La obligación de construir el porvenir frente a la incertidumbre

Una demanda persistente es el impulso a la industria y la flexibilidad en el empleo

Antonio Garamendi, presidente de CEOE.
Antonio Garamendi, presidente de CEOE.

La incertidumbre preside en estos momentos las economías, desde el plano internacional al nacional. Las inercias de la pandemia, el impacto de la dramática y esperemos que breve guerra de Ucrania, que ha llegado para remover hasta el tablero geopolítico, y otras corrientes de fondo, como son los procesos demográficos o el reto medioambiental, hacen que, a día de hoy, cualquier pronóstico económico esté sujeto a una elevada volatilidad. Más aún, apenas podemos vislumbrar sin temor a equivocarnos cuáles serán los centros de poder en las próximas décadas. Sabemos, en todo caso, que la economía del futuro habrá de ser sostenible, respetuosa con el medio ambiente, más humana y tecnológica.

Sin embargo, la oportunidad que nos ofrece la página en blanco es, precisamente, la de poder escribir. Por ello, nuestro ejercicio, más que tratar de predecir cuál será la economía del futuro, bien podría ser desde este momento el de asumir la responsabilidad de construirla de acuerdo con lo que a día de hoy debe ser, para los intereses de nuestras empresas, trabajadores y de la sociedad en general, un entramado económico más basado en el conocimiento, la innovación, la sostenibilidad y, por ello, un sistema más productivo y competitivo. Cuestiones estas que necesariamente son compatibles e incluso palancas para un empleo inclusivo, con mayor valor añadido y de calidad.

Son demandas persistentes de CEOE un mayor impulso de la industria, una mayor flexibilidad en los procesos, en el empleo; un mayor apoyo a la empresa, como motor de actividad y de innovación, a través de una fiscalidad que favorezca la creación y crecimiento de las compañías; y también, como clave de bóveda, una consolidación fiscal que permita a la economía española emplear su potencial en avanzar en lugar de cubrir costes sobrevenidos a partir de políticas económicas mal planificadas.

Si bien, con tener un punto de partida y un destino claros no es suficiente. Lo que requiere el momento actual para ganar el futuro es el diseño de puentes eficaces que nos permitan ganar de forma acelerada cotas de competitividad. Y estas son dos fundamentalmente: la digitalización de la economía y, de la mano de este proceso, la formación del talento, desde aquellos que están en este momento a punto de incorporarse al mercado de trabajo como desde la óptica de la formación continua.

Debemos diseñar puentes que nos permitan ganar competitividad de forma acelerada

Son dos vectores en los que tenemos que enfocar nuestro empeño puesto que aquellas economías que mejor jueguen sus bazas en esta crisis, especialmente compleja para Europa, lograrán salir de ella con ventajas competitivas. Es decir, que si hace un año señalábamos, a propósito del reparto de los fondos Next Generation EU, que se trataba de una oportunidad sin precedentes para acelerar el proceso de conversión de la economía española hacia otra más puntera y productiva, esta ventana de posibilidades se hace ahora más evidente, si cabe.

En estos momentos, el problema es que las empresas españolas aún no están aprovechando de ­manera eficiente las nuevas tecnologías y ámbitos como la inteligencia artificial, los macrodatos, el cloud, etcétera.

Con datos de la Comisión Europea, en torno al 62% de las pymes españolas tiene, al menos, un nivel básico de intensidad digital y solo el 22% utiliza servicios en la nube. Son muestras de que el tejido empresarial ha incorporado la tecnología en sus procesos diarios al nivel de la media europea, pero lejos de países que lideran este indicador.

En este caso, con cargo a los fondos europeos, contamos con una herramienta denominada Kit Digital, llamada a digitalizar a cientos de miles de pymes. Sin embargo, queda pendiente de resolver un desajuste creciente entre demanda y oferta de empleo, el de cientos de miles de vacantes en este caso que están quedando sin cubrir en diferentes sectores económicos por no encontrar perfiles adecuados a los nuevos requerimientos. El ámbito de la ciberseguridad es uno de ellos. En este sentido, antes de preguntarnos qué pasará hemos de cuestionarnos qué queremos que pase. Y hacerlo. Las empresas ya hemos iniciado ese camino.

Antonio Garamendi es presidente de CEOE

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