Felipa Jove: “Nos gusta saber dónde va nuestro dinero”

Dirige con criterios empresariales la Fundación María José Jove, creada en memoria de su hermana, fallecida en 2002, y en favor de la infancia y la inclusión social

Felipa Jove, copresidenta de Fundación María José Jove.
Felipa Jove, copresidenta de Fundación María José Jove.

Acaba de recibir el Premio Mecenas Español 2022 dentro de los Premios Iberoamericanos de Mecenazgo impulsados por la Fundación Callia, que tienen como misión reconocer y promover el compromiso social con el arte. Es una de las actividades a las que se dedica la Fundación María José Jove, creada en 2003 en memoria de la ejecutiva, fallecida en A Coruña un año antes a los 37 años. Era hija del empresario Manuel Jove, fundador de Fadesa, quien murió hace dos años. Felipa Jove (A Coruña, 1969) es la copresidenta, junto a su hermano Manuel Ángel Jove, de la Corporación Inveravante y presidenta de la citada fundación, que atiende proyectos sociales, con un presupuesto de 2,5 millones, procedente en su mayoría de los ingresos de la residencia de estudiantes Rialta, la mayor de Galicia, con 530 plazas, además de colaboraciones con entidades como la Fundación La Caixa, que participa en proyectos como Esfuerza, un programa de actividad física, y de aportaciones de la familia.

¿Qué supone el premio que acaban de recibir?

Es un reconocimiento bonito, que te dice que lo que haces lo estás haciendo bien, mejorando la calidad de vida de las personas a las que nos dirigimos, y te anima a seguir trabajando en esta línea después de 20 años. Desde un primer momento hicimos un plan estratégico, hicimos que la fundación funcionase como una empresa, porque siempre hay riesgos de dar tumbos, de no estar centrados en tu actividad. Queríamos centrarnos en la infancia, donde puedes trabajar desde muchos ámbitos, como la salud, el ocio y el tiempo libre responsable, la educación, la cultura… Con el tiempo comienzas a ver lo que hay alrededor, comienzas a ver que hay muchas necesidades. Una de ellas fue el tema de las personas con diversidad disfuncional para adultos. Ahí ampliamos nuestro rango de trabajo. Luego llegaron los años de la crisis y también vimos que teníamos que adaptarnos a lo que nos rodeaba. No podíamos hacer proyectos que realmente no fueran interesantes en ese momento, y empezamos a trabajar con personas en riesgo de exclusión social.

¿Por qué es importante que una fundación se gestione con criterios empresariales?

Es importante tener buen equipo, las ideas claras y haber hecho un plan estratégico, y que de alguna manera tengamos claro hacia dónde vamos. Nos ha gustado hacer pequeños proyectos, con proyectos piloto, ver que funcionan y después ir ampliando y replicando. Y saber muy bien dónde va nuestro dinero. Intentamos no dar dinero a otras entidades para que hagan proyectos, sino que nos gusta saber que invertimos en un determinado proyecto y saber a qué personas va para que no se nos pierda nada por el camino. Lo tuvimos claro desde el principio. Colaboramos con otras entidades, sabiendo siempre adónde van los recursos, pero no damos dinero para que otros hagan acciones.

Todo esto surge a raíz de las inquietudes de su hermana María José Jove.

Mi hermana era una persona joven y muy sensible, siempre estaba preocupada por los trabajadores, gente joven con niños pequeños, con dificultades para conciliar. Cuando falleció nos pareció que sería bonito, ya que tenía la idea de hacer una escuela infantil para los hijos de los trabajadores, que la tuvimos en su momento. Decidimos crear una fundación con su nombre y canalizar todas esas ayudas que tenía en mente. De algo muy triste surgió un proyecto muy bonito.

¿Qué satisfacciones da una fundación a alguien que se dedica al mundo de la empresa y busca la viabilidad económica?

Es diferente. Las mayores satisfacciones las he tenido en la fundación a lo largo de estos años. Cuando estás en una empresa y haces unos negocios que salen bien, está fenomenal, pero aquí en la fundación me he encontrado con situaciones que te llenan. Compaginar las dos cosas está bien porque tienes la visión de la parte social y empresarial.

¿Debería haber más colaboración público-privada en este tipo de instituciones?

Sí, porque lo público no llega, y el hecho de que haya una colaboración es una manera de llegar a más personas y cumplir los objetivos sociales que hay. En estos momentos tenemos distintos proyectos en colaboración con entidades públicas y funcionan muy bien. Es un buen modelo para ampliar objetivos sociales.

¿La guerra de Ucrania les mantiene en alerta?

Ahora va a venir mucha gente de Ucrania y tenemos que prepararnos. Ahora mismo toca esperar y ver qué va a ocurrir para poder ayudar a las personas que vengan de fuera y que van a requerir cosas diferentes de las que hacíamos hasta ahora. La situación lo requiere de esta manera. Muchos proyectos se pueden adaptar, porque van a venir muchas mujeres con hijos, con una lengua que no conocen y tenemos que poder ayudar.

Cada vez hay más pobreza.

Sí, hay personas con necesidades tan básicas como de leche para los niños o pañales, y en un futuro cercano vamos a encontrarnos con gente de fuera que va a necesitar ayuda y tenemos que ir cubriendo los retos sociales que se nos ponen por delante.

¿Qué supone llevar el apellido Jove?

Es un orgullo, pero también es una responsabilidad. Mi padre ha dejado el pabellón muy alto, es complicado superar todo lo que ha hecho y cómo lo ha vivido. Siempre quieres que el apellido esté a la altura de todo lo que construyó mi padre, que fue un gran jefe con todos sus empleados, con una visión de negocio muy abierta.

El arte es un área importante dentro de las actividades que promueven.

Mi padre, cuando era joven, comenzó a crear su propia colección y empezó comprando arte gallego, el que a él le gustaba, y más tarde empezó a comprar arte nacional. Cuando se creó la fundación se decidió que cediese la colección de arte, y se generó una colección propia, ya no desde el punto de vista estético, sino de tener una colección de arte contemporáneo. La utilizamos para visitas escolares, para personas de diversidad funcional, en riesgo de exclusión social, para la parte de salud, para personas derivadas de los servicios de salud mental. Hemos tenido grupos de personas que han venido a aprender a escribir a través del arte. Sacamos el máximo partido a la colección, que está compuesta por cerca de 600 obras, de las que tenemos expuestas 120. También hacemos préstamos para exposiciones. Todos los años vamos adquiriendo obras.

¿Tienen previsto incrementar los recursos de la fundación?

Nos gustaría, pero cada vez es más difícil. En la época de las Cajas [de Ahorros] había muchas ayudas sociales. En España es distinto que en otros países, como Estados Unidos, donde hay mecenazgo y unas ayudas, por ejemplo, a universidades, que viven gracias a entidades privadas o empresarias. En España es necesaria una ley de mecenazgo. Aquí tiene que cambiar todavía la mentalidad y falta un poco de tiempo. Hay desconocimiento o miedo a que los recursos no se utilicen cómo se deben de utilizar. Tenemos otra mentalidad.

 

 

 

 

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