¿Qué implicaciones tiene la guerra sobre la economía sostenible?

La dependencia energética, el futuro de las energías renovables y la degradación de la gobernanza en Rusia y Bielorrusia son algunas claves

La invasión de Ucrania por parte de Rusia plantea importantes incógnitas en el terreno de la sostenibilidad, que están principalmente ligadas a aspectos como el futuro de la dependencia de las energías renovables, las consideraciones de derechos humanos de la propia acción bélica y las degradaciones de la gobernanza de Rusia y Bielorrusia. A continuación, trataremos de realizar una aproximación a una serie de las consideraciones clave en términos de ESG derivadas de este conflicto.

Si tomamos por orden la nomenclatura de ESG, destacamos de inmediato, en cuanto a las cuestiones de carácter medioambiental (E), tanto el aumento de los precios de la energía como el cambio en la velocidad de transición a las energías renovables. En apenas unos días y como efecto inmediato de la invasión militar a gran escala de Ucrania, los precios del gas natural europeo se han disparado casi un 70% y el petróleo ha superado los 105 dólares por barril por primera vez desde 2014. En este escenario de carestía energética cobra especial relevancia la dependencia que Europa tiene de Rusia y, por tanto, su exposición al conflicto ruso-ucraniano. Rusia suministra alrededor de un tercio del consumo europeo de gas natural, utilizado principalmente para la calefacción de invierno, así como para la generación de electricidad y la producción industrial.

La súbita toma de conciencia de la exposición geopolítica de Europa hacia Rusia, puesta de manifiesto de forma descarnada por esta crisis, está llamado a ser uno de los factores más significativo que muevan a los países europeos a invertir decididamente en fuentes de energía alternativas y a promover medidas de mejora eficiencia energética. A corto plazo, por ejemplo, el encarecimiento del petróleo y del gas pueden ser elementos decisivos para dar mayor énfasis a la eficiencia energética general de los edificios comerciales y residenciales, así como para la adopción más rápida de los vehículos eléctricos a medida que los consumidores buscan reducir sus costes de transporte.

Una parte de la alta dependencia energética de Alemania de Rusia se encuentra, en parte, en la decisión del Gobierno alemán de cerrar para 2022 todas sus centrales nucleares tras el tumultuoso debate político y de opinión pública que abrió en 2011 el desastre de la central nuclear de Fukushima durante el terremoto de Japón. En un escenario como el actual, Alemania ha señalado que podría reconsiderar los planes para eliminar gradualmente las centrales eléctricas de carbón para 2030 con el fin de apuntalar los requisitos de energía a corto plazo. Italia está tomando una ruta similar. El primer ministro italiano, Mario Draghi, se ha comprometido a reabrir centrales eléctricas de carbón seleccionadas para garantizar el suministro de energía. Ambas decisiones, producto de la actual dependencia de Europa del petróleo y el gas natural rusos puede tener como resultado mayores emisiones de carbono, a medida que estos países regresen a las centrales eléctricas de carbón. Los políticos alemanes esperan apresurarse a través de una nueva ley para garantizar que puedan satisfacer todas sus necesidades de electricidad a partir de fuentes renovables para 2035, con el objetivo de aumentar la producción eólica marina y mantener los subsidios de paneles solares.

Las energías renovables son un componente clave del camino hacia la independencia energética. La guerra en Europa se suma a la urgencia de la transición a fuentes de energía limpias como la energía solar y eólica, que son más difíciles de interrumpir para los rezagados climáticos como Rusia, al tiempo que aseguran la independencia energética.

Al fortalecer el argumento a favor de la construcción de energía verde, las acciones de las compañías de energía renovable han estado en una fuerte racha con gigantes europeos como Ørsted, Vestas y Siemens Gamesa viendo un aumento en los precios de las acciones desde el comienzo de la guerra. El Índice Europeo de Energía Renovable subió hasta un 9,3% el 24 de febrero, el mayor salto desde los mínimos pandémicos de marzo de 2020, lo que representa un marcado contraste con el colapso del mercado europeo. A pesar del aumento a corto plazo de los precios de las acciones de las compañías de energías renovables, la transición europea llevará tiempo. El plan revisado de Alemania aumentó la energía eólica terrestre a 10 gigavatios para 2027 y la energía solar a 20 gigavatios para 2028. El desarrollo de la capacidad renovable tardará años en construirse.

Si nos centramos ahora en las consideraciones sociales (S) y de gobernanza (G), hay que citar algunos ejemplos del deterioro que Rusia y Bielorusia han sufrido en apenas unos días en algunos de los indicadores de solvencia. En respuesta a la invasión de Ucrania, el MSCI ESG Research rebajó la calificación tanto de Rusia como de Bielorrusia el 1 de marzo y al día siguiente el MSCI anunció que sacaría a Rusia del índice MSCI Emerging Markets (EM). Tanto Rusia como Bielorusia han visto degradados sus ratings de BBB a B, dado el deterioro de sus condiciones de gobernanza política, estabilidad y pazo, derechos políticos y libertades civiles. MSCI continúa vigilando la situación con evaluaciones también de entorno económico y gobernanza financiera, en las que pueden reflejarse el impacto potencial de las sanciones internacionales y del aislamiento de la economía rusa.

Desde el punto de vista del mundo de la gestión de activos, este evento geopolítico que estamos viviendo plantea una cuestión ética que tiene impacto financiero y está directamente vinculada a las inversiones ESG. Durante la crisis hemos asistido ya a diferentes ejemplos de cómo están reaccionando diversos tenedores de activos a medida que los gobiernos han ido adoptando medidas y variando su posición. Basten como botones de muestra algunos ejemplos muy ilustrativos.

La petrolera BP, por ejemplo, ha sido propietaria de una participación en la rusa Rosneft durante aproximadamente una década, impasible ante las preocupaciones de los inversores sobre el historial ambiental del compañía energética ruso. Sin embargo, a los pocos días de la invasión rusa de Ucrania anunció la venta de su participación del 20% en la compañía rusa, por presión del Gobierno británico. La anglo-nederlandesa Shell también ha anunciado el cierre de sus operaciones con Rusia, incluida la participación del 28% que posee en una de las mayores plantas de Gas Natural Licuado (GNL).

En Noruega, aunque el gestor del fondo soberano del país dijo que no tenía intención de vender activos rusos por un valor aproximado de 3.000 millones de dólares, el Gobierno noruego afirmó que la “brutal de agresión contra Ucrania de Rusia” exigía que dichos activos fueran congelados y desinvertidos.

Los fondos de pensiones holandeses están relativamente aislados de esta agitación financiera rusa, ya que han reducido drásticamente sus inversiones en el país en los últimos años debido a que han tenido en cuenta consideraciones ESG. La imposición de un embargo de armas de la Unión Europea a Rusia llevó a las gestoras nederlandesas ABP, BpfBouw, PME y PMT a excluir en diciembre de 2020 a los bonos rusos de sus carteras.

Lucía Catalán es Directora General de Goldman Sachs Asset Management en España