El error de obligar a un empresario a comprar una compañía

Twitter ha demandado a Elon Musk para obligarle a cumplir con el acuerdo de compra de la plataforma

La decisión ha generado una caída de su reputación pública y su valor en bolsa

Twitter de Elon Musk.
Twitter de Elon Musk. Getty Images

La batalla entre Twitter y Elon Musk se va a prolongar durante meses. Por lo menos hasta octubre, cuando un tribunal de Delaware (Estados Unidos) decidirá si obliga o no al magnate a completar la compra de la compañía, después de que esta lo demandara por echarse atrás en el acuerdo de la fusión por 44.000 millones de dólares alegando que la plataforma no le había proporcionado información suficiente sobre el número de cuentas falsas y bots.

Twitter acusa a la mayor fortuna del mundo de “criticar a la empresa, alterar sus operaciones, destrozar el valor para los accionistas” y una “larga lista de brechas contractuales que han oscurecido” su negocio, y pide que se le fuerce a cumplir lo pactado. Pero, ¿tiene sentido intentar captar como jefe a alguien que ya no quiere serlo? El socio director de la consultora de compraventa de empresas Pretivm, Jaime Villagrá, opina que no. “Si me veo obligado a comprar una empresa que no quiero no voy a establecer una estrategia largoplacista de generar valor y hacer crecer a la compañía, sino que voy a hacer todo lo posible por establecer una estrategia a corto plazo para quitármela de encima cuanto antes”, considera.

El director general de LABE Abogados, Pedro Muñoz, tuvo acceso al acuerdo previo entre las partes, para el que augura tres posibles finales: una reducción del valor de compra; una ejecución de ese valor si la acción sube en bolsa, o un acuerdo extrajudicial que cierre el procedimiento abonando a la parte vendedora una cantidad económica por el lucro cesante y el daño emergente, más daños morales. “Es evidente que el valor de una compañía de este tamaño tiene un doble ámbito, el valor contable y un valor más psicológico que se registra en bolsa y, en este caso, la disparidad de ambos valores ha sido lo que ha parado la opción de compra firmada por Elon Musk”, advierte Muñoz.

Así ocurrió cuando el dueño de Tesla encargó un informe que le aseguro que cerca del 33% de los perfiles de Twitter eran bots y, por tanto, falsos, lo cual limita mucho lo ingresos de publicidad de a red social. De ahí que la reputación de la compañía haya caído no solo para el millonario, sino también para el mercado, ya que sus acciones se desplomaron más de un 10% tras retirar la oferta.

Por eso, aunque de momento el tribunal americano haya dado la razón a la compañía, Villagrá asegura que está resultando la gran damnificada de cara al público. “Si soy inversor y veo que, primero, la empresa miente, y segundo, van a poner de capitán del barco a uno que no quiere serlo, yo huyo y espero a ver qué sucede. Eso va a provocar una caída de la cotización y una pérdida en el valor de la compañía. Y eso no es bueno ni para los accionistas, ni para el mercado, ni mucho menos para Twitter”, reconoce.

Aun así, el presidente de One to One Corporate Finance, Enrique Quemada, recuerda que toda esta disputa entre Musk y Twitter forma parte del juego. “Es el momento de las amenazas, pero no hay que olvidar que hay dos conversaciones en paralelo: la pública y la privada. En la pública se gritan y en la privada están observando lo que pasa. Es pura negociación”, afirma.

Un buen jefe

Los expertos coinciden en que finalmente habrá un acuerdo por ambas partes. “Se encontrará una solución satisfactoria para los dos porque tampoco hay muchas más alternativas. Él es un tío mediático y Tesla también es una compañía cotizada. No puede lanzar un mensaje de que es un buitre y de que realmente va a comprar una compañía que no quiere para hundirla”, opina Villagrá.

Los únicos que deben temer por su puesto si esto ocurre son los altos cargos, ya que, como explica Muñoz, “es evidente que al forzarse de manera judicial la compra de los títulos cotizados de esta empresa, Musk tendría una mayoría accionarial que le permitiría tomar el control total de la empresa, nombrar consejeros, al CEO, cambiar la política comercial o ampliar capitales”. El resto, según Quemada, “están deseando que les compre”.

De hecho, Twitter cerró el segundo trimestre con unas pérdidas de 270 millones de dólares (unos 264 millones de euros), frente al beneficio de 65 millones de dólares que alcanzó en el mismo periodo del año anterior. La culpa, dicen, es de la incertidumbre provocada por las dudad del millonario. Para Quemada, en cambio, también puede ser la solución: “Musk puede ser un buen jefe porque es suficientemente audaz para obligar a Twitter a lanzarse a aventuras insólitas. Es un tipo que pide imposibles y los consigue”.

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