Una abrumadora victoria y el interrogante del cambio de ciclo

La bola de nieve ha empezado a descender por la montaña de los vaivenes de la vida política española e irá cogiendo fuerza en los próximos meses

Histórico resultado de la derecha en Andalucía. Ha doblado el Partido Popular respecto a 2018, con aquellos cortos, cortísimos 26 escaños que a punto estuvieron de costarle la carrera política al hoy victorioso Juanma Moreno, el hombre que en aquel momento apoyó a Soraya Sáenz de Santamaría y no contaba tanto para Pablo Casado cuando Vox facilitó la investidura aún sin entrar en el Gobierno.

Mal resultado para el socialismo, mal resultado para Vox, mal resultado, malísimo para la izquierda y constatación del final absoluto de Ciudadanos. De aquella oleada retórica de regeneracionismo y jóvenes que dieran el relevo a lo clásico y al odre de la vieja política, apenas queda algo.

Hace ya muchos años que el Partido Popular de manos de Javier Arenas llegó a unos 50 escaños que no sirvieron para derrotar a un todopoderoso Chaves y a una maquinaria socialista bien engrasada en la idiosincrasia andaluza. Eran otros tiempos, tiempos que tardarán mucho, si es que algún día ocurre, en volver al socialismo.

El Partido Popular fagocita absolutamente los escaños y votos de Ciudadanos. Pero arrebata cientos de miles de votos socialistas. Vox se estanca, apenas sube, y ese es un mal resultado digan lo que digan; ya no hay ese discurso ilusionante para quienes les votaron cuatro años atrás. Los votos vuelven al PP desde esas dos ramas, pero la defunción de Ciudadanos queda definitivamente certificada. Son 21 escaños, se dice pronto, que se diluyen y desaparecen.

Ha sido una campaña inteligente, de cálcu­lo, de intencionalidades. Un Juanma Moreno que, como otrora Feijóo en Galicia, se presenta sin siglas o apenas siglas, con una fortaleza personalista y creencia en sí mismo total, arrebatando de un lado y de otro miles de votos. Cuatro años en el Gobierno basados en un discurso transversal, amable y con una palabra capital: moderación. Ya no hay miedo a la derecha. Ha gobernado sabiendo contener a Vox.

Pero más allá de la mayoría absoluta por sí misma, hay dos cuestiones capitales: una, la victoria arrolladora y con más de una treintena de escaños a mayores respecto de 2018, y otra, que muchos hoy quieren extrapolar a toda España el tsunami del Partido Popular. Si ha empezado o no el ciclo del cambio que lleve a Núñez Feijóo hacia La Moncloa o allane definitivamente el camino.

La izquierda está inmersa hoy en un laberinto propio de indefinición, desánimo y desencuentro de siglas, de ideas, de proyecto y de rumbo. Muy cuesta arriba, aun presidiendo este semestre la UE, se pone la situación política para Pedro Sánchez. Una izquierda dividida, fragmentada, corre el peligro de no llegar a ciertos umbrales y el riesgo de no reparto eficiente de escaños, que es lo que está ocurriendo en estas elecciones. Tanto Adelante Andalucía como Por Andalucía y, sobre todo, Ciudadanos están por debajo de esa eficiencia de umbrales que la norma electoral acaba penalizando y propulsando al tiempo la mayoría de otros, en este caso el Partido Popular.

Pinchazo de la candidatura de Macarena Olona, solo dos escaños es una pírrica ganancia, más el error de cálculo y de discurso de señalar en campaña que si al PP le falta un escaño no lo apoyarán. Ha sido la torpeza del nerviosismo y la constatación de que se estancan, de que hay techo. Que siempre lo hubo, aunque no lo hayamos visto, máxime en Andalucía. Una pésima y errónea campaña sin querer entender lo que es Andalucía y jugando a ser más andaluces que los propios andaluces tiene un altísimo coste. Pero es peor la lectura a nivel nacional, aunque tampoco les interese extrapolarlo. Tal vez, quién sabe, Santiago Abascal no será invitado necesario en la noche electoral monclovita. Todo está en juego.

Al socialismo ya no le vale cualquier excusa. Ni salvar muebles ni salvar a Sánchez. Todos sabían que el socialismo está en retroceso y no moviliza ni ilusiona. Tiempos pretéritos que ya no valen. Hace cuatro años la derecha de Moreno con 26 escaños mordía polvo en la noche electoral, pero sirvió para la coalición. Está claro que en España las coaliciones fagocitan absolutamente al segundo. Lo aniquilan.

La bola de nieve ha empezado a descender por la montaña de los vaivenes de la vida política española. E irá cogiendo fuerza en los próximos meses. La situación económica no mejora ni se percibe esa mejora, ni se crece como se había dicho. El coste de vida y la carestía, la división del Gobierno, las contradicciones, los errores, la falta de agenda exterior, es la peor de las radiografías que hoy el ciudadano percibe.

Mayoría absoluta apoteósica del Partido Popular. Los otroras bastiones absolutos del socialismo, como Sevilla o Dos Hermanas, giran, basculan. Lo venían insinuando las encuestas, pero no se quería creer por tirios y troyanos. Sobre todo, por no desanimar o desmotivar la movilización. Debacle absoluta de Ciudadanos. Comido y engullido arrolladoramente por el Partido Popular. Aquí está una de las grandes claves. Es cierto que el socialismo en 2018 ganó con 33 escaños aquellas elecciones, pero ahora con 32 está perdido. Así es la política, así son las elecciones. Votos socialistas también han ido al Partido Popular. Sabremos en su momento el quantum de la transferencia de votos. La bandera de Andalucía ya no es socialista. Ha cambiado. Hoy el andalucismo moderado tiene otra transversalidad.

Andalucía aventura cambio de ciclo. Lo empieza a certificar. En menos de un año habrá generales legislativas. Sánchez tiene muy difícil aguantar hasta final de 2023. Nada hay peor que la percepción general y constatada en la opinión pública. O que alguien deje de ser necesario o quizá preciso. Le ha sucedido a Ciudadanos tras los errores garrafales de la vieja cúpula.

La estrategia ha funcionado. Se ha seleccionado por el PP muy bien dónde había que incidir, dónde había que ir, qué ciudades y pueblos había que visitar, y dividir la presencia Moreno/Feijóo. Y la decisión de Vox de no entrar en 2018 en el Gobierno, un craso error que hoy es un regalo para Moreno. Más barón que nunca. El principal.

Con Andalucía la presión ahora empieza en Génova.

Abel Veiga es Profesor y decano de la Facultad de Derecho de Comillas Icade