Alemania: la prosperidad no es solo una cuestión de PIB

El ministro de Economía alemán, Robert Habeck, exige en la presentación de su informe económico anual otra manera de evaluar el bienestar

¿Cómo se mide el bienestar? ¿Qué nos dice el PIB: mayor felicidad cuanto mayor renta per cápita? El nuevo ministro de Economía alemán, el verde Robert Habeck, ha exigido en su presentación del informe económico anual otra manera de evaluar el bienestar. No solo se trata de ponerle un acento verde a la renta per cápita como indicador macroeconómico de productividad y desarrollo económico, sino de que el índice incluya todas las dimensiones del bienestar. El Instituto de Macroeconomía e Investigación Económica de Düsseldorf le da la razón. Ya en 2012 investigadores del instituto parisino Ipsos crearon un índice nacional de bienestar que incluye factores como el bienestar social (sociedad libre y en paz), el bienestar individual (salud y perspectivas de futuro sin miedo), bienestar económico y bienestar ecológico y sostenible. Según el IMK, si Alemania consiguiera en su actual transformación hacia una economía social de mercado ecológica reducir los costes medioambientales y la fuerte de­sigualdad social, repercutiría enormemente en el bienestar y en el índice de bienestar nacional NWI, de la Oficina Federal de Medio Ambiente. El PIB no refleja el bienestar social, que en Alemania cayó desde 1999 hasta 2013 y desde entonces está evolucionando positivamente.

Si se compara Alemania y España, parece que los alemanes sean casi el doble de ricos que los españoles. Los activos financieros netos medios de los alemanes ascienden a 61.760 euros. Los de los españoles, a 26.260 euros. Pero esa no es toda la verdad. Alemania es un país muy desigual, según datos de Allianz Global Wealth Report. El 20% de los alemanes no tiene nada. Y el 10% tiene deudas. Además, si comparamos los hogares alemanes y los españoles vemos que los primeros son más pobres porque tienen menos patrimonio. El patrimonio neto de los hogares alemanes es de 71.000 euros (riqueza neta mediana, que evita las interferencias de los extremos porque se sitúa justo entre el 50% más alto y el más bajo). El de los españoles es de 120.000 euros.

Por otro lado, Alemania y Austria son dos de los países más desiguales de la UE, según Capgemini Financial Service Analysis (2019). En Alemania viven 1,35 millones de millonarios (por patrimonio), el 1,6% de la población, lo mismo que en Austria. En España ese porcentaje es del 0,5%. En países con un alto porcentaje de hogares con vivienda en propiedad, como España, la desigualdad patrimonial es inferior en comparación con países como Alemania, donde solo el 43,9% de los hogares dispone de casa propia (frente al 75,9% de los españoles, según el BCE en 2020). La desigualdad de ingresos y de patrimonio es un criterio de bienestar. Otros son la salud, la educación, el trabajo social voluntario y la satisfacción general. No se incluyen criterios que quizás se pueden relacionar con la calidad de vida, como las horas de luz y sol, la proximidad a la naturaleza o la calidad de la comunicación social.

Hace diez años, siendo Habeck jefe de su grupo parlamentario en el Parlamento regional de Kiel, encargó a un equipo de economistas en torno a Hans Diefenbacher (catedrático de Heidelberg) que calculara el bienestar del Estado federado de Schleswig-Holstein teniendo en cuenta factores sociales como el trabajo aportado por programas de voluntariado social, el consumo privado y la riqueza económica y la biodiversidad; y descontando efectos negativos como la desigualdad social, la criminalidad o el consumo de alcohol, drogas y tabaco. El resultado de aquel cálculo fue que mientras el PIB apenas había aumentado, el bienestar había crecido un 7,4% en aquel año.

Ahora en 2022, en su primer informe económico anual, Habeck explica que el objetivo de su Gobierno es la transformación hacia una economía de mercado socioecológica. Para el ministro eso significa visualizar los efectos negativos de la acción económica y, por otro lado, reconocer la oportunidad que significa el cambio verde para un país como Alemania. Quiere que barómetros clásicos como el PIB incluyan indicadores adicionales que reflejen la sostenibilidad, “mejorando así la base para debatir la importancia relativa de las diferentes dimensiones del bienestar”. La oposición le acusa de querer enterrar los pilares puestos por Ludwig Erhard, el ministro y padre del milagro económico alemán después de la Segunda Guerra Mundial. Julia Klöckner, portavoz de política económica del grupo conservador: “El PIB es nacional e internacionalmente la medida de crecimiento económico”. Klöckner acusa al ministro verde de formular un discurso crítico respecto al crecimiento.

El historiador Yuval Noah Harari explica en su libro Homo Deus que en el siglo XX la renta per cápita era el indicador macroeconómico de productividad y desarrollo económico más importante para calcular el éxito nacional. Es la relación entre el PIB y el número de habitantes. También se utiliza como indicador de bienestar social. Desde ese punto de vista, Singapur, donde cada ciudadano produce bienes y servicios por un valor promedio de 56.000 dólares anuales, es más rico que Costa Rica, con una renta de 14.000 dólares. Harari propone sustituir el PIB por PFB, el producto de felicidad bruto. “La producción es importante porque crea la base material para la felicidad. Pero solo es el medio, no el fin. En las encuestas los costarricenses se manifiestan más felices con su vida que los ciudadanos de Singapur”. ¿La felicidad como objetivo de la humanidad en el siglo XXI? Complicado, responde Harari. Ser feliz es un trabajo duro. No es fácil. Y tiene una componente psicológica (nuestras expectativas individuales) y otra biológica.

Alemania no está entre los 10 países más ricos (renta per cápita) del mundo. Los más ricos son países como Luxemburgo, Suiza, Irlanda, Noruega, EE UU, Dinamarca y Singapur. Alemania se sitúa en decimoséptimo lugar, con 46.215 dólares por habitante. Menos de la mitad que el rico Luxemburgo, con 116.921 euros. Pero mucho más que España, con 27.057 dólares.

El Parlamento alemán creó ya en 2010 una comisión que propuso medir el bienestar de una forma alternativa. En 2013 los dos grandes partidos, la Unión Conservadora y el SPD, presentaron un informe exhaustivo sobre La buena vida en Alemania. El informe incluía indicadores como familia, salud, educación, trabajo, ingresos, seguridad, movilidad, vivienda y consenso social, economía fuerte, medio ambiente limpio, libertad, igualdad de género y paz. La intención de la canciller Angela Merkel era orientar su política para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. El proyecto no avanzó.

En su informe anual actual, Robert Habeck explica su política económica con acento verde. En el capítulo llamado Dimensiones del bienestar, el ministro de Economía detalla qué indicadores se integrarán en el nuevo índice de bienestar del Gobierno alemán, como el porcentaje de mujeres en cargos directivos, la fundación de nuevas empresas, la extensión del acceso a internet de banda ancha, la natalidad, la oferta de guarderías públicas, la contaminación medioambiental y el porcentaje de energías renovables. No se trata de sustituir el PIB, sino de complementarlo.

Lidia Conde es analista de economía alemana