El dinero o la vida, el problema de los alemanes con la economía

La inflación y el endeudamiento provocan temor en Alemania: es parte del trauma sufrido tras la Primera Guerra Mundial y divide la sociedad del país

La carne de ternera debería ser cinco veces más cara“. Quien provoca con estas palabras cuando la inflación (7,9% en mayo) es la más alta desde hace 50 años es Marcel Fratzscher, uno de los grandes pensadores económicos de Alemania. Presidente del DIW (el Instituto de Investigación Económica de Berlín), Fratzscher explica habitualmente a la opinión pública cuáles son las debilidades del sistema económico alemán y propone alternativas. Acaba de publicar Geld oder Leben (eBook Berlin Verlag, 2022), El dinero o la vida, un libro en el que explica por qué un país tan rico como Alemania registra tanta desigualdad social. Considera que es el momento de que intervenga el Estado, reformando el sistema social con el fin de brindar más oportunidades de una forma proactiva. El catedrático de Macroeconomía de la Universidad Humboldt de Berlín opina que la relación irracional con el dinero divide la sociedad. Un ejemplo es el miedo de los alemanes a la inflación y el endeudamiento. Un miedo que la guerra y la pandemia han acentuado. Y tenemos inflación para rato.

“Vamos a sufrir mucha inflación durante los próximos años. Es el resultado directo de la subida de precios energéticos. La inflación provoca miedo en Alemania, donde apenas hay un tema que se debata tan emocionalmente como el dinero y el endeudamiento”. Pero, continúa, “el problema no son los elevados o los crecientes precios, sino los ingresos insuficientes y los pocos mecanismos de protección para la población más vulnerable”. Según Fratzs­cher, la subida de precios de la carne y de los productos lácteos es inevitable y necesaria porque los precios actuales de los alimentos no reflejan los costes para la salud, el clima y el medio ambiente del consumo excesivo de carne. Los precios subirán porque la producción no es sostenible.

La lógica de la economía de mercado es que los precios reflejen los costes para que se repartan razonable y sosteniblemente los recursos escasos como la tierra, la fuerza de trabajo y el capital. Apela a la política para apoyar este cambio en la política agrícola y ganadera y garantizar la transparencia para el consumidor. Fratzs­cher habla de inflación social porque es la población más pobre la que más sufre la subida de precios de la energía y de los alimentos. Y reclama que en lugar de limitar los precios de la gasolina (lo que no permite apreciar el valor real de la energía) se ayude directamente a los hogares con menores ingresos.

En Alemania hay 950 supermercados sociales. Son los llamados tafel. La inflación ha provocado tal demanda de productos baratos que los grandes almacenes sociales están al límite. Tafel es una organización benéfica, financiada mediante donaciones, que recoge alimentos, ropa, electrodomésticos y muebles sobrantes y los distribuye por los supermercados, ofreciéndolos gratuitamente o vendiéndolos a precios bajos. La cantidad media que paga el cliente por comida para una semana es de 3 euros. El dilema actual es que la demanda aumenta por la guerra y la inflación, pero los donativos han caído en picado por la mayor eficacia con la que operan los negocios que donaban hasta ahora los restos sobrantes del día.

La inflación duele mucho en Alemania. Forma parte del trauma colectivo sufrido tras la Primera Guerra Mundial. Aunque la crisis actual no tenga paralelismos con la hiperinflación de 1923, “aumenta la lucha de intereses entre grupos sociales, entre empresarios y trabajadores, propietarios e inquilinos, etc.”, afirma Martin H. Geyer, el prestigioso catedrático de Historia de la Universidad de Múnich. Geyer opina, como Fratzscher, que se trata de una inflación endémica por los precios de la energía, la falta de materias primas y el exceso de demanda tras la pandemia. Los detonantes han sido la guerra en Ucrania y el lockdown en China. El Gobierno apenas puede luchar solo contra ello. Fratzscher: “Tampoco el BCE puede hacer mucho. Solo debería intervenir si la gente sale y consume sin fin. Pero ante la actual crisis de oferta poco se puede hacer”. El objetivo inmediato del BCE es luchar contra la inflación sin provocar una recesión. Por ahora subirá un 0,25% los tipos en julio y no descarta un 0,5% en septiembre.

La inflación está impactando mucho en Alemania, donde muchos no tienen nada. Y eso en un país rico. La clave para entenderlo: la desigualdad de oportunidades. Apenas hay un país de la OCDE donde dependa tanto el futuro de un niño de la economía de sus padres. Según Fratzscher, esa es la razón principal de la desigualdad y su mayor crítica a la economía social de mercado de Alemania. Pero eso no es todo. El dinero está mal repartido. En Alemania hay mucho patrimonio en pocas manos. También ahorra mucho; pero lo ahorrado está muy desigualmente distribuido. El 10% tiene el 70% del patrimonio. El 40% no tiene nada ahorrado, ni tampoco patrimonio: ni dinero, ni acciones, ni inmuebles, ni coche. Y el 10% está endeudado porque no tiene absolutamente nada. Por otro lado, Alemania penaliza fiscalmente el trabajo, pero no el patrimonio heredado. ¿De dónde viene esto? “De nuestra moral: ahorrar es bueno; endeudarse, malo. Esa lógica implica que no se quiera que el Estado intervenga en lo ahorrado. Por eso se penaliza apenas el patrimonio; pero se penaliza fiscalmente mucho el trabajo, pagando muchos impuestos. Es perjudicial. No solo es injusto, sino negativo para la economía”, opina Fratzscher, quien entre 2008 y 2013 dirigió el departamento de Análisis de Política Económica Internacional del BCE en Fráncfort.

Alemania deberá gastarse más dinero en inversiones de calidad, por ejemplo en energías renovables para independizarse del gas ruso. Se trata de invertir para vivir mejor en el futuro. Por eso, “el freno a la deuda pública no se podrá mantener“, advierte Fratzscher. El presidente del DIW teme que se estén infravalorando dos riesgos, la escalada bélica y la ola de la pandemia del próximo otoño. La inflación va a ir a más por la guerra y porque, aunque Rusia no tenga gran relevancia en los mercados internacionales, es sistémicamente importante por sus materias primas y por el suministro de energía. El Estado alemán deberá reaccionar.

Para Fratzscher, lo relevante no es tanto el endeudamiento como lo que hace el Estado con el dinero que toma prestado. “Incluso en países altamente endeudados como Italia o España los tipos medios de interés son tan reducidos que los costes de financiación resultan todavía los más bajos en los últimos decenios”. Otros factores relevantes para determinar el sostenimiento de la deuda pública son la demografía y la estructura del sistema social (Alemania envejece rápido en un Estado social grande) y el crecimiento económico… No obstante, el investigador del DIW rechaza tanto la moderna teoría monetaria (MMT), a favor de que el Estado se endeude ilimitadamente, como la política de austeridad de 2010 en Europa. Le preocupa mucho una posible recesión en China, “lo que machacaría las economías alemana y europea”. Y considera que el gran error cometido por Alemania es la asimetría de su dependencia respecto a China y Rusia. Corregir esa dependencia le resultará muy caro y doloroso.

Lidia Conde es Analista de economía alemana