Un país con una elevada tasa de paro y dificultades para contratar

Aunque en España no se ha producido el fenómeno de abandono masivo de puestos de trabajo que en EEUU se ha bautizado como la Gran Dimisión, la recuperación económica tras la crisis sanitaria ha llegado acompañada de desajustes entre oferta y demanda en el mercado laboral, los cuales se han agravado en los últimos meses. Desde las empresas se alerta de que falta mano de obra cualificada para algunos sectores –algunos cálculos cifran ese déficit en más de 100.000 vacantes–, un problema que ha llevado a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, a convocar a la patronal y los sindicatos para analizar los motivos de este desajuste, que se agudiza de forma periódica, pero que resulta especialmente lacerante en una coyuntura de recuperación como la actual. También se han registrado, por ejemplo, problemas serios en el sector del transporte, con un déficit de conductores que en Europa alcanza las 400.000 vacantes y que ha acentuado las tensiones que sufren las cadenas de suministro global.

La fuerte recuperación del turismo extranjero en España, unida a la revitalización del nacional, ha provocado un aumento de la oferta laboral en el sector, especialmente por parte de las grandes hoteleras, las cuales se están encontrando con dificultades para obtener una respuesta satisfactoria. Las compañías no logran cubrir puestos básicos en los hoteles como cocinero, camarero o recepcionista, más aún en importantes plazas turísticas como Ibiza, Menorca, Calviá o Benidorm, hasta el punto de que algunas cadenas, como es el caso de Meliá, ofrecen no solo sueldo, sino también alojamiento y pensión completa para atraer candidatos.

Desde el sector se achaca buena parte del problema al elevado precio de las viviendas de alquiler en esas plazas, que en algunos casos supera el salario del puesto ofertado, como ocurre en Baleares, y desincentiva a los candidatos de otros territorios del país. También las propias características del empleo en la hostelería, de carácter estacional, poco estable y en ocasiones no lo suficientemente valorado socialmente, explican este déficit, unas circunstancias que, en el caso de los pequeños establecimientos, se suman a salarios poco competitivos. A todo ello hay que unir un sistema de protección social del desempleo cuya amplia cobertura desincentiva en ocasiones la búsqueda de trabajo, como también, en el caso del paro juvenil, un exceso de proteccionismo familiar que no siempre estimula el deseo de independencia económica y la búsqueda de empleo, algo paradójico en un país con más de tres millones de parados.