A Christine Lagarde le costará hacer un Mario Draghi

Los bonos de la periferia están mejor que en la crisis anterior, pero el contexto económico será más complicado

Christine Lagarde y Mario Draghi, cuando la primera sustituyó al segundo en el BCE, en 2019.
Christine Lagarde y Mario Draghi, cuando la primera sustituyó al segundo en el BCE, en 2019. reuters

A Christine Lagarde le costará hacer un Mario Draghi. Los mercados de bonos de la zona euro se han estabilizado desde que la presidenta del BCE insinuó una nueva herramienta para ayudar a los Gobiernos más débiles. Pero es probable que no sigan así, y cualquier intervención puede no funcionar tan bien como la táctica de triste fama de su predecesor en 2012.

La promesa del BCE de acelerar los planes de una herramienta para luchar contra la llamada fragmentación, la disparidad de los costes de financiación entre los soberanos más fuertes y más débiles de la zona del euro, ya ha ayudado. El diferencial entre los bonos italianos a 10 años y los alemanes se ha reducido a menos del 2% desde el 2,5% de principios de junio. Superficialmente, hay una similitud con el plan de Draghi de hace una década de comprar deuda a través de un nuevo programa: los diferenciales disminuyeron y la herramienta no se utilizó.

Las condiciones del mercado no parecen ahora tan peliagudas como en 2012. Italia se financia a algo menos del 4% a 10 años. La rentabilidad de sus bonos está más o menos en línea con la de los bonos corporativos de vencimiento equivalente con la misma calificación Baa/BBB, y su diferencial con Alemania es inferior a la media de 2013-2015, antes de que se pusiera en marcha el programa de flexibilización cuantitativa, según los datos de Refinitiv.

E incluso las matemáticas de la deuda italiana pueden ayudar a Lagarde a mantenerse firme. Supongamos que el crecimiento del PIB de Roma vuelve con el tiempo a su tasa potencial prevista del 1,4%, y que la inflación cae a alrededor del 2%. Para evitar que su pila de deuda del 147% se infle aún más, Italia solo necesitaría un superávit primario, la posición fiscal antes de los costes de la deuda, de menos del 1%. Eso no está muy lejos de su objetivo del 0,2% para 2025.

Sin embargo, el contexto económico será más complicado. Mientras que en 2012 el BCE estaba relajando su política, ahora tiene que subir los tipos para luchar contra un aumento de la inflación, incluso mientras la economía mundial se deteriora. El riesgo es que los inversores teman que el aumento de los costes de los préstamos y el lento crecimiento socaven los esfuerzos de desapalancamiento de los países, o les obliguen a apretarse el cinturón, algo políticamente desagradable. En Italia, con unas elecciones el año que viene y los euroescépticos Hermanos de Italia a la cabeza de las encuestas, la probidad fiscal y las reformas pueden saltar por la ventana. Un aumento de los tipos hasta el 5% y una tasa de crecimiento de tan solo el 1% harían que el superávit necesario de Italia superara ampliamente el 2%.

La posición del BCE también es más débil. La promesa de comprar bonos de países con problemas corre el riesgo de enfadar a los críticos preocupados por la financiación de los Gobiernos por parte del banco central. Y mientras que el instrumento de Draghi de 2012 exigía que los países pidieran un rescate, el de Lagarde puede tener una condicionalidad más suave, lo que haría que las grandes compras de bonos fueran más controvertidas. Dados los desafíos, es poco probable que Lagarde disfrute de unos mercados dóciles durante mucho tiempo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías