La digitalización no es un nuevo paradigma, sino un cambio de época histórica

En los países más desarrollados de Asia, el 90% de lo usuarios de servicios bancarios utilizan la banca digital

Impactó más la intervención de Banesto por el Banco de España, hace 30 años, que hoy, el robo de 600 millones de dólares por un grupo de hackers en una plataforma de juegos online, Axie Infinity, que usa blockchain. ¿Por qué? Durante décadas la economía y la empresa vivieron una época somnolienta. En Estados Unidos se vivió algo similar, pero solamente durante la presidencia de Eisenhower, caracterizada por fuerte crecimiento económico. América despertó posteriormente con el asesinato de Kennedy, la lucha por los derechos civiles y la Guerra de Vietnam. EEUU vivió un cambio de época, motivado por la aparición de las tecnologías de la información: en los años setenta, ochenta y noventa, las TIC transformaron radicalmente la economía, la empresa, la sociedad norteamericana.

Al mismo tiempo, en EEUU, el economista Robert Solow demostraba que las tecnologías de la información aplicadas a la empresa, aumentaban la productividad. Por este motivo, le otorgaron el premio Nobel de Economía. Detrás de Solow, vinieron Michael Spence y Paul Romer, también laureados, que midieron lo mismo, pero con las tecnologías de la movilidad, el primero, y las de la digitalización, el segundo.

Hoy, los informes anuales de la OCDE que miden el impacto de las TIC en las empresas dicen que “su utilización intensiva e integrada en los procesos de la empresa aumentan su productividad un 20% y la competitividad un 30%”. Treinta años después de la intervención de Banesto, casi todos los hogares españoles tienen un ordenador o varios en casa; la penetración de smartphones es de las más altas del mundo y los niños españoles son nativos digitales. La transformación de la económica española en ese período ha sido épica. Y eso que no hemos hecho sino empezar, porque aún estamos esperando los 70.000 millones de fondos europeos para la recuperación, que irán a parar a la digitalización de la economía y la transformación digital empresarial y del sector público.

En los países más desarrollados de Asia, según McKinsey, el 90% de lo usuarios de servicios bancarios utilizan la banca digital y, de ellos, 30% apuesta por las oficinas bancarias en un contexto de omnicanalidad (libertad de elección entre varios canales), calidad de servicio y excelencia en la atención al cliente. Y la tendencia es imparable con la aparición de blockchain, criptomonedas, fintech y plataformas digitales, donde las BigTech ejercen el liderazgo (Apple, Amazon, Google, Meta y Microsoft), conviviendo todavía con plataformas tradicionales como Visa y American Express. Los servicios financieros, los bancos, tienen la oportunidad de reinventarse si, como CaixaBank, apuestan por la omnicanalidad y la excelencia en la atención al cliente en oficina. Lo cual no es incompatible con que ese mismo banco español ofrezca en el metaverso un concierto en vivo, de un grupo de pop, para 3,7 millones de clientes jóvenes.

Estos acontecimientos, que dejan la impactante intervención de Banesto en la prehistoria de la economía española, hoy, son parte del día a día; no son esa aberrante expresión desprovista de sentido que algunos denominan cambio de paradigma. Lo que ha habido es un cambio de época: de la computación a la digitalización en tres décadas.

La aceleración del cambio, hasta dejarnos atrás y tener que ser nosotros los que corramos para ponernos al día, es un hecho indiscutible. La Ley Moore, por la que la capacidad de procesamiento se doblaba cada 18 meses, mejor expresada por uno de los fundadores de Intel, Gordon Moore, ya ha sido superada por la computación cuántica: en 2017 hablábamos de futuras aplicaciones prácticas de quantum, que en 2022 ya son realidad: aplican a ciberseguridad, inteligencia artificial y machine learning, robótica, conectividad, internet de las cosas, edge computing, blockchain, big data, industria inteligente 4.0, transformación digital, Web.3 y metaverso.

Todo ello junto y mucho más, ha dado lugar a dos tendencias clave: la tecnología ha dejado de ser un coste para hacer negocio y se ha convertido en potente ventaja competitiva del negocio (Michael Porter); y la convergencia de las tecnologías de la digitalización, por analogía, similar a la conjunción de tecnologías que hacen posible que un cohete despegue hacia la luna o hacia marte. El cohete que surge de la convergencia de las tecnologías de la digitalización es mucho más potente que los que salen de Cabo Cañaveral (Florida).

Un ejemplo es el metaverso, del que Citi ha hecho un estudio que predice que en 2025 alcanzará un valor económico de 13 billones de dólares, equivalente al PIB de China. Wendy’s y Chipotle, en restauración, hacen experimentos en el metaverso; Nike, Adidas, Estée Lauder, Forever 21, DKNY, en el Metaverse Fashion Week; por supuesto, las compañías de videojuegos, que añaden realidad virtual y aumentada, aunque eso es nada, comparado con lo que preparan Meta (Facebook) y Microsoft, Apple, Amazon y Google.

El 5G será necesario al principio. El retail y la industria, que han pasado por todos los formatos imaginables, se zambullirán en el metaverso, donde criptoactivos y NFTs reinarán. En el metaverso, Gucci ha vendido una tiara virtual por 300.000 euros. Obviamente, la compradora no se la puede poner en la vida física, real. Lo hará su avatar en el metaverso. Real State, el mercado inmobiliario, vive un segundo boom, desde la burbuja de las hipotecas subprime de 2006-2009 y, por muchos millones, se compra y vende “tierra digital en el metaverso”.

Hoy parece locura. En breve, veremos un cambio de época, como cuando pasamos de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea.

 

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants, autor de 'El New Deal de Biden-Harris'