objetivo de contribuir con 100.000 millones de dólares al año y que, hasta la fecha, no ha sido posible alcanzar. Según la OCDE, en 2020 las transferencias sumaron 83.000 millones. Se espera alcanzar dicho objetivo en torno a 2023.

En este sentido, uno de los principales retos de esta cumbre es avanzar hacia el establecimiento de un nuevo objetivo más ambicioso a partir de 2025.

Pero este apoyo financiero debe ir más allá de la mitigación. Según Naciones Unidas, las necesidades de adaptación al cambio climático de los países en desarrollo rondarán los 340.000 millones de dólares al año hasta 2030. Ya se fijó en Glasgow el objetivo de doblar los flujos financieros para adaptación hasta los 40.000 millones en el 2025. Ahora toca concretar su implementación.

Y también hay una dimensión adicional en este apoyo económico a los países en desarrollo: avanzar en la cuestión de pérdidas y daños sufridos por los países emergentes derivados del desarrollo asimétrico de nuestro mundo. Existe mucha presión por parte de los países en desarrollo para impulsar este tema, y si bien las posiciones entre desarrollados y emergentes sobre el mismo están aún enfrentadas, se espera cierto progreso en esta COP, y de momento ya se ha incluido como tema clave en la agenda.

Por último, el tercer gran tema de la cumbre será la contribución del sector privado, que es quien debe movilizar al menos dos terceras partes de las inversiones necesarias en el camino hacia la descarbonización. Para que dicha inversión se materialice es necesario que los gobiernos de todo el mundo apliquen los incentivos necesarios, como es el caso de los fondos NGEU en Europa o la nueva regulación climática IRA en Estados Unidos, y/o doten de seguridad jurídica y estabilidad, especialmente necesaria en los mercados emergentes.

Si ponemos el foco en la banca, ya hay 120 entidades comprometidas con ser neutras en carbono a 2050, lo que representa el 39% del sector bancario en el mundo. Y lo más importante, 53 bancos ya han fijado objetivos intermedios, tal como establece la guía de la alianza avalada por Naciones Unidas.

Los retos son inmensos para todos los gobiernos, las empresas y para el sector financiero. Es fundamental acompañar a todos los actores hacia una transición consistente con la ambición de limitar el calentamiento global a 1,5ºC al final de siglo, de forma inclusiva y sin dejar a nadie atrás. La COP27 debe ser una ocasión para avanzar en este complejo orden mundial que haga compatible para todos el desarrollo, la descarbonización y la generación de oportunidades.

Javier Rodríguez Soler es Responsable del área global de Sostenibilidad de BBVA