¿El Este florece y el Oeste declina?

Pese al avance económico de China y las presiones de Rusia, en EE UU y Europa las grandes tecnológicas empujan las Bolsas

"El Este florece y el Oeste declina”, afirma Xi Jinping, presidente chino que, en el 22 Congreso del Partido Comunista Chino, será reelegido sin límites de mandato y, si quiere, podrá –como Mao– ser presidente vitalicio. Vladimir Putin, al frente de Rusia desde hace 20 años, también cambió la Constitución para ser candidato presidencial sin límites de mandato, hasta, al menos, 2036, convirtiéndose en el líder de Rusia más longevo en un siglo. El régimen totalitario chino y el autócrata ruso quieren demostrar a Occidente que sus sistemas políticos son más eficaces que la democracia parlamentaria.

EE UU, líder occidental, recogió el guante. Biden estrecha relaciones con la OTAN y consensúa actuaciones frente a las provocaciones de China en Taiwán y el estacionamiento de tropas rusas en Ucrania y Kazajistán. Pekín y Moscú creen que EE UU, cuando el Partido Demócrata pierda las elecciones de mitad de mandato en noviembre, caerá en la inacción, porque los republicanos tomarán el control de las Cámaras legislativas y bloquearán la agenda del presidente. Rusia mira con inmenso desprecio, recelo y rencor a Europa: le basta chantajear a la UE con bloquear el flujo de gas en invierno para que los europeos se sometan. Putin quiere recomponer la Unión Soviética, anexionando las 15 ex repúblicas soviéticas que, a su vez, Lenin (fundador de la URSS) recompuso a semejanza de la Rusia de los zares. China y Rusia consideran, respectivamente, Taiwán y las ex repúblicas soviéticas cuestiones nacionales que no incumben a Occidente.

Está por ver que los sistemas chino y ruso sean más eficaces. Son más expeditivos, cierto. Pero hay otros factores a tener en cuenta: libertades civiles, crecimiento económico, empleo, nivel de vida, red social con sanidad y pensiones. ¿Que la segunda Guerra Fría es tecnológica, cibernética y comercial? Sí y, a pesar de los aparentes éxitos chinos y rusos hackeando a Occidente, la victoria final es democrática.

La riqueza de Occidente y la existencia de una mayoritaria clase media que disfruta de tantas comodidades, a las que estamos acostumbrados, en China y Rusia son lujos para unos pocos privilegiados. Las TIC y digitalización, en Occidente están en manos privadas (y públicas), versus en China y Rusia, donde sirven al Estado, pertenecen al Estado o las financia el Estado.

EE UU tiene Silicon Valley y Wall Street o, en palabras del hombre de moda, Elon Musk: “America has crypto, Tesla & trillion-dollar stocks”. América ha gestado las empresas más valoradas del mundo: Apple, Microsoft, Amazon, Meta (Facebook), Alphabet-Google y Tesla. Cryptomonedas, con Blockchain que origina DEFI (decentralized finance: FinTech, plataformas, etc) son invenciones occidentales; como cloud-computing, inteligencia artificial, big data, ciberseguridad, robótica, IoT. China y Rusia han hackeado y copiado. Pero la transformación digital que vive Occidente, China y Rusia, solo pueden atisbarlas.

En EE UU y Europa, el sector de las big tech, aún cercada por regulación antimonopolio y privacidad, sigue empujando las Bolsas hasta niveles históricos, reflejo del éxito del negocio: Apple, Amazon, Microsoft, Google, Meta, Oracle, Cisco, Intel y Salesforce llevan la digitalización al 90% de empresas americanas: pymes. Al igual que en Europa, SAP, Telefónica TECH o Cellnex Telecom llevan la transformación digital y 5G al 99% del tejido empresarial europeo, también pymes. Por contraste, las empresas chinas tienen un doble problema. EE UU (tanto Trump como Biden) ha impuesto sanciones comerciales, obligaciones de transparencia, bloqueo a importaciones de productos fabricados donde no se respetan los derechos humanos, etc. Huawei, Xiaomi, Byte-Dance, Tencent, Alababa (Ant, Ali-Express) han perdido, colectivamente, el 25% de sus ingresos consecuencia de esas sanciones.

En China, bajo el lema “Prosperidad común” de Xi Jinping, nuevas leyes obligan a esas empresas a compartir datos de clientes con el Gobierno; mayores impuestos para que la superior recaudación se reparta entre 1.100 millones de chinos que viven en la pobreza, versus los 400 millones considerados clase media. El Banco Central Chino ha cortado el grifo de la financiación a esas empresas, haciéndoles perder en Bolsa dos billions de dólares, colectivamente, en el último trimestre de 2021. Y el culto a la personalidad se reserva al único líder: estrellas empresariales e influencers han recibido MBA gratuitos sobre reeducación comunista en su propio domicilio…

La democracia parlamentaria también es eficaz, alcanzando consensos por el bien común. Jerome Powell continuará al frente de la Fed: hace 10 años, Obama le introdujo en el consejo de la Fed; en 2016, Trump le hizo presidente; en noviembre de 2021, Biden le renovó para un segundo mandato, sujeto al escrutinio del Senado. El 11 de enero, ante senadores demócratas y republicanos, Powell no defendió su candidatura, sino su política monetaria: lucha más agresiva contra la inflación, más subidas de tipos de interés –las acciones de los bancos se dispararon en Bolsa inmediatamente, pero fueron las big tech las que salvaron las Bolsas al rebotar el Nasdaq–; se acelerará la reducción del balance de la Fed y, en seis meses, habrá de nuevo pleno empleo: la tasa de paro es del 3,9%, vs. 15,74% de abril de 2020 y cerca del 3,5% de febrero de 2020.

Powell es republicano y ha recibido el apoyo de demócratas y conservadores. Biden, el presidente que le nombra, es demócrata. Las proyecciones de la Fed para 2022 son crecimiento económico en PIB del 4,1% e inflación del 4,1%. ¿Sorprendente coincidencia? No mayor que el rumor extendido por América, sobre los candidatos presidenciales en 2024: Donald Trump y Hillary Clinton. Ahí queda eso.

Jorge Díaz Cardiel es Socio director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘El New Deal de Biden-Harris’