Impacto de la guerra

Las materias primas y la deuda de EE UU lanzan señales de riesgo de recesión

El aplanamiento de la curva de tipos se acentúa

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La guerra en Ucrania está poniendo a prueba la paciencia de los inversores y la resistencia de la recuperación económica, una situación que dista mucho de la vivida a comienzos de año cuando inversores y organismo internacionales festejan el avance de la vacunación y el levantamiento de las restricciones. Aunque todavía es pronto para cuantificar el impacto del conflicto, en las últimas semanas el mercado está empezando a lanzar señales de riesgo de recesión.

El fuerte encarecimiento de las materias primas, la rebaja de las previsiones de crecimiento y el alza de las rentabilidades de la deuda lleva a muchos a preguntarse si lo que el mercado descuenta en la actualidad es estanflación (bajo crecimiento y altas tasas de inflación) o recesión. Evidencias para los dos escenarios no faltan.

Una de ellas es el comportamiento de las materias primas. Jesús Sáez, responsable de mercado de capitales de Natixis en España, señala que la subida de este tipo de activos ya se ha vivido en momentos anteriores. El problema es la magnitud de estos ascensos. Un buen indicador para medir la importancia de estas subidas es el índice de materias primas que elabora Bloomberg. “Cada vez que este ha subido más de un 50% en un solo año, el ciclo se ha cerrado con una recesión”, apunta. Eso es lo que aconteció en la crisis del petróleo de 1973 y en 1980, ejercicios en los que las tensiones en el mercado energético llevaron al índice subir un 112,59% (mayor repunte desde que existen datos) y un 56,25%, respectivamente. El pasado 8 de marzo este índice tocó máximos de 2014 y las subidas en lo que va de año quedan en el 26%, aunque en los últimos 12 meses alcanzan el 47%. El último estudio de la Reserva Federal de Dallas alimenta la idea de una crisis cercana y afirma que la economía global no podrá evitar una recesión si Rusia no mantiene sus exportaciones de energía, un escenario hoy por hoy improbable.

Pablo Gil, estratega jefe de XTB, destaca que un indicador potencial de recesión es el coste del petróleo. A los problemas de muchos productores de cumplir con las cuotas se suma el papel que ocupa Rusia, país que controla el 12% de la producción total de crudo. El experto señala que el aumento del precio del crudo impacta en todo el engranaje económico, reduciendo los márgenes empresariales y la capacidad de consumo de los hogares. “Esto tarde o temprano deriva en un menor crecimiento económico y mayores presiones inflacionistas” apunta.

Para contener el alza de la inflación los bancos centrales aceleran la retirada de los estímulos. Además de poner fin a las compras de deuda, organismos como la Fed el Banco de Inglaterra han optado por subir tipos. David Ardura, codirector de inversiones de Finaccess Value, señala que estas medidas son completamente lógicas, pero el problema llega cuando el mercado lleva 15 años anestesiado por las políticas monetarias ultralaxas. Subir los tipos sin pasar factura al crecimiento se antoja complicado.

El aumento de las tasas en EE UU no pilló por sorpresa al mercado, pero su efecto no ha sido inocuo. El repunte de las rentabilidades ha cobrado impulso. En un mes el bono a 10 ha sumado 40 puntos básicos, hasta el 2,33%. Más acusados han sido los ascensos en la deuda a corto plazo. El bono a cinco años sube 50 puntos, hasta el 2,36%, por encima de la deuda con vencimiento en 2032, mientras los títulos a dos años supera la barrera del 2% y alcanzan máximos de mayo de 2019. En el último trimestre los bonos del Tesoro con vencimiento en 2024 han repuntado 114 puntos básicos y se enfrentan a las mayores pérdidas en casi cuatro décadas. Este comportamiento se ha agudizado después de que el presidente de la Fed, Jerome Powell, señalara que la institución no descarta una subida de tipos de 50 puntos básicos en mayo.

Las acciones y posteriores declaraciones han contribuido al aplanamiento e incluso inversión de la curva de deuda de EE UU, un síntoma tradicional de recesión. Aunque el fenómeno se ha acelerado en las últimas semanas los expertos llaman a la cautela. Ardura indica que para hablar de recesión es pronto y señala que lo primero que debe producirse es que los bonos a tres meses paguen más que los títulos a 10. “En las últimas sesiones el diferencial se ha estrechado, pero todavía queda recorrido”, añade. Mientras el bono con vencimiento en 2032 se sitúa en el 2,3%, la deuda a tres meses alcanza el 0,2%.

Sáez también considera prematuro para hablar de recesión. El experto indica que las señales que da el mercado por diferentes vías no tienen por qué estar en línea con este hecho. Una prueba de ello es que, aunque la Fed haya revisado a la baja las previsiones de crecimiento en EE UU (del 4% al 2,8% para este año) y al alza la inflación (4,3% frente al 2,8% anterior), la situación económica sigue siendo buena. “Ahora es cuando más echamos de menos que la Fed hubiera reaccionado antes a la previsión de inflación, abandonando su discurso de transitoriedad, Esto hubiera permitido haber empezado antes a normalizar la política monetaria y no tuviéramos ahora que enfrentarnos a una situación en la que haya que elegir entre protegernos de inflación, aunque dañe al crecimiento”, explica.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, descartó ayer una recesión a causa de la guerra en Ucrania, aunque sí prevé menos crecimiento. La renta variable tampoco teme una recesión y ayer el Ibex recuperó el nivel previo a la invasión.

A la subida de las materias primas e inversión de la curva, Ardura añade un tercer elemento que evidencia que, si bien es pronto para hablar de recesión, el entorno de mercado ha cambiado. La confianza de los inversores alemanes (índice Zew) cayó en marzo a los 39,3 puntos, desde los 54,3, el mayor descenso desde el estallido de la pandemia.

 

Rebaja del crecimiento, en escenario central

  • Bancos. Además de los bancos centrales, el estallido de la guerra en Ucrania ha llevado a las firmas de análisis a actualizar sus previsiones. Ante el estallido de la guerra, el aumento de los precios del crudo y el impacto de las sanciones impuestas a Rusia, Credit Suisse ha recortado un 1% su previsión de crecimiento para la zona euro, hasta el 2,8% para este año. Las advertencias de un posible empeoramiento de los cuellos de botella en la cadena de suministro le llevan a incrementar el 6% sus estimaciones de inflación, dos puntos porcentuales más que su previsión anterior. “Nuestra hipótesis de base sigue siendo que la zona del euro puede superar este choque sin recesión, pero el riesgo de recesión ha aumentado”, destacan los expertos de la entidad.
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