La atención primaria, clave contra el lupus

La mitad de los pacientes sufre daños graves en los cinco primeros años

La enfermedad se puede controlar si se detecta a tiempo

Lupus
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Es el equivalente biológico a una sedición. Las fuerzas armadas del organismo humano se rebelan contra el sistema que están llamadas a defender y lo atacan de forma episódica, a veces con escaramuzas, otras con auténticos golpes de Estado. Es el lupus eritematoso sistémico, una enfermedad reumática que afecta a más de 75.000 adultos en España, según el último estudio de prevalencia realizado por la Sociedad Española de Reumatología (SER) en 2016.

La revuelta del sistema inmunitario genera un exceso de anticuerpos que inflama y daña las articulaciones, los músculos y otros órganos. Las manifestaciones son muy variadas, aunque las más comunes (y visibles) son el enrojecimiento de las mejillas y la aparición de bultos en dedos, muñecas o tobillos, síntomas que suelen ir acompañados de dolor, cansancio o fiebre. Es eritematoso por las manchas en la cara y sistémico porque puede afectar a cualquier órgano.

“La afectación cambia en cada paciente, así como la gravedad del proceso, lo que la convierte en una dolencia muy heterogénea”, explica Íñigo Rúa-Figueroa, portavoz de la SER y reumatólogo en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. “De momento, estamos ante una enfermedad crónica, pero, aunque no se vislumbra una cura, se han producido notables avances en su control y en la reducción de sus secuelas y de las complicaciones asociadas a ella o a sus medicamentos”, destaca.

La forma más efectiva que ha encontrado la ciencia de aplacar la rebelión de las células es cortar sus líneas de comunicación. Así, las terapias más avanzadas son las dirigidas, aquellas que liberan moléculas capaces de inmovilizar de forma selectiva a las citocinas, proteínas responsables de enviar la señal de alarma al sistema inmunitario cuando detectan una amenaza. “Son fármacos de diseño, con menos efectos adversos, obtenidos algunos de ellos a partir de sofisticados procedimientos de bioingeniería”, precisa Rúa-Figueroa.

El médico agrega que también se han producido grandes avances en las estrategias terapéuticas, que tienden a combinar de forma más racional el uso de los distintos fármacos disponibles. “Esto incluye minimizar el recurso a los glucocorticoides que, aunque siguen siendo muy necesarios para el control de los brotes, su empleo a dosis excesivas o durante períodos prolongados, termina produciendo más problemas que beneficios”, advierte.

GSK, Novartis y AstraZeneca son algunos de los laboratorios que han desarrollado medicamentos específicos para el lupus. Hace 11 años, GSK sacó Benlysta, un fármaco biológico indicado para niños y adultos que, a pesar de recibir la medicación estándar (normalmente hidroxicloroquina y metrotexato), presentan cuadros moderados o graves que incluyen inflamación de los riñones. “Casi el 40% de los pacientes sufre afectación renal”, apunta Rafael Curbelo, director médico de GSK España.

Benlysta, que subvenciona el sistema nacional de salud, se administra por vía intravenosa o subcutánea como un complemento del tratamiento base.

Calidad de vida

Novartis trabaja en cinco líneas de investigación dirigidas a minimizar los brotes y a mejorar la calidad de vida de los pacientes. Las tres más avanzadas están centradas en la aplicación de dos terapias biológicas distintas tanto para el lupus como para la nefritis lúpica. Para una de ellas ya tiene un ensayo en fase tres en marcha. Las más incipientes son una terapia biológica y un inhibidor de síntesis química.

La apuesta de AstraZeneca contra el lupus es Anifrolumab, una proteína artificial desarrollada por la biotecnológica MedImmune que el grupo adquirió en 2007 por 11.250 millones. El Anifrolumab bloquea la acción de los centinelas que activan las alarmas del sistema inmunitario y desencadenan las inflamaciones. El tratamiento permite minimizar el uso de corticoides orales mientras se controla el brote.

Dado que hasta el 50% de los pacientes puede sufrir daño orgánico dentro de los cinco años posteriores al diagnóstico y hasta un 40% dentro del primer año, según Tarek Salman, especialista del Hospital del Mar de Barcelona, el lupus no es mortal si se trata a tiempo. Por eso, “la clave está en la atención primaria”, dice Curbelo.

El problema es que por la diversidad de síntomas que presenta, es una patología difícil de detectar y fácil de confundir con otras como la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple. Aunque los médicos de cabecera “son cada vez más conscientes de la enfermedad y han mejorado su conocimiento y habilidades para reconocerla”, Rúa-Figueroa reconoce que “hay todavía mucho que mejorar en lo que se refiere a derivación precoz a los expertos”.

Grupos de investigación

El reumatólogo destaca que en España hay varios grupos trabajando en múltiples líneas de investigación, varios de ellos multicéntricos. Así, por ejemplo, señala que gracias a grupos como RelesSER, el registro de lupus de la SER, que involucra a más de 40 hospitales e incluye más de 4.000 pacientes, se ha conseguido tener un conocimiento muy preciso de cómo es el lupus, cuáles son sus complicaciones en la sociedad española y cuál es su pronóstico.

"Desde centros individuales se viene aportando también información relevante, como puede ser la procedente del grupo del Hospital de Cruces, sobre la optimización del uso de glucocorticoides. Hay algunos grupos trabajando en experimentación básica, usando modelos animales de la enfermedad, así como buscando variantes genéticas que predisponen a padecer lupus", indica.

También se investiga en España con nuevas herramientas como metabolómica o proteómica, que son análisis masivos de proteínas celulares o del metabolismo celular, buscando marcadores del estado de la enfermedad o predictores de respuesta a una u otra terapia. "A nivel internacional se ha producido una explosión de ensayos clínicos con nuevas terapias, en los que varios centros españoles participan o han participado, como el Belimumab, el Anifrolumab, la Voclosporina o el Obinutuzumab, por citar algunas", resalta.

Dolor y fatiga sin motivo aparente, primeras señales de alarma

La humanidad lleva siglos conviviendo con el lobo (significado de lupus en latín), sin embargo, aún hoy es un trastorno poco conocido, razón por la cual en 2004 reumatólogos reunidos en Nueva York instituyeron el 10 de mayo como el Día Mundial del Lupus.

¿Cómo detectarlo a tiempo? El primer aviso, dice Íñigo Rúa-Figueroa, de la SER, es la aparición secuencial de síntomas que no tienen una explicación obvia, que pueden ser no-específicos, pero que, reunidos, van conformando un cuadro clínico sospechoso de lupus, por ejemplo, fiebre, mucho cansancio inmotivado, lesiones en la piel, sobre todo en zonas expuestas al sol, así como dolores articulares que persisten en reposo y se acompañan de hinchazón.

En España hay al menos 14 asociaciones de pacientes, pero la principal es Felupus, que cuenta incluso con un comité de asesores científicos. En la web de esta federación se puede encontar mucha información sobre la enfermedad.

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