El cortoplacismo del ‘private equity’ tiene un coste creciente

La volatilidad del mercado y el gran tamaño del sector hacen que Blackstone, KKR y otros tengan que venderse cada vez más activos entre sí, e incluso a sí mismos

Sede de Blackstone, en Manhattan, Nueva York (EE UU).
Sede de Blackstone, en Manhattan, Nueva York (EE UU). reuters

Las operaciones de private equity se están volviendo demasiado incestuosas. La volatilidad del mercado y el gran tamaño del sector hacen que Blackstone, KKR y otros tengan que venderse cada vez más activos entre sí, e incluso a sí mismos. Este tiovivo puede generar problemas de gobernanza y costes extra.

La forma de estructurar sus fondos les anima a empezar a deshacerse de las empresas en unos cinco años. Dos de sus vías de salida favoritas –la venta a grandes empresas y las OPV– están difíciles por la debilidad de los mercados.

Es una de las razones por las que los grupos están vendiéndose cada vez más activos entre sí. Según PitchBook, estas operaciones fueron el 64% de las salidas de private equity en EE UU en el primer trimestre, frente al 40% de la década anterior. Y en un nuevo giro, los gestores también están conservando empresas, vendiéndolas a un nuevo vehículo controlado por ellos, a veces respaldado por los mismos inversores. Los llamados fondos de continuación se duplicaron en 2021 hasta los 52.000 millones de dólares, según Lazard.

Ninguna de estas opciones es ideal para inversores como los fondos de pensiones. Pueden poseer participaciones tanto en los fondos compradores como en los vendedores, por lo que terminan con el mismo activo, menos los costes de transacción, que se calcula que pueden suponer el 3% del valor de la empresa.

Hay otro problema con los fondos de continuación: hay menos controles sobre la equidad del precio. Es difícil saber si la empresa está doblando una apuesta ganadora o evitando una pérdida en una mala. También pueden permitir aumentar las comisiones de retorno, por ejemplo, sacando un buen activo de un fondo que probablemente no cumpla sus objetivos de rentabilidad.

Hay una solución sencilla. Los llamados fondos de larga duración, que mantienen los activos durante una década o más, dan la flexibilidad de vender cuando sea el momento adecuado. Según Bain & Company, sus menores costes de transacción pueden duplicar la rentabilidad con el tiempo. Esto da a los inversores de private equity una razón más para impulsar un cambio.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías