Talento ucraniano: solidaridad a largo plazo

Las empresas deben ocuparse a partir de ahora de su integración, abriendo su oferta laboral a los refugiados

Desde el inicio de la invasión rusa sobre Ucrania, más de ocho millones de ciudadanos de este país han tenido que desplazarse dentro de su propio territorio y más de seis millones se han visto forzados a abandonarlo, según los últimos datos proporcionados por Acnur. La respuesta solidaria de la Unión Europea, y en particular de países vecinos como Polonia, Moldavia o Rumanía, junto a otros no tan cercanos, como ocurre con España, ha permitido una acogida humanitaria sin precedentes, lo que no exime de que el camino para estas personas esté lleno de dificultades. Salvadas las primeras necesidades para proporcionarles un techo y manutención, el reto que se plantea ahora por parte de esos países de acogida es proporcionarles un marco de estabilidad material y emocional que, en buena medida, será posible mediante su incorporación al mercado laboral.

De entrada, no parece una tarea fácil. Al hándicap que representa la estructura laboral de nuestro país, con una cifra de parados situada alrededor de los 3 millones, lo que supone un 13,3% de la población activa, se suman otros factores a tener muy en cuenta.

Lo que es un dato objetivo es que los más de 110.000 ciudadanos ucranianos que han llegado a nuestro país desde el comienzo del conflicto, según datos del Ministerio del Interior, afrontan ahora el desafío de incorporarse a una sociedad y a un sistema diferentes a los suyos en muchos aspectos, y durante un periodo indeterminado, que podría convertirse en indefinido para muchos ellos. A su favor juega el hecho de su alta motivación y su firme voluntad de querer integrarse lo antes posible con el fin de obtener una autonomía real y no tener que depender, como hasta ahora, de la solidaridad. Muestra de ello es su disposición a optar a todo tipo de ofertas, aunque sean de posiciones que no se corresponden con su cualificación.

Una aproximación al perfil de los ciudadanos ucranianos acogidos en España nos la proporciona un estudio realizado basándose en los perfiles recogidos por la iniciativa Conectando Talento Ucraniano, que persigue el objetivo de poner en contacto a empresas españolas que puedan ofrecer trabajo y desplazados ucranianos.

Pues bien, este informe pone de relieve que el 82,84% de los ucranianos desplazados a España que se encuentra en una posición de búsqueda activa de empleo son mujeres, en su mayoría de edades comprendidas entre los 26 y los 45 años (58,45%) y en posesión de cierto tipo de cualificación. Son datos consistentes con los derivados de la experiencia adquirida durante las primeras semanas de atención en los Centros de Recepción, Atención y Derivación de Madrid, Barcelona y Alicante. Estos datos indican que el 63% de los desplazados a nuestro país son mayores de edad y, de ellos, dos terceras partes (por encima del 66%) son mujeres, en su mayoría con cualificación académica.

En las actuales circunstancias, el principal punto que se interpone en la incorporación de los refugiados ucranianos al mercado laboral es la falta de conocimiento del idioma español. Para la mayoría de las personas procedentes de Ucrania, el español es una lengua desconocida, muy diferente a la suya y a la de los países de su alrededor, lo que hace del proceso de aprendizaje una tarea compleja y lenta. A este respecto, la contribución de ONG que actúan a nivel local, e incluso la colaboración de los ayuntamientos, resulta muy útil para reducir al máximo la barrera idiomática. Asimismo, las propias empresas interesadas en la contratación de ciudadanos ucranianos podrían optar, llegado el caso, por la combinación de los equipos de trabajo, de forma que al menos un ucraniano que conozca el idioma español pueda desempeñar la labor de traductor para el resto del grupo.

Otro importante escollo en la inserción laboral del colectivo tiene que ver con las trabas burocráticas existentes para la convalidación de titulaciones obtenidas en el exterior. Se trata de un trámite administrativo que, en circunstancias normales, puede prolongarse desde los nueve meses hasta los dos años. Pero, además, en la actual situación de Ucrania, con una administración pública en estado de colapso como consecuencia de la guerra, es completamente inviable el inicio de este tipo de procedimientos. Ello a pesar de que la Comisión Europea ha recomendado agilizar estos trámites asegurando su correcta implantación; pero lo cierto es que, hasta el día de hoy, no se han definido procedimientos que faciliten este proceso.

Por tanto, además de la encomiable respuesta solidaria que nuestro país está ofreciendo al pueblo ucraniano desplazado al interior de nuestras fronteras, la sociedad española tiene ante sí el extraordinario reto de integrar a estos ciudadanos y proporcionarles un medio de vida digno que les permita recuperar lo antes posible sus condiciones previas. Si no lo conseguimos, es probable que en unos pocos meses emerjan problemas de índole social derivados, precisamente, de una deficiente integración.

Qué duda cabe que las administraciones y las organizaciones solidarias están haciendo una labor extraordinaria para responder, en una primera instancia, a las necesidades más urgentes y básicas de este colectivo. Pero el relevo lo deberían tomar, a partir de ahora, las empresas. Son ellas las auténticas generadoras de empleo, y, por eso, sería muy importante que aquellas que se vean en situación de ampliar sus plantillas procediesen a estudiar, bien directamente o con el concurso de otras organizaciones especializadas, la forma de abrir su oferta laboral a la población ucraniana refugiada. El objetivo de la sociedad española en su conjunto debe ser asegurar la integración de todo este colectivo de refugiados y hacer todo lo que esté en su mano para conseguirlo.

Gonzaga Avello es cofundador y co-CEO de Connecting Visions