Los hoteles no encuentran trabajadores para la mejor temporada alta de su historia

La renuncia al trabajo, el trasvase a la hostelería y la carestía de la vivienda dificultan la contratación de personal

Un camarero atiende a dos clientes en un hotel de Riu en Baleares
Un camarero atiende a dos clientes en un hotel de Riu en Baleares

Las grandes cadenas hoteleras se preparan para un verano excepcional en ocupación y precios. Desde que los efectos de la variante Ómicron desaparecieron a finales de febrero, el turismo nacional, el gran soporte de la industria en los dos años de pandemia, no ha dejado de crecer y el turismo extranjero, especialmente el europeo, ha regresado con fuerza una vez levantadas las restricciones y recuperada la conectividad aérea. Las reservas que se acumulan en los departamentos de contratación apuntan a una temporada alta con cifras similares a las de 2019 y las empresas se han puesto a reforzar las plantillas para hacer frente a esa avalancha de demanda.

Lo que no esperaban eran las dificultades que están encontrando para cubrir puestos básicos en los hoteles como cocinero, camarero o recepcionista. Meliá, la primera hotelera española, lanzó a principios de febrero una campaña para contratar a 2.000 personas para todo el año, 1.200 de ellas en Baleares. Fuentes de la compañía precisan que cuatro meses y medio todavía no se ha cerrado y que la contratación se ha acelerado con fuerza gracias en gran medida a la oferta de alojamiento y pensión completa en destinos críticos para lograr trabajadores, como Ibiza, Menorca, Calviá o Benidorm. Detrás de esas dificultades se encuentra la carestía de la vivienda, que en muchos casos disuade al trabajador de aceptar el empleo porque el coste del alquiler se equipara o incluso es superior al del salario.

Meliá ha ofrecido alojamiento y pensión completa en algunos destinos de Baleares y en Benidorm

Por su limitación geográfica, Baleares es el mayor exponente de esas dificultades para encontrar un alquiler asequible y las distintas administraciones han sido pioneras en tratar de corregir esos problemas. En 2018, el Ayuntamiento de Palma aprobó un norma que limitaba los alquileres turísticos en viviendas unifamiliares, con el fin de liberar oferta y reducir precios. Una norma que fue tumbada por el Tribunal Superior de Justicia de Baleares solo un año después. El pasado mes de febrero, el gobierno balear aprobó una moratoria para nuevas plazas de alojamiento turístico para los próximos cuatro años con el mismo propósito.

Barceló también está sufriendo este fenómeno y lo achaca, entre otros factores, a la carestía de la vivienda. En ese contexto, la segunda hotelera española reconoce que ha procedido a una redistribución de los equipos y a impulsar la digitalización, “para liberar personal y destinarlo donde más se necesita”. De hecho aseguran que se han puesto en marcha nuevas medidas para atraer nuevos profesionales y retener el talento. “Hemos participado en ferias y hemos visitado escuelas de turismo, optimizado la selección en las principales plataformas digitales de búsqueda de empleo y estamos animando a nuestros empleados a atraer a la empresa a amigos y familiares poniendo en valor los beneficios y la estabilidad que ofrece una compañía como Barceló con 90 años de historia”, recalcan desde la hotelera.

Barceló ha reorganizado todos sus departamentos “para liberar personal y destinarlo donde más se necesita”

“Hay tensión en las plantillas y es un problema de difícil solución porque se ha producido justamente después de la pandemia. Ahora se están haciendo más horas extra y las jornadas se están alargando en determinados departamentos”, aseguran desde la cadena hotelera RIU, que achaca el nuevo fenómeno a la conjunción de tres factores: la renuncia de muchos trabajadores a seguir trabajando, el hastío de muchos trabajadores en un sector que solo ofrece empleo por temporadas y el trasvase a la hostelería, con condiciones de mayor estabilidad y con posibilidades de ganar más dinero.

La Alianza Hotelera prueba a atraer empleo con contratos indefinidos

La Alianza Hotelera, una organización formada por 16 cadenas que suman 165 hoteles y 17.021 habitaciones, ha puesto en marcha un plan piloto para contratar a 229 trabajadores en Latinoamérica con carácter inmediato e indefinido. “Que los trabajadores del sector turístico tengan que contar con un contrato fijo discontínuo es un anacronismo. Pagar a alguien por su inactividad y subvencionar el puesto de trabajo es algo nefasto”, recalca Fernando Gallardo, secretario de la Alianza Hotelera. En su opinión, el problema no reside en la estacionalidad ligada al turismo, si no en la excesiva atomización del sector. “Hay muchas empresas y casi todas muy pequeñas, lo que las hace poco competitivas”.

Gallardo recalca que el problema no tiene nada que ver con salarios bajos y sí con la posibilidad de ofrecer un empleo estable y con un valor social que ahora mismo está devaluado. Y pone en valor el plan piloto para contratar a 229 trabajadores en Latinoamérica, con carácter inmediato e indefinido. “Ya no será trabajo estacional, si no que los trabajadores se irán repartiendo entre los 165 hoteles a lo largo del año en función de la demanda y se les garantizará un empleo sin interrupciones”.

A medio y largo plazo, la organización quiere impulsar un debate sobre la necesidad de automatizar procesos en distintas profesiones turísticas. “Son trabajos de tan poco valor y con unas remuneraciones tan bajas que conviene automatizarlos”.

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