¿Qué hacer con la factura de la luz en estos tiempos convulsos?

Los precios de la electricidad se han multiplicado por 10 en un año: he aquí una guía para gestionar y aliviar el recibo

Facturas de luz.
Facturas de luz.

Los precios de la luz se han disparado por el efecto del alza de las cotizaciones internacionales del gas natural, con el que se genera una parte de la electricidad (en España, en torno al 20%), por el conflicto larvado por Rusia desde el año pasado, que ha terminado en la cruenta invasión de Ucrania. Los consumidores lo sufren sus bolsillos y la mayoría se pierde en el laberinto de la factura. Aquí algunos consejos, no tanto para ahorrar respecto a lo que pagaba antes de la escalada, como para evitar subidas sin control.

¿Cuánto consumo?

Lo primero que debe comprobar es cuánto está pagando de más. La comparación solo es correcta si se tiene en cuenta el consumo realizado. No vale decir “este mes he pagado 20 o 30 euros más que el anterior”, sin comparar los kWh consumidos en los meses comparados. Esto es importante porque los precios en el mercado mayorista de la electricidad (pool) comenzaron a dispararse a mediados de 2021 y en junio el Gobierno bajó temporalmente el IVA de la luz del 21% al 10% y el impuesto de la electricidad del 5,1% al 0,5%. Estas rebajas fiscales, que se mantendrán este año, y los elevados precios de la energía, hace que en estos momentos consumir mucho signifique pagar mucho, cuando, hasta ahora, pesaba más o igual lo que se conoce como la parte fija del recibo.

¿Qué contrato tengo?

Para tomar una decisión sobre qué hacer con su factura es imprescindible saber qué tipo de contrato tiene: la tarifa regulada, con el nombre de precio voluntario del pequeño consumidor (PVPC), a la que tienen derecho los hogares con una potencia contratada inferior a 10 kW, o cualquier otra que se haya suscrito con una comercializadora del mercado libre al precio que el cliente aceptó pero suele desconocer. De los algo más de 19 millones de usuarios con menos de 10 kW de potencia (los domésticos), unos 10 millones están en el PVPC y el resto, aunque tienen derecho a este, ha optado por el mercado libre. ¿A qué grupo pertenece usted?

¿Qué empresa me suministra la luz?

Es fácil comprobar el tipo de contrato que tiene firmado: si no es el PVPC, que figura claramente en el recibo, es otro del mercado libre. El PVPC lo suministran solo las comercializadoras de referencia (COR) habilitadas para ello y que son filiales de las grandes compañías del sector: Endesa (a través de su filial Energía XXI); Iberdrola (a través de Curenergía); Naturgy (Gas y Power), Repsol (Régsiti), y dos o tres testimoniales. Si ninguna de ­estas es su compañía, lo será cualquiera de las decenas que operan en el mercado libre (tanto grandes como pequeñas). En este punto, es esencial tener en cuenta que las eléctricas antes citadas tienen también filiales que venden en el mercado libre con otro nombre u otro similar al de su cabecera. Por tanto, un consumidor que, por ejemplo, esté con la COR de Iberdrola en el PVPC, puede contratar con la comercializadora de Iberdrola del mercado liberalizado (que es una compañía distinta pero del mismo grupo empresarial). O viceversa.

¿Qué son el PVPC y el precio libre?

El PVPC es un precio que, por ley (y, por tanto, regulado), es el que registra cada día (y por horas) el pool eléctrico, en el que, para explicarlo sumariamente, las productoras venden mediante subastas su energía a las comercializadoras que luego suministran a sus clientes. Estos pagan, además, un peaje a las distribuidoras (otro tipo de filiales de las grandes eléctricas) por usar la red que le lleva la luz a su casa. Al ser un mercado mayorista, o al por mayor, se ligó a este el PVPC para garantizar a los domésticos los mejores precios, pues se trataba de una tarifa refugio para los hogares. Pero el modelo, altamente volátil, ha resultado nefasto. Con la crisis actual los precios del pool han devenido paradójicamente en los más caros. De hecho, cuando los medios de comunicación informan de las subidas diarias de la luz debe saber que se refieren únicamente a las del PVPC, en el que están los 10 millones de usuarios antes citados, pero no a los nueve millones del mercado libre. La confusión hace que estos últimos hayan sufrido por unos precios que no son los suyos, pues los contratos libres son a precio fijo y a un plazo cerrado, habitualmente por un año.

Todos los precios se han contaminado

Hasta finales del año pasado, quienes más notaron las subidas fueron principalmente los del PVPC, por estar sometidos a los altos vaivenes del mercado diario, mientras que el resto, con contratos anuales a un precio fijo por kWh, se habían venido librando hasta que les ha ido llegando la hora de la renovación. Esta se activa de forma automática, si el cliente no dice lo contrario, y no suele decirlo. En este caso, la comercializadora decide el nuevo precio de forma unilateral, según lo establecido en la letra pequeña. Que se le renueve el contrato sin previo aviso entraña un problema: que este incluya un compromiso de permanencia con penalización al que queda atado por otro año o más. En resumen, los precios son ya, en general, elevados para todos: los del PVPC por estar ligado al pool y los del mercado libre porque las comercializadoras tienen que comprar ahora más cara la energía que le suministran o cubrir el riesgo por el tiempo de duración del contrato. Pero en este río revuelto hay que estar ojo avizor contra los abusos de las compañías y no confundir tarifa con oferta.

Cómo actuar si está en el mercado libre

Si este es su caso y quiere cambiar de comercializadora, puede buscar una tarifa (de sugerentes nombres) en las páginas web de las compañías (la atención telefónica deja mucho que desar) y comparar el precio del kWh que paga ahora con el ofertado. También, tener en cuenta que el término de potencia tiene una parte variable (dividida en dos periodos) que se paga en función del consumo. Por tanto, hay una tarifa por kWh por la energía y otras dos por la potencia contratada que se paga también en función del consumo (en este caso, a menor potencia, menos se paga). Hay en este momento tarifas por energía enormemente dispares: desde 0,17 a 0,24, 0,28 y hasta 0,36 euros/kWh. En todo caso, hay que ver también el kWh de la potencia, aunque su peso en el recibo es menor, y que las tarifas libres pueden desglosarles libremente.

Qué hacer en el caso de ser un cliente con PVPC

Como el PVPC no consiste en una tarifa fija, con un precio por kWh, sino en el precio por horas del pool, que ha sufrido fuertes oscilaciones, comparar el kWh promedio que haya pagado con ofertas fijas del mercado libre sirve de poco. En tal caso, se puede utilizar el comparador de tarifas del organismo regulador, la CNMC, de fácil uso, o a otros que ofrecen en web de empresas (también de utilidad para los clientes del liberalizado). En él se introduce el consumo y la factura pagada en un periodo determinado (anual, mensual, trimestral) y se compara con los precios de las comercializadoras que figuran en el comparador. Con este sistema puede corroborar cuánto pagará en total a igual plazo y consumo. Y si se desea seguir con el PVPC, el precio por horas del día siguiente figura en la web de REE.

No a los servicios de mantenimiento

Se deben rechazar los servicios añadidos (por mantenimiento, seguros de impago, etc.) que encarecen el recibo. Y tener mucho ojo con las llamadas tarifas planas, que les resultarán, a la larga, altiplanas. A diferencia del teléfono, en electricidad no existen las tarifas planas, esto es, un precio fijo sin límite de consumo. Lo que las comercializadoras de luz ofrecen es una cuota fija al mes, que saldan al final de año con el cliente, al que cobran o devuelven la diferencia entre el kWh contratado y el consumo real del año. Si le toca pagar, la compañía ofrece diferir el pago de esta diferencia en las cuotas del año siguiente (con un interés, claro), por lo que se genera una hipoteca. No se deben aceptar este tipo de ofertas, salvo que dejen claro el precio del kWh consumido y este sea razonable.

Bájese la potencia

Una medida importante para aliviar su recibo (ya no se trata tanto de ahorrar como de evitar que la factura se dispare) es bajar la potencia contratada. Lo habitual en un hogar medio son 3,5 kW. La norma es la siguiente: si nunca le ha saltado el automático, tiene contratada más de la necesaria. Y siempre será mejor bajarla y gestionar el uso de los electrodomésticos, evitando utilizarlos simultáneamente, y comprobar el resultado: si es insuficiente puede volver a subirla (alguna eléctrica cobra una pequeña cantidad). En el trámite de firmar un nuevo contrato por internet (una opción frente a las esperas telefónicas, habituales en los últimos tiempos) se puede modificar la potencia contratada.

Potencia para los coches eléctricos

Los propietarios de un coche eléctrico que lo recarguen en la vivienda por la noche deben saber que existe la posibilidad de contratar una segunda potencia reducida (1 o 2 kW) para las horas nocturnas. Aunque es un derecho para todos, a quien no tenga este tipo de vehículos no le merece la pena el trámite. Y recordar siempre que lo que más consume es el frigorífico y, como regla general, los aparatos que enfrían o calientan. El alumbrado, y más si es led, consume menos.

Respetar los tramos horarios

Los usuarios recordarán que el pasado mes de junio entró en vigor un nuevo sistema de precios por horas (no confundir con los precios horarios del PVPC por consumo eléctrico), según el cual, se pagaba en función de tres tramos horarios: valle, llano y punta. El mecanismo, que creó gran revuelo y se prestó a no pocas mofas, no afectaba al precio de la energía, sino que suponía un ahorro en una de las partes fijas de la factura: los llamados cargos o costes que se endosan a la misma (incentivos a las renovables o subvenciones a los archipiélagos) que son competencia del Ministerio para la Transición Ecológica. A raíz de la actual crisis de precios, en septiembre, el Gobierno los eliminó, junto con el recorte de impuestos, de forma temporal para rebajar la factura, por lo que respetar dichos tramos perdió sentido. Sin embargo, en enero, el Gobierno los recuperó en un 30%, por lo que adaptarse a ellos permite ahorrar algo. Y aunque se vuelvan a recortar (algo que no se descarta), siempre será de manera coyuntural, por lo que resulta conveniente que el usuario adapte sus hábitos a dichos tramos. Estos son los siguientes: las horas valle, el más barato: de 00 a 8 horas; las llanas, con un precio intermedio: de 8 a 10, de 14 a 18 y de 22 a 00 horas, y las punta, el más caro, de 10 a 14 y de 18 a 22 horas. En sábados y festivos, todas las horas son valle.

Los consumidores vulnerables con bono social

Este tipo de consumidores deben estar muy atentos, porque en el paquete de medidas urgentes que el Gobierno aprobará el martes, 29, se incluirá un cambio regulatorio que mejorará los beneficios de su factura. Estos usuarios son colectivos que reúnen una serie de requisitos de renta y están en determinadas circunstancias (víctimas de violencia de género o de terrorismo, familias numerosas y discapacitados). Existen tres grados (los vulnerables, vulnerables severos y quienes están en riesgo de exclusión social), que determinan los descuentos que se aplican ahora, hasta un 70%. Al estar obligados a estar en el PVPC para acogerse al bono, y dadas las fuertes subidas de esa tarifa, los vulnerables (excepto al último tipo, que no paga nada) han visto diluirse sus descuentos hasta el punto de no compensarles respecto a ciertos contratos del mercado libre. La nueva regulación supondrá una tarifa social desligada del PVPC o un bono, con un precio en función del consumo. El Gobierno también prevé ampliar el número de beneficiarios, dada la situación de crisis.

Cambios a la vista

Además de los camios en el bono social, un atarifa que está resultando poco social, el Consejo de Ministros aprobará otras medidas sobre la luz: la prórroga del recorte de impuestos, un recorte del 80% en los peajes de la electricidad para la industria, e, incluso algún cambio en el mecanismo del PVPC, para evitar los vaivenes al alza que ha experimentado este precio al estar ligado al mercado mayorista. Y la medida que más efectos tendrá para todos, aunque de manera indirecta, será la de desligar la cotización del gas natural del precio del mercado eléctrico, donde participan energías más baratas (nuclear, hidráulica o renovable), que son contaminadas por aquella. En este último caso, hay varias opciones en la mesa que el Gobierno quiere consensuar con la Comisión Europea.

 

 

 

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