La reducción del daño pide paso en la lucha contra el tabaquismo

Algunos países utilizan ya esta vía como una estrategia de salud pública. Lo hacen centrándose en aquellos fumadores que no pueden o no quieren dejar de fumar. El consumo de tabaco en España se ha estancado en los últimos años

Borja Smith, director general de BioInnova Consulting; Beatriz Rodríguez, propietaria de un estanco en la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes, y Verónica Martín, sumiller y consumidora habitual de cigarrillos electrónicos.
Borja Smith, director general de BioInnova Consulting; Beatriz Rodríguez, propietaria de un estanco en la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes, y Verónica Martín, sumiller y consumidora habitual de cigarrillos electrónicos.

La lucha contra el tabaquismo en España se enfrenta desde hace años a la barrera del 30%. Ese tope se ha convertido en una frontera infranqueable. En torno a ella oscila el porcentaje de personas que han fumado diariamente en los últimos 30 días en nuestro país: el 31,8% en 2009, un 30,8% en 2015 y el 32,3% en 2019. Son los datos que se recogen en las distintas ediciones de la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España, Edades, que elabora el Ministerio de Sanidad, siendo la última de ellas la realizada para el periodo 2019-2020.

La encuesta recoge asimismo otros datos que muestran la complejidad y dificultad que supone abandonar este hábito. El 61,6% se ha planteado dejar de fumar, pero solo el 37,2% lo ha intentado. Además, ha aumentado, tanto en hombres como en mujeres, el porcentaje de aquellos que no se plantean dejar de hacerlo, un 40,5% en los primeros (35,2% en 2017) y un 36,8% en las segundas (31,1% en 2017).

Ante esta estabilización en el consumo de tabaco, ha surgido en los últimos años el concepto de la reducción del daño, una estrategia de salud pública que algunos países están ya utilizando junto a la prevención y la cesación en su lucha contra el tabaquismo, centrada en aquellas personas que no pueden o no quieren dejar de fumar.

Se trata de reducir o minimizar el daño asociado con un determinado comportamiento de riesgo, el hábito de fumar, sin tener que eliminarlo necesariamente. Las alternativas usadas en este caso son tres, en concreto, los cigarrillos electrónicos, los dispositivos para tabaco calentado y las bolsitas de nicotina sin tabaco.

Crece el número de mujeres y de hombres que no desean abandonar este hábito

Alrededor de estas ideas se ha centrado el encuentro El tabaquismo sigue siendo un problema de salud pública, organizado por CincoDías.

La aproximación se ha hecho desde una triple perspectiva, en la que se ha sumado la experiencia personal de Verónica Martín, una consumidora habitual de tabaco que hizo el cambio al cigarrillo electrónico y que no está segura de que quiera dejar de fumar; la de Beatriz Rodríguez, propietaria de un estanco en la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes, que conoce bien las dudas, problemas y realidades de sus clientes que se plantean dejar de fumar, y la basada en la experiencia profesional de Borja Smith, director general de la consultora especializada en el sector de la salud BioInnova Consulting.

Punto de partida

Los tres definen con su visión el momento en el que se encuentra el tabaquismo en España. Así, Verónica Martín cree que “hace falta dentro del mundo del tabaco información” para conocer otros productos distintos al cigarrillo tradicional. Beatriz Rodríguez pone el acento en los cambios que se están produciendo, “porque están saliendo muchas alternativas que mucha gente no conoce y que les pueden ayudar”. Y Borja Smith se muestra partidario de contar con “más evidencia para el desarrollo de nuevas políticas”, puesto que “las anteriores están ciertamente estancadas”. En su opinión, “las políticas tradicionales están bien, pero desde el momento en que se produce innovación y existen nuevas tecnologías, nuevos productos y nuevos dispositivos, se necesita generar evidencia apoyada por la Administración pública para tomar las políticas adecuadas de cara a los próximos años”.

El director general de BioInnova señala que hubo una “gran época, en 2005-2018, en que empezaron a establecerse políticas de contención del tabaco que llevaron a dejarlo a uno de cada tres fumadores ”, pero “a partir de 2018 esto se empieza a parar y ahora estamos en un momento de estancamiento, y podemos decir que están llegando a su tope”.

El 61,6% de los fumadores se ha planteado dejarlo, pero solo el 37,2% lo ha intentado

Smith recuerda que España es, junto con Reino Unido, el país europeo que más restricciones tiene en su lucha contra el tabaquismo, y “sin embargo no está teniendo mejores resultados en esta lucha como los que están teniendo otros países menos restrictivos”.

Esta diferencia “nos debe hacer reflexionar y preguntarnos qué es lo que están haciendo ellos que no estamos haciendo nosotros. Y casi todo pasa por un trasvase a otro tipo de productos relacionados con la reducción del daño, el cigarrillo electrónico y otros dispositivos”, afirma.

Otros caminos

Smith cita a Reino Unido, Francia, Canadá o Nueva Zelanda como países que han apostado por estos dispositivos en su batalla contra el tabaquismo.

Así, el Ministerio de Sanidad del Reino Unido asegura que “vapear implica solo una fracción de los riesgos de fumar, y migrar por completo de fumar a vapear conlleva beneficios sustanciales para la salud frente a continuar fumando. Basado en el conocimiento actual, vapear es un 95% menos perjudicial que fumar”.

Gran Bretaña, Francia, Canadá y Nueva Zelanda apuestan por estos dispositivos

En Francia, el Instituto Nacional del Cáncer apoya el uso del cigarrillo electrónico como “medio de cesación tabáquica, al permitir el consumo de nicotina y evitando la mayoría de las sustancias carcinogénicas presentes en el humo del cigarrillo”.

Canadá ofrece a través de la página oficial del Gobierno “información sobre los efectos en la salud del vapeo en comparación con el tabaco convencional, y propone dichos dispositivos como opción para dejar de fumar”. Y Nueva Zelanda “ha creado una página web dirigida a las personas interesadas en el vapeo como alternativa menos dañina para dejar de fumar”.

Experiencia personal

Martín recuerda que lo primero que echó de menos cuando se planteó pasar del “cigarrillo tradicional al electrónico fue contar con más información” de las alternativas que hay. “Aquí no ocurre como en otros países, no tenemos información”. En su caso, miró primero en internet y luego preguntó en el estanco sobre las diferentes opciones que había.

“El cambio ha sido radical”, expone. “Ves que mejoras con respecto a cómo estabas con el cigarrillo tradicional. En lo físico me noto mejor, he vuelto a hacer deporte y es totalmente distinto. Soy sumiller y esto también me ha beneficiado desde el punto de vista profesional. Sin lugar a dudas. Y asimismo con respecto a los demás, por el tema de la ceniza o los malos olores”.

Tabaco calentado, bolsita de nicotina y cigarrillo electrónico son las tres alternativas

Martín está tan convencida de las bondades de estos sistemas que defiende que “el mundo del tabaco debería sufrir una revolución y eliminar el cigarrillo tradicional. Esa debe ser la tendencia. E ir hacia la reducción del daño; en el fondo es lo que deberíamos pretender como sociedad”.

Rodríguez advierte de que el ejemplo de Martín no es lo habitual. “A poca gente se le ocurre ir al estanco a informarse a ver si hay otras alternativas”. “Lo primero que hacen cuando el médico les dice que dejen de fumar es dejar de comprar. Lo hacen de manera radical y a los seis meses o al año vuelven, y encima te dicen que lo han hecho con más ganas”, cuenta.

Perfil y economía

La propietaria del estanco describe el perfil de la persona que decide consumir estos productos como hombres y mujeres entre los 18 y los 50 años. A los que vienen a su establecimiento preguntando por las alternativas al cigarrillo tradicional “les expones todas las opciones y, en función también de la capacidad económica –el vapeo es más barato y el tabaco calentado es más caro–, se deciden por una cosa o por otra”, argumenta.

“Los más mayores tienen tendencia a usar el tabaco calentado y los más jóvenes se decantan por el vapeo”. También influye que el primero se parece más al ritual del tabaco de siempre, con lo que “la sensación es de la de tener un cigarrillo”. Sus clientes coinciden con Martín en que “respiran mejor, no se fatigan tanto y dejan de roncar” cuando se pasan a estos otros productos.

Añade igualmente, sin dejar de mencionar que no se trata de una opinión científica, que quienes “lo hacen progresivamente, sobre todo con el electrónico, que te da la posibilidad de vapear sin nicotina, van reduciendo la dosis y llegan a vapear sin nicotina primero y muchos consiguen dejarlo después”.

Evidencia científica

Smith hace referencia a la falta de evidencia científica que hay en España sobre este tema, y denuncia que aquí “se ha optado por la vía regulatoria pura”, en contraposición a los “estudios e informes anuales” que se hacen en los países anglosajones. “¿Por qué no se hacen estos estudios en España?”, se pregunta.

Según su parecer, “los datos que tenemos es que este tipo de dispositivos de reducción del daño son, al menos a corto plazo, objetivamente buenos. Es verdad que hay que seguir investigando, porque solo llevan cinco años y no sabemos qué puede ocurrir dentro de veinte”. Por esta razón, pide que se siga haciendo y que se haga también en España. “Nadie defiende el tabaco en el mundo de la sanidad porque es evidente lo que genera, pero sí hay gente que defiende que hay que poner alternativas menos nocivas que el tabaco”.

 

Un debate internacional abierto que genera distintas posturas entre países

Controversia. El debate abierto en torno a la reducción del daño despierta posturas diferentes entre los distintos países. Mientras España rechaza este tipo de dispositivos y alerta de sus efectos nocivos, otros como Francia, Reino Unido o Nueva Zelanda los han incorporado como una estrategia más para ayudar a dejar de fumar o disminuir el riesgo de esta práctica.

España. El Ministerio de Sanidad considera, en su Informe sobre los cigarrillos electrónicos: situación actual, evidencia disponible y regulación, de 2022, que “los cigarrillos electrónicos no son seguros para el consumidor”, “a corto plazo se han visto evidencias de su efecto sobre las vías respiratorias”, y destaca que su aerosol “contiene sustancias tóxicas y carcinogénicas, con lo que, a largo plazo, puede inducir la aparición de cáncer en consumidores y personas expuestas pasivamente a este aerosol”.

Francia. El Sistema Público de Salud Francés estima que unas 700.000 personas han dejado de fumar gracias al cigarrillo electrónico. Además, se calcula que el 80,3% de los fumadores duales ha reducido su consumo de cigarrillos u otros productos de tabaco mediante el uso de un cigarrillo electrónico.

Reino Unido. El Real Colegio de Médicos del Reino Unido expone que “las estrategias de reducción de daños son una forma de proteger a los fumadores. Aquellos que fuman, lo hacen principalmente por la nicotina. Dicha sustancia no es nociva por sí sola. Si la nicotina pudiese consumirse de una forma aceptable y efectiva como sustituta al cigarrillo, se salvarían ­muchas vidas”. Y desde el Imperial College de Londres, el profesor David J. Nutt, neuropsicofarmacólogo, señala que “se estima que fumar es veinte veces más dañino para los usuarios que vapear los cigarrillos electrónicos”.

Nueva Zelanda. El Ministerio de Salud ha desarrollado una página web dirigida a las personas interesadas en el vapeo como alternativa menos dañina para dejar de fumar. Entre estas iniciativas para ayudar en la deshabituación tabáquica, destaca la campaña Switch to vaping, en la que se informa sobre el vapeo como una medida menos dañina que el tabaco.

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