La relación entre EE UU y China está sufriendo una muerte lenta

Pekín tiene motivos para no asustar a su mayor socio financiero, pero incomodará a empresas como Ford

Banderas de EE UU y China, ante la Gran Muralla, en 2012.
Banderas de EE UU y China, ante la Gran Muralla, en 2012. reuters

A las autoridades chinas les encantan las enumeraciones: la Triple representatividad describe las responsabilidades del Partido Comunista Chino; las Cinco confidencias codifican el socialismo con características chinas. Las últimas Ocho suspensiones pueden convertirse en la abreviatura de la última etapa de la desin­tegración de las relaciones entre Washington y la República Popular.

El viernes, Pekín puso fin a la cooperación bilateral en materia de drogas, clima, diálogo militar y delincuencia, después de que la presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, Nancy Pelosi, visitara Taiwán, una isla con Gobierno independiente sobre la que China reclama soberanía. A corto plazo, poco cambiará, porque la colaboración real en esas áreas era, en el mejor de los casos, mínima.

Algunos negociadores estadounidenses pueden incluso sentirse aliviados. Durante el fin de semana, la marina china ha convertido el estrecho de Taiwán en un enorme campo de pruebas de misiles, pero eso es preferible a un bloqueo o una invasión a gran escala. Pekín también ha prohibido una serie de exportaciones taiwanesas, sobre todo de alimentos. Sin embargo, hasta ahora se ha abstenido de tomar represalias económicas más graves, como la de movilizar a los nacionalistas contra los productos y las empresas estadounidenses, una táctica que las autoridades desplegaron en el pasado contra las marcas japonesas y surcoreanas durante disputas diplomáticas.

En el actual momento de debilidad económica, los reguladores de Pekín tienen motivos para no asustar al mayor socio financiero de China, entre otras cosas porque la desvinculación económica es un objetivo específico de los halcones de Washington en lo relativo al país asiático. Los datos oficiales de 2020 mostraban que el stock de inversiones extranjeras directas de EE UU en China era de 124.000 millones de dólares. Los estadounidenses tenían además casi 1,2 billones de dólares en valores chinos a finales de 2020, según las estimaciones de Rhodium Group.

Esto no significa que se vaya a dejar completamente tranquilas a empresas como Starbucks o Ford. La burocracia del presidente Xi Jinping tiene otras palancas de las que tirar para hacer subir el coste de los negocios de las empresas estadounidenses en los márgenes. Eso incluye tácticas mundanas, pero perturbadoras en la base, como problemas para conseguir visados de trabajo, retenciones en las aduanas, visitas de inspectores de calidad, derrotas en los tribunales locales e incluso detenciones administrativas.

Además, China no llegó a cumplir su compromiso del acuerdo comercial de comprar más productos estadounidenses, y es aún menos probable que intente aliviar el desequilibrio comercial ahora: es una mala noticia para la agricultura estadounidense, entre otros sectores. El deterioro de las relaciones comerciales puede ser lento, pero probablemente será permanente.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías