¿Puede el hidrógeno verde ser el sucesor del gas natural?

Una de las consecuencias de la escalada del precio del gas es que esta opción se sitúa en una posición mucho más rentable

La invasión de Ucrania ha reabierto el debate sobre la dependencia gasista europea frente a Rusia –el 40% del gas que consume Europa proviene de Rusia– y el papel tan importante que España puede jugar en el abastecimiento energético de Europa. Este conflicto ha traído terror, destrucción e incertidumbre, pero también ha servido para que nuestro país abra la puerta a reactivar el proyecto Midcat, el gasoducto que conectaría la península con Francia para enviar gas natural y gases renovables a Europa.

Según declaraciones del presidente Pedro Sánchez, España está dispuesta a relanzar el proyecto desde la perspectiva de la transformación energética hacia fuentes limpias, lo que significaría producir, transportar y consumir también gases renovables e hidrógeno verde en el futuro. Por tanto, ante el desastre energético en ciernes, una de las oportunidades de abastecimiento a Europa a largo plazo se encuentra en recuperar la conexión energética de España con Francia a través del hidrógeno verde y otras energías renovables.

La idea es que el hidrógeno sea el sucesor del gas natural. Por ejemplo, en la generación de calor. En el futuro habrá calderas para calentar las viviendas con hidrógeno. Pero debemos sortear varios obstáculos; a tasas de 2020, la producción de hidrógeno verde no era competitiva. Pero una de las consecuencias de la insufrible subida del precio del gas que padecemos es que el hidrógeno verde se coloca en una posición tecnológica mucho más rentable.

Más allá de la invasión rusa a Ucrania y de la necesidad europea de reducir la dependencia energética de terceros países, producir y consumir energía de la manera en que hoy lo hacemos ya no es una opción de respeto medioambiental viable. El petróleo, el carbón y el gas han permitido durante siglos avanzar a las sociedades modernas y alcanzar mejores cotas de bienestar, pero de forma paralela hemos expulsado mucha cantidad de C02 a la atmósfera.

Los combustibles fósiles se encuentran en franca retirada, al menos en el mundo occidental. El hidrógeno procedente de fuentes renovables es la energía del futuro, y la reactivación del proyecto Midcat solo tiene sentido si existe una apuesta firme por esta energía verde. Pero ese futuro, ¿cómo de lejano se encuentra? De momento, en pleno debate público.

En este punto de no retorno, Europa aspira a ser neutra en emisiones en 2050 y la vía pasa por una fuente energética renovable e ilimitada. Una transición valiente no exenta de polémica, como la surgida hace escasas semanas tras la decisión de Bruselas de reconocer la energía nuclear y el gas como sostenibles al menos hasta 2045. Más allá de estas decisiones, que buscan una curva de asimilación asumible en la transición energética, caminamos irremediablemente hacia una economía sin emisiones de CO2. El hidrógeno verde es un pilar de los proyectos estratégicos ligados a los fondos NextGen para la reconstrucción postpandémica. El Gobierno de España ha anunciado que destinará 1.555 millones de euros hasta el año 2023. El impulso de las empresas españolas nos ha permitido situar a nuestro país en el grupo de cabeza de Europa, junto a Alemania o Dinamarca.

Disponemos a nivel nacional de una Hoja de Ruta del Hidrógeno, aprobada en octubre de 2020, como una ficha clave que mover para alcanzar la transición energética limpia y segura. Prevé para el año 2030 una capacidad instalada de electrolizadores de 4 GW y una serie de hitos en el sector industrial, la movilidad y el sector eléctrico, para los cuales será preciso movilizar inversiones estimadas en 8.900 millones de euros hasta 2030, según el Miteco. Tenemos ante nosotros una oportunidad para convertirnos en potencia mundial en la producción de hidrógeno verde. Sol y viento junto a una apuesta decidida empresarial por este vector energético.

La iniciativa privada trabaja aquí en distintas propuestas y proyectos en toda la cadena de valor del hidrógeno verde: desde la generación, la compresión, almacenamiento y distribución. Un ejemplo es la primera planta de hidrógeno verde de España, el proyecto Power to Green Hydrogen Mallorca, que Enagás y Acciona promueven junto a sus socios, y que cuenta con el primer compresor para almacenamiento de tecnología puramente española.

En situaciones económicas sin alteraciones anormales como la vivida con el rally en el precio del gas, es imprescindible mecanismos de incentivo como el Perte EHRA para que haya una ayuda económica para la transición ecológica hacia las empresas que están ya innovando con hidrógeno verde o para aquellos usuarios que quieran disponer de equipamientos basados en esta energía, como por ejemplo, vehículos de hidrógeno.

Pero para que esta oportunidad de oro que supone liderar la revolución del hidrógeno verde llegue a la economía real necesitamos proyectos que produzcan esta energía a nivel local, que la distribuyan al usuario cercano, dinamizando áreas geográficas, generando innovación, impulsando tejidos productivos, arrastrando a pymes y al empleo e impactando, finalmente, en la cohesión territorial. Es decir que el cambio hacia un modelo energético sostenible supone de facto una vía de desarrollo integral económica y social.

El reto al que nos enfrentamos como europeos en este camino hacia la sostenibilidad es también una oportunidad para dejar de depender del suministro energético de terceros países. Debemos acelerar la transición energética para reducir la dependencia y avanzar hacia la energía limpia del futuro.

Andrés Hernando es Fundador y CEO de Hiperbaric