¿Qué pasa con las obras de arte que nadie quiere comprar?

Un cuadro de Goya salió a subasta en Madrid por dos millones de euros y ningún comprador pujó por él

Las salas ofrecen diferentes opciones para los objetos invendidos

Exposición de lotes en La Suite Subastas
Exposición de lotes en La Suite Subastas

Miradas de última hora al catálogo. Paletas preparadas en las manos. Un trago de agua para aclarar la garganta. Y empieza la subasta. A un ritmo más rápido de lo que un primerizo en estas lides se podría imaginar, diferentes objetos y obras de arte van apareciendo en la pantalla de uno de los dos espacios que la sala Fernando Durán tiene en el centro de Madrid. Algunos levantan el interés entre el público asistente, unas 40 personas, más las que han decidido participar por teléfono. Con gestos de paleta difícilmente perceptibles para el ojo poco entrenado, la batalla de pujas hace que suba el precio, a veces de 25 euros en 25, otras de 100 en 100 euros. Es el caso, por ejemplo, de un plato en cerámica azul y blanca de Talavera con un precio de salida de 300 euros y que llega a adjudicarse por 1.600.

Pero también existe el otro extremo, objetos que la subastadora va anunciando y por los que nadie puja. Es lo que ocurrió, para sorpresa de muchos, con un cuadro de Francisco de Goya que salió a subasta hace unas semanas: Aparición de la Virgen del Pilar al apóstol Santiago y sus discípulos, que, según los especialistas, data de 1775. Una obra que tenía un precio de salida de dos millones de euros en Alcalá Subastas, sala que ha declinado participar y hacer declaraciones para este reportaje. La pintura, declarada Bien de Interés Cultural (BIC), no puede salir de España, lo que, en la práctica, reduce el mercado.

¿Qué ocurre entonces con esos objetos y obras de arte por los que nadie muestra interés? Las opciones son varias, como explica Mercedes de Miguel, directora general de Subastas Segre. “Pueden pasar tres cosas. Que el propietario lo retire y ya no quiera venderlo, porque no desea rebajar el precio. Y lo guarda, esperando tiempos mejores. Que quiera venderlo y esté dispuesto a oír una oferta a un precio más bajo, y hacer una venta directa, una posventa que llamamos. O que decida, pasado unos meses, volver a sacarlo en subasta con una rebaja que normalmente oscila entre un 20% y un 30%, dependiendo del lote”.

Prácticamente los mismos pasos siguen en La Suite Subastas, donde, además, ofrecen lo que se podría llamar una segunda oportunidad a ciertas obras. “Si consideramos que es una pieza que, a pesar de haber resultado invendible, puede tener recorrido e interés para el público al que nos dirigimos, lo que hacemos es guardarla durante un tiempo. En la siguiente subasta no la presentamos, pero si el propietario está de acuerdo, intentamos ajustar un poquito el precio, si es posible, que siempre es más atractivo, y la volvemos a ofrecer en otra posterior. El vendedor, una vez pasada la subasta, no tiene ninguna obligación de dejar la pieza o de volver a ofrecerla”, explica la directora de la sala, Beatriz Du Brevil.

¿Qué pasa con las obras de arte que nadie quiere comprar?

La posventa es una oportunidad para que esos objetos que nadie quiso en la subasta encuentren nuevos dueños, eso sí, con una rebaja de precio en la mayoría de los casos. “Gente que lo ha visto en subasta y comprueba que no se ha vendido, viene y hace una oferta en una cierta cantidad. Nosotros esa oferta la pasamos al vendedor, y si este acepta, se vende por esa cantidad menor”, comenta De Miguel. “Puede ser que el cliente intentara pujar por otras piezas, que no consiguió adjudicarse y entonces repasa el catálogo, ve lo que no se ha vendido y nos contacta para adquirirlo, incluso, a veces, con subastas que se han celebrado con dos años de antelación”, añade Du Brevil.

“En Ansorena se subastan unos 1.500 lotes al mes. Si no llega a efectuarse la venta, ni mediante puja, ni los días posteriores, se da la oportunidad a los propietarios de volver a sacarlos dos o tres meses después, eso sí, con un precio inferior al de la primera vez, y contando con la opinión de los expertos en cada campo”, aseguran desde la sala, a través de un correo electrónico.

Un ejemplo reciente de posventa es el que narra Kristian Leahy, director del departamento de arte contemporáneo en Fernando Durán. “En la última subasta que celebramos hace unos días, dos cuadros no tuvieron pujador. En los días posteriores, dos compradores diferentes pasaron por la sala, los vieron, consideraron que estaban muy bien de precio y las obras acabaron encontrando nuevo dueño. Uno de Manuel Hernández Mompó, en 12.500 euros, y otro de Antoni Tàpies, por 18.000”.

Hay ocasiones en las que ni las salas de subastan se explican qué pasa con ciertas piezas a las que no les salen pretendientes, quizá sea por despiste de los compradores, o por un mal momento a la hora de sacarlo a la venta. “Nosotros tuvimos una escultura que no era un dineral. No se vendió en una subasta. El dueño dijo que no la quería de vuelta, que ya se vendería. Salió en 7.000 euros, no se vendió. Salió en 5.000, nada. Salió en 3.000, tampoco. De repente salió en 2.000 euros, y se terminó rematando casi en 15.000. Y la compró un cliente que nos conoce desde siempre, que la había visto anteriormente, pero que juraba que no se había fijado en ella”, ejemplifica Du Brevil. Casos similares también se han dado en Ansorena desde donde explican que “hay veces que el precio de salida es tan atractivo la segunda vez que se subasta, que las pujas suben hasta ser superiores al primero que tenía cuando salió a la venta”.

Entre las salas consultadas, el porcentaje de objetos que quedan sin vender después de la subasta, y transcurrido el tiempo en el que se gestionan las ventas directas, es muy similar. Está en una horquilla de entre el 10% y el 30%. Hay que tener en cuenta que no todas las salas ofrecen el mismo número de lotes y de subastas al año, siendo más numerosos en unos casos que en otros. En lo que coinciden es que estos tres últimos años están siendo muy buenos en sus negocios. Como ejemplo, De Miguel afirma que en 2021 la sala que dirige batió su récord de facturación, antes de afirmar que “los lotes buenos siempre se venden”.

“Cuando hay inflación, la gente lo que quiere son cosas tangibles. El dinero en el banco no les da nada, y se compran una joya o un cuadro. Por lo menos, lo disfrutan y el día de mañana lo venden”, añade, resaltando el papel de las obras de arte como un valor refugio en épocas de incertidumbre. “Lo bueno que está ocurriendo es que se vende lo más caro, las piezas más importantes. Y las menores, que suelen ser grabados o dibujos, por ejemplo, son las que se quedan sin vender, porque de esas hay más productividad”, asegura por su parte Leahy, antes de afirmar que “la gente tenía muchas ganas de consumir después del coronavirus. Quizá ha conseguido ahorrar. Y no es solo un refugio económico, es también el querer rodearse de cosas buenas y elegantes”. Como las dos esculturas en mármol blanco sobre peana con decoración floral que salen a subasta en un lote por 200 euros. Paletas arriba en la sala, ofertas por teléfono, y poco a poco la puja sube hasta alcanzar los 1.300 euros. Adjudicado.

 

Una pieza menor de un artista prolífico

Aunque las motivaciones de los compradores pueden ser muy diversas para no pujar, en el caso de Aparición de la Virgen del Pilar al apóstol Santiago y sus discípulos, de Goya, quizá influya que es una “obra menor de un artista muy prolífico”, como asegura Miguel Ángel Cajigal Vera, historiador del arte y comisario de exposiciones, más conocido como El Barroquista, su nombre en redes sociales, donde se dedica a la divulgación cultural. Además, se da la circunstancia de que Goya “es un artista que está especialmente bien representado en los museos públicos españoles”, en palabras de Cajigal, lo que explicaría que, como afirman desde el Ministerio de Cultura, ninguna Administración estuviera interesada. Dos semanas después, Bautismo de Cristo, del mismo autor, se vendió en Alabarte Subastas por 3 millones.

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