Reindustrialización digital y sostenible: ¿la gran ocasión?

Quizás las nuevas fábricas transformen el tejido urbano, como hizo el textil en la revolución industrial, o los gremios en el medievo

Reindustrialización es una palabra que se ha puesto de moda (a pesar de que los correctores informáticos de estilo, todavía no la reconocen…).

¿Qué queremos decir cuando hablamos de reindustrializar? Reindustrialización se refiere al proceso necesario para alcanzar el objetivo de recuperar el peso de la participación de la industria en el PIB nacional, situándolo como mínimo en el 20% que la UE se ha fijado como objetivo. Para España, supone crecer desde la actual situación, que en 2020 era del 14,69% del PIB, con algunas excepciones como Navarra y el País Vasco, que se situaban por encima del 20%, hasta como mínimo el objetivo fijado por la UE.

Conviene precisar que estas cifras se obtienen aplicando criterios de medición clásicos, si bien el impacto real de la industria en la economía supera de muy largo estas cifras si se mide la parte de la economía y del empleo cuya existencia depende directamente de la industria, o dicho de otra forma, que no existirían si no hubiese industria.

En este caso habría que incluir al medir el impacto de la industria a todos los servicios que trabajan para ella y que generan un elevado número de empleos de alta cualificación y calidad. Tenemos buenos ejemplos de este impacto. Corea del Sur es un caso paradigmático, donde la industrialización en sectores con elevado contenido de innovación ha llevado al país desde unas posiciones de pobreza elevada hasta ocupar en la actualidad posiciones por encima de España en PIB per cápita.

No solo es importante el impacto de la industria en la generación de empleo y riqueza para un país. La globalización y el rapidísimo cambio tecnológico, junto con las recientes crisis de disponibilidad de bienes esenciales en situaciones imprevistas, como la pandemia, el impacto en las cadenas de suministro mundiales o la escasez de determinadas materias primas como consecuencia de guerras como la de Ucrania y su impacto en la situación geopolítica mundial, han puesto crudamente de manifiesto la necesidad de lo que la UE denomina autonomía estratégica, es decir la resiliencia ante un corte de determinados suministros tanto de productos y bienes terminados, como de materias primas y productos intermedios necesarios para el funcionamiento normal de la economía, la industria y la sociedad.

La nueva situación geopolítica mundial obliga además a reconsiderar el papel de Europa entre los bloques económicos mundiales. Es un momento de replanteamiento de las localizaciones industriales, y España debe jugar su papel y poner en juego sus ventajas (situación geográfica, calidad de vida, creatividad, etc.).

Estamos de acuerdo en la necesidad de reindustrializar, pero ¿a cualquier precio? ¿De cualquier forma? Obviamente no y por distintos motivos. La sostenibilidad ambiental es uno bien evidente. Necesitamos que la nueva industria que se instale sea respetuosa con el medioambiente y con la sostenibilidad en su concepción más amplia, incluyendo no solo el respeto al medioambiente, sino a la creación de empleo digno y bien remunerado y la atención a todos los stakeholders, incluyendo su integración en las comunidades que las acojan, la participación en su desarrollo, su contribución a la mejora de las condiciones de vida y expectativas de sus habitantes, etc. Todo ello sin olvidar que vivimos en una economía abierta, y, por tanto, respetando las condiciones de competitividad internacional.

Todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que estamos no solo ante una recuperación, sino ante una auténtica necesidad de transformación, si queremos ir en la dirección que nos marcan los nuevos tiempos. Esta transformación industrial tendrá, por tanto, que ser sostenible, incorporando conceptos alineados con la sostenibilidad planetaria, pero no solo eso: tendrá que incorporar conceptos avanzados de Industria Siglo XXI, lo que supone uso extensivo de robótica colaborativa, inteligencia artificial, aprendizaje profundo, y no solo innovación productiva, sino sobre todo innovación de producto, incorporando disciplinas como la micro y nanoelectrónica, los nuevos materiales, la simulación avanzada, etc.

Todas estas técnicas son el resultado del uso extensivo de las tecnologías digitales. Por eso hablamos de una reindustrialización digital y sostenible.

En el análisis de la reindustrialización, tendremos que considerar la importancia de disponer de una demanda innovadora, tanto pública como privada, que ofrezca a nuestras empresas la oportunidad de innovar y disponer de referencias antes que sus competidoras internacionales.

También tendremos que hablar de las nuevas fábricas. Ligeras, limpias y localizadas cerca de los consumidores y usuarios, gracias a las tecnologías de producción aditivas y al uso extenso de conectividad 5G. Tal vez transformarán nuestras ciudades, como la industria textil transformó las ciudades de la primera revolución industrial o los gremios artesanales, las ciudades medievales. No sería extraño ver repoblarse los bajos de nuestras ciudades con talleres pequeños, ligeros, robotizados y conectados que den nuevos usos a los bajos comerciales y nuevas oportunidades de trabajo a los vecinos sin necesidad de largos y masivos desplazamientos al extrarradio.

La disponibilidad de personas con formación adaptada a los requisitos de la nueva industria, los nuevos perfiles profesionales, los formatos de presencialidad física y las nuevas técnicas y estilos de dirección que promuevan el sentimiento de pertenencia y el propósito compartido para los equipos, son temas de gran trascendencia futura para el desarrollo de la nueva reindustrialización.

Por último, habrá que saber capitalizar la oportunidad de liderazgo europeo en regulación para la sostenibilidad, sin que ello signifique una pérdida de la necesaria velocidad y agilidad de respuesta para mantener la competitividad global de nuestra industria.

Como vemos, la reindustrialización impacta en diferentes ámbitos, y por su complejidad, la trataremos en una serie de artículos que seguirán a este, donde iremos desgranando cada uno de los aspectos anteriormente citados.

La Reindustrialización debería ser una gran oportunidad para que nuestro país avance en todos los ámbitos, social, económico y ambiental. Para ello hay que hacerla de forma inteligente y decidida. Tenemos una gran responsabilidad frente a las generaciones futuras y una oportunidad para atacar problemas sociales, como el elevado paro juvenil, en el que desgraciadamente ocupamos un destacado lugar entre los países europeos.

Grupo de reflexión de Ametic