Liderazgo

Las lecciones que dejó Nadal en la final de Australia

Venció no solo a su rival, también a un algoritmo que predijo su derrota

Enseñó que con humildad, trabajo, resistencia emocional y no dando nunca nada por perdido se gana

Rafael Nadal posa este lunes en Melbourne con el trofeo conseguido en el Abierto de Australia.
Rafael Nadal posa este lunes en Melbourne con el trofeo conseguido en el Abierto de Australia. Reuters

Rafael Nadal hizo historia el pasado domingo en la pista principal del estadio de Rod Laver del Melbourne Park, en Australia. No solo venció al ruso Daniil Medvedev, sino que también rompió el pronóstico del algoritmo del win predictor, que vaticinaba en el tercer set un 4% de probabilidades de ganar el torneo para el manacorí, frente al 96% de su contrincante. Todo esto se consigue, opina Jon Segovia, profesor de dirección de personas y gestión del cambio en Deusto Business School, con preparación y con una gran ecuación mental, “dado que lo tenía todo en contra porque nadie en su sano juicio pensaba que iba a ganar”. Salvo él. Les ocurre a los que están arriba, que sienten el peso de la soledad. “En el mundo empresarial, el líder puede tener un plan, pero a veces pocos lo secundan. Nadal estaba solo, a pesar de que muchos seguidores estaban con él. En una empresa hay veces que los números no salen, los resultados no acompañan, y es en ese momento cuando se sabe quien está preparado y quien no lo está”, añade Segovia, que destaca la mentalidad de acero del tenista “para construir el futuro, y eso lo hace mejor que nadie, dado que es fruto de su preparación”.

Y si algo demostró por encima de todo, apunta Santiago Álvarez de Mon, profesor del área de dirección de personas del IESE, es su capacidad de lucha, “de pelear, de espíritu maratoniano, y aunque le estén pasando cosas feas, él sigue remando”. Todo esto, añade, contrasta con la tendencia actual de una sociedad blanda, que tiende a la queja, a poner excusas, y lo de ayer fue una lección de una persona terrenal, que no viene de Marte, sino que viene de una cultura del mérito, del sacrificio y del trabajo duro”. Si algo tenía, en principio, en contra Nadal, además de la potencia de su contrincante, era que arrastraba cinco meses de inactividad debido a una dolencia en el pie, incluso por su cabeza llegó a rondar la retirada. Fue a Australia a probarse, podía ser el primer varón en ganar 21 grand slam y superar a sus máximos contrincantes, Federer y Djokovic.

‘Nadalizar’ España

“El éxito está a la vuelta de cualquier esquina. A este torneo fue con libertad interior y le salió bien, ya que otras veces el exceso de preparación lo que hace es bloquearte. Y él estuvo más pendiente del proceso que del resultado”, explica Álvarez de Mon, conocedor de la forma de trabajar de Nadal, al que ha entrevistado en varias ocasiones para preparar el caso de estudio del tenista, que explica a los alumnos del IESE. “Es de admirar su capacidad de concentración, sobre todo en una sociedad tan dada a la dispersión, va juego a juego, y sabe ganar con señorío y perder con humildad. Y esto es un valor añadido sobre todo para las marcas con las que trabaja [Kia, Mapfre, Nike, Santander, Movistar y Richard Mille], ya que es un jugador que sintoniza con los valores de cualquier firma”, agrega el docente, que ha impartido el ejemplo de Nadal en China, Moscú o Estados Unidos. “No hay embajador de la marca España como él. Los alumnos se quedan fascinados, porque no tiene solo una carrera de éxitos, tiene valles y picos, y la humildad suficiente para no creerse más que nadie”. Y concluye con un deseo: habría que “nadalizar España”.

Para Margarita Mayo, profesora de liderazgo y ciencia del comportamiento de IE University, el viaje es lo importante y lo que determina el éxito sostenible. “Hay mucha gente que no sabe gestionar el éxito y es su peor enemigo, pero Nadal es todo lo contrario, siempre da lecciones de humildad y de modestia, es la mesura, el equilibrio, la moderación y el saber escuchar a los demás”. Es lo que diferencia, según Mayo, a un líder, que, ante una situación compleja y competitiva, sabe que no lo sabe todo y escucha la opinión de los demás, del equipo. “Y ese es mejor líder que el narcisista. Lo vemos en las empresas, que hay directivos que consideran que no tienen que preguntar a otros, aunque tengan un problema. Aquel que tiene más resiliencia emocional es el que tiene una red social alrededor, y Nadal tiene equipo alrededor al que escucha”, añade la docente de IE University.

Hay dos tipos de personas, según contaba Juan Verde, estratega internacional y asesor de políticos como Barack Obama o Bill Clinton, los que lloran y los que venden pañuelos. En la final de Australia, Nadal optó por lo segundo. “Y eso le llevó a ganar”, explica el profesor de Esade Norbert Monfort, que hace referencia al entorno denominado BANI, y que tiene que ver con momentos quebradizos, ansiosos, no lineales e incomprensibles, de los que tanto se habla en esta pandemia. “Nadal rompe ese paradigma, cree que no tiene que ser frágil ni venirse abajo, y depende de lo que haga puede romper todos los moldes”.

El reto también era motivador, destaca el profesor de Esade, conseguir su 21º título, y para ello se preocupó de sí mismo, de recuperarse de la lesión y de no dar nunca nada por perdido. “Vive el momento y tiene siempre una actitud positiva, pensando lo que es mejor para él”. En este sentido, añade un detalle que dice mucho del tenista, que una vez recibido el trofeo, las ovaciones y antes de la rueda de prensa, se fue a pedalear en una bicicleta durante 15 minutos. “Lo primero es él, y le preocupa cuidarse mental y físicamente”, apunta Jon Segovia.

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