Musk compra para Tesla un palpitante dolor de cabeza en China

Pekín podría tomar represalias si el nuevo dueño de Twitter no colabora en la represión de los disidentes

Transporte de coches Tesla en su fábrica de Shanghái.
Transporte de coches Tesla en su fábrica de Shanghái. REUTERS

Puede que a Elon Musk no le preocupe ganar dinero con Twitter. No será el primer magnate que apuntala un medio en dificultades en nombre del bien público. Dice que apoya la libertad de expresión, y no hay razón para dudar. Pero, al igual que con la compra del South China Morning Post de Hong Kong por parte de Alibaba, hay muchos riesgos ocultos.

 

Desde que las protestas de Hong Kong provocaron un contraataque masivo del Gobierno chino en las redes sociales foráneas, Twitter ha eliminado cientos de miles de cuentas chinas y ha puesto etiquetas a los tuits de los medios estatales. Dejó de aceptar publicidad de la agencia estatal Xinhua y se negó a colaborar con Pekín. También ofrece a los críticos una plataforma global desde la que arremeter contra el Gobierno. La nueva Ley de Seguridad Nacional persigue explícitamente el discurso sedicioso, incluso en webs foráneas. Twitter, como la mayoría de los medios extranjeros, no ha cooperado.

Servidores, personal y clientes de Twitter están casi fuera del alcance de Xi Jinping. Pero Tesla produce la mitad de sus vehículos en Shanghái, donde disfruta de exenciones fiscales, y depende de proveedores locales para componentes críticos. El mercado chino genera el 25% de sus ventas, como señaló sutilmente el oficialista The Global Times tras el anuncio del acuerdo.

Parece probable que la red social, con su nuevo dueño, relaje las prohibiciones sobre política. Trump podría recuperar su cuenta. Pekín también presionará a Musk para que afloje respecto a su ejército de propaganda, pero es poco probable que se quede ahí. Las autoridades comunistas no comparten los valores de libertad de expresión de Musk y saben cómo apretar. Si le invitan a tomar el té para hablar de las noticias falsas difundidas por los disidentes en el extranjero, y no capta la indirecta, su negocio en el país puede encontrarse de repente con el agua al cuello por la regulación. Pero si coopera, será el Congreso de EE UU el siguiente en llamarle.

A diferencia de Twitter, Tesla es muy rentable. Merece la pena defender la libertad de expresión, pero a los accionistas de la automotriz puede salirles caro un pedazo de altura moral.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías