Alemania, al borde de la recesión por Putin

Berlín asegura a sus ciudadanos que les dejará solos, ante un invierno que pondrá a prueba la solidaridad europea

Rusia aprieta de nuevo las tuercas a Alemania. Gaz­prom ha reducido esta semana el suministro de gas a través de Nord Stream, que conecta a Rusia con Alemania por el Báltico, del 40% al 20% de su capacidad máxima. Aunque Berlín tenga claro que el consumo energético deberá reducirse drásticamente, Berlín apuesta además por la solidaridad europea. El vicecanciller y ministro de Economía, el verde Robert Habeck, confía en el plan europeo de urgencia para ahorrar energía, teniendo en cuenta “el juego pérfido de Putin para debilitar el apoyo a Ucrania y dividir a la sociedad alemana, generando inseguridad e inflación“. El objetivo del plan es minimizar los riesgos para Europa en caso de que Rusia cierre completamente el suministro. Para ello, los países de la UE deberán reducir voluntariamente hasta el 15% su consumo energético entre el 1 de agosto y el 31 de marzo de 2023 (países como España solo rebajarán el 7%).

¿Cuánto frío hará el próximo invierno? “Ningún ciudadano se quedará solo”, ha prometido el canciller alemán, Olaf Scholz. Ningún ciudadano se quedará atrás en estos tiempos difíciles. Lo dijo incluso en inglés, “you’ll never walk alone”, siguiendo el himno de los clubes de fútbol Liverpool y St.Pauli, de Hamburgo. Su promesa ha recordado en Alemania el mensaje de Angela Merkel en la crisis financiera de 2008, cuando aseguró que los depósitos bancarios de los ahorradores estaban garantizados. El canciller quiere transmitir consenso político en un momento de fuerte crisis, pero con un Gobierno tripartito por ahora unido. La recesión está a la vuelta de la esquina. Y Alemania está en manos de Putin, así que los precios de la energía seguirán subiendo. Una amenaza para las empresas, atenazadas ya por la inflación, la falta de mano cualificada, los problemas de suministro y por la escasez de gas. Por eso la industria pide a Europa solidaridad. La crisis es también una amenaza para las familias, que pagarán entre 200 y 300 euros más al año.

Berlín calcula que en el caso de que Rusia suministrara el 40% de la capacidad que permite Nord Stream, Alemania debería reducir en un 15% su consumo de gas para aguantar los próximos dos inviernos. Pero Gazprom transfiere solo el 20%. Por ahora, el Gobierno ha optado por apoyar a los hogares más pobres, que recibirán una ayuda para cubrir los costes de calefacción. También se protegerá temporalmente a los inquilinos que no puedan pagar sus gastos. A finales de agosto finalizarán dos medidas que han desahogado a la población, los billetes de 9 euros mensuales para los trenes de cercanías y la subvención del carburante. A partir de mediados de septiembre se decidirán nuevas medidas en diálogo con las empresas y los sindicatos. La cuestión es que cuanto más dinero se necesite para no dejar a nadie de lado, mayor será la tensión entre el socialdemócrata Scholz y los conservadores liberales del ministro de Finanzas, Christian Lindner.

Putin seguirá jugando. Es un chantaje para dividir a la población alemana y europea. Europa ha sorprendido por su unidad en la respuesta comunitaria a la agresión rusa, pero ahora la amenaza de recesión y el racionamiento del gas ante la posibilidad de un corte total de suministro van a poner a prueba el consenso alemán y europeo. Scholz cree que la incertidumbre irá a más. Por eso Alemania está invirtiendo en terminales de regasificación y está reactivando las centrales de carbón, y estudiando la posibilidad de prolongar la vida útil de las tres plantas nucleares todavía en activo. La despedida de la energía nuclear tendrá que esperar, porque el mundo ha cambiado.

¿Qué invierno espera a Europa? No solo la crisis energética se convertirá en un test para la UE. También el giro en la política de tipos de interés transformará la economía europea. El BCE ha acelerado las subidas de tipos para controlar la inflación, pero eso complica la situación de las empresas, que podrán invertir menos, lo que reducirá la demanda de materias primas y productos industriales semielaborados. No obstante, el objetivo no oficial del BCE es, desde Mario Draghi, evitar la quiebra de la eurozona.

El Banco Central Europeo ha subido los tipos de interés en 50 puntos básicos para combatir la inflación, del 8,6% interanual en junio en la eurozona (10,2% en España). El golpe de timón implica la mayor subida en 22 años. Al principio se pensó que la inflación sería pasajera, que pasaría cuando los problemas de suministro generados por la pandemia se superaran. Pero la crisis de oferta permaneció y la guerra empeoró las cosas al estrangular el suministro de energía. Otros bancos centrales, como la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra, decidieron intervenir hace meses, lo que ha provocado la caída del euro, con consecuencias negativas para Europa, al implicar un incremento del precio de materias primas como el petróleo, que se calcula en dólares, y un aumento de la presión inflacionista.

Momento Lehman. ¿Es la crisis actual comparable a la crisis financiera de 2008? ¿Son las empresas energéticas los nuevos bancos? Por ahora, a las arcas públicas les costará más financiar su deuda, lo que se refleja en el aumento de las primas de riesgo. La prima de riesgo de un país de la eurozona es la diferencia entre su bono a 10 años y el bono alemán. Tras el anuncio del BCE, regresó el pánico a las primas de riesgo elevadas en Europa, sobre todo en España, Italia, Francia y Grecia.

A la pregunta de cómo conseguirá Alemania superar todas las crisis actuales, la climática, la energética, la social, la bélica, la económica y la de refugiados, la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, contestaba hace poco que será crucial la nueva estrategia de seguridad nacional, una seguridad coordinada con la UE y con la OTAN, que va más allá de la diplomacia y la fuerza militar. Según Baerbock, el Gobierno se prepara para lo peor, debido a la guerra y a la crisis del gas, y tratará de que la crisis no divida más todavía a la sociedad.

Cuando en otoño no llegue el gas y su economía quiebre y las empresas empiecen a despedir a sus trabajadores, ¿cómo reaccionará la población? ¿Será el fin de la solidaridad con Ucrania? ¿Se acusará a Berlín de arruinar el país con su política exterior? La ministra dice que le impresiona la posición solidaria de su país, y que no se retirarán las sanciones para salvar el bienestar alemán. El mensaje de Berlín sigue siendo que había que parar los pies a Putin.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías