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A fondo
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

El apoyo económico de China no es la panacea para Rusia

Las importaciones europeas de gas ruso son demasiado grandes y no podrían ser sustituidas inmediatamente y redirigidas a Pekín

Tras la invasión de Ucrania por las fuerzas armadas rusas, la imposición de sanciones a Rusia por parte de Estados Unidos y la Unión Europea se ha extendido a muchos otros países, aunque no con una cobertura tan amplia. En Asia, por ejemplo, Japón se ha unido a las medidas para excluir a algunos bancos rusos del sistema internacional de mensajería de pagos, Swift, y también ha aceptado imponer controles a las exportaciones de semiconductores, al igual que Corea del Sur y Taiwán, siguiendo las medidas de EEUU y la UE. Singapur también lo ha hecho, pero de manera aún más limitada. Al otro lado del espectro de la imposición de sanciones se encuentra China, que las ha criticado, aunque tampoco ha llegado al extremo de decir que no las cumplirá.

En este sentido, parece importante entender qué papel puede jugar China como apoyo económico de Putin en un momento en el que se le cierran tantas puertas. Para empezar, es importante tener en cuenta que China no es el principal socio comercial de Rusia como muchos argumentan, ya que no ven a la UE como un país, sino como una suma de 27. Es bien conocido que los Estados Miembros no tienen competencias en el ámbito del comercio, por lo que la comparación con China como socio comercial de Rusia ha de ser la UE y, en ese caso, la UE es claramente el socio comercial clave, prácticamente el doble que China.

De hecho, aunque el comercio entre la UE y Rusia ha perdido algo de fuerza desde el “Pivot hacia el Este” anunciado por Putin desde que Occidente impusiera sanciones en 2014 tras la toma de Crimea por parte de Rusia, la Unión Europea sigue siendo el centro del comercio internacional para Rusia y no solo por las exportaciones de gas a países europeos clave, como Alemania, sino también por las importaciones de Europa, especialmente maquinaria, transporte pero también productos farmacéuticos.

Adicionalmente, Moscú mantiene un superávit estructural con la UE gracias a las enormes exportaciones de gas, factura muy superior a la que paga China, que además tiene un superávit creciente con Moscú por el enorme aumento de las importaciones rusas de productos chinos, en algunos casos, además, con gran dependencia en algunos insumos claves como, por otro lado, es el caso del resto del mundo, por el papel central que juega China en la cadena de producción.

En ese contexto, la gran pregunta es si China puede ayudar a Putin a salir del atolladero en el que las sanciones han puesto a la economía rusa. Sin duda, el acuerdo estratégico al que se llegó en Pekín entre los presidentes Putin y Xi durante la celebración de los pasados Juegos Olímpicos, que se definió como “ilimitado”, puede ayudar a Rusia a soportar parte de la presión de las sanciones. De hecho, un buen ejemplo a este respecto es la aprobación por parte de China de las importaciones de cultivos procedentes de Rusia.

Sin embargo, esto es realmente solo una gota en el océano si se compara con las importaciones europeas de gas. La cuestión, por lo tanto, es si, de imponer Europa esas sanciones, cuán fácil sería para Rusia trasladar las exportaciones de gas desde Europa a China. La respuesta simple es que sería casi imposible en el corto plazo, porque China no puede sustituir las importaciones de gas de Europa.

A futuro, la situación puede cambiar, puesto que en Pekín se acordó un nuevo gaseoducto (Power of Siberia II) que une el gas exportado a Europa con el exportado a China. La realidad actual es que hasta el 83% del suministro total de gas de Gazprom se dirige hacia Europa. Adicionalmente, incluso si Rusia consigue redirigir su gas en el medio plazo al finalizar el gaseoducto Power of Siberia II, los mercados mundiales de gas muy probablemente no tengan mucho que ver con los actuales. De hecho, se espera que el precio del gas se mantenga alto solo hasta 2024, pero no después. En 2025 se añadirá una gran oferta adicional de gas natural licuado (siendo el mayor ejemplo la gigantesca ampliación del Campo Norte de Qatar) que debería reducir el precio del gas de forma significativa.

Además, la descarbonización en la Unión Europea estará muy avanzada, con una menor participación del gas en la cesta energética. Por tanto, el poder de mercado de Rusia disminuirá considerablemente. Esto significa, básicamente, que el pivot de Rusia hacia China para mitigar sus problemas con Occidente no va a ser la panacea para el país ruso.

Las importaciones europeas de gas son demasiado grandes y no pueden ser sustituidas inmediatamente por China, especialmente en lo que respecta a la conexión de los gasoductos rusos. Además, cuando finalmente sea una realidad, y con las inversiones adicionales que tendrán que soportar Rusia o China, la oferta mundial de gas natural licuado será mucho mayor, mientras que la demanda de gas no; al menos en la Unión Europea, gracias a sus esfuerzos de descarbonización.

Parece dudoso que el futuro económico de Rusia pase por convertirse en un gran exportador de grano y de gas solo a China, con el consiguiente aumento de su dependencia económica de Pekín. Desde luego no es una panacea para Rusia aunque quizás no esté nada mal para China en un contexto de competencia estratégica con EEUU.

Alicia García Herrero es economista jefe para Asia Pacifico Natixis e investigadora Senior en el ‘think tank’ Bruegel

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