El sector fetiche del poder retoma su papel de punta de lanza

Europa incluyó al acero dentro de un nuevo esquema de importación

En un acuerdo con Estados Unidos, la Unión busca que sea más ecológico

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A lo largo del último siglo un sector ha estado especialmente en el foco de los políticos de todo el mundo: el acero. No es casualidad. Con un carácter fundamental para toda la economía en general, y la parte militar en particular, históricamente, Gobiernos tanto de corte autoritario como democrático se han visto tentados de calificarlo de bien estratégico y de controlar su producción con lupa. Pese a ser un gran desconocido para la población, hoy en día el sector del acero no ha perdido atractivo para el poder.

“Este fetiche ha motivado que haya un exceso de capacidad en todo el mundo”, explica Andrés Barceló, director general de la unión de empresas siderúrgicas de España (Unesid). “Cuando hablo de exceso de capacidad no es que alguien se equivoque, monte una fábrica y se vaya a la ruina, sino que se montan fábricas con dinero del Gobierno y se mantienen con dinero del Gobierno”, profundiza.

En algunos países, los políticos mantienen artificialmente a su sector del acero sin importar cuánto dinero pierdan sus deficitarias empresas. En estos casos en los que se produce más de lo que se consume, la solución es vender. Vender incluso aunque se pierda dinero. “Eso es un problema que ha habido en los últimos 15 años con China y ahora puede empezar a suceder con otros países”, advierte Barceló, mencionando posteriormente a la India como un candidato más que probable para estas prácticas.

Aunque en Europa se acabó en la década de los noventa con este modelo totalmente insostenible en opinión de Barceló, las autoridades comunitarias siguen teniendo una especial fijación por el acero. El material sirve de punta de lanza para las futuras políticas europeas. Esto ya ocurrió en parte con anterioridad, cuando el acuerdo de control sobre la producción de acero y carbón sirvió de germen para lo que es hoy la propia Unión Europea.

Barrera verde

En julio de 2021, la Comisión Europea propuso la creación de una suerte de arancel verde para unos pocos sectores elegidos. Según el mecanismo de ajuste en frontera por emisiones de carbono, nombre con el que se bautizó a la propuesta, las importaciones de productos que tengan una alta huella ecológica deberán afrontar un coste extra al entrar en el territorio comunitario. Esto significa impuestos extra para el acero, cemento, aluminio, fertilizantes y electricidad producidos con bajos estándares de protección del medio ambiente.

“El mecanismo europeo de ajuste en frontera no entrará en vigor hasta el año 2023. Posteriormente, los tres primeros años serán un periodo transitorio sin demasiados efectos económicos, sino de rodaje. Es técnicamente muy complejo y por eso se han centrado en productos que son muy conocidos por las Administraciones y que teóricamente resultarán más fáciles de gestionar, aunque de fácil no tiene nada”, reconoce.

Barceló asegura que, en la práctica, esta propuesta significa que Europa por fin se ha dado cuenta de que no tiene sentido cerrar fábricas sometidas a las normas europeas (mucho más exigentes ambientalmente que en otras partes del globo) para trasladar la producción a otros países con reglamentos más laxos y terminar importando esos productos. “Lo que no tiene sentido es que hagamos la ficción en Europa de cerrar las plantas y nos dediquemos a importar acero producido de cualquier manera en terceros países”, afirma Barceló.

Maniobra conjunta

El último día de octubre, Estados Unidos y la Unión Europea lanzaron un comunicado conjunto anunciando un acuerdo para cambiar el mercado de acero y aluminio. El objetivo del pacto es el de hacer que tanto ambos materiales como sus respectivas industrias sean más sostenibles.

Entrando más en detalle, se busca reducir la intensidad de carbono en su producción y la sobrecapacidad de acero fruto de la intervención estatal de países como China. La forma de combatirlo es mediante aranceles que soportarán el acero y el aluminio producido de forma más contaminante. En el comunicado, ambos bloques también mencionaban de forma explícita la posibilidad de que terceros países que cumplan con la esencia del documento se adhieran al pacto.

Analizando la maniobra, Barceló dice que el acuerdo nace al calor de una respuesta estadounidense para no verse perjudicado por la barrera verde que prepara la Unión Europea. “Ahora está en un estado inicial, solamente está la parte de la declaración política. Eso será bueno, porque no solamente es la UE y EE UU, hay otros países en el mundo que son limpios, si utilizamos términos coloquiales. Es equivalente tanto la calidad de su producto como la intensidad de carbono del proceso. Por ejemplo, la producción de Japón o Corea del Sur es equivalente a la que puede haber en las mejores plantas europeas”, valora el experto.

Aunque Estados Unidos y la Unión han dado el primer paso conjunto, según Barceló, sus motivaciones son diferentes. “El deseo de las autoridades europeas es expandir la ambición climática. Con el acuerdo del acero y el aluminio desde Europa se espera que más países se sumen. El objetivo final es que nadie pague el mecanismo y que todo el acero se produzca de forma limpia. No es un objetivo proteccionista, sino más bien ecológico. La propuesta de la Comisión establece incluso que los países que tengan fijado un sistema de precios pueden estar exentos también. La ambición europea es más ambiental que proteccionista; la norteamericana, no estoy tan seguro”, concluye.

Tensa tregua comercial

El mismo día que la UE y EE UU hicieron público su pacto sobre el acero y el aluminio, paralelamente declararon que frenarían las disputas que ambos tenían en la Organización Mundial del Comercio por estos materiales. “Basado en la Ley de Seguridad Nacional, Trump puso un arancel del 25% a las importaciones de acero en EE UU. Como consecuencia de aquello, se activaron medidas de salvaguardia en la UE. Ahora se ha llegado al acuerdo mediante el cual la UE ha renunciado a impulsar medidas compensatorias a las que tenía derecho según la OMC. A cambio, EE UU establece unos límites para que los aceristas europeos puedan exportar ciertas cantidades libres de ese arancel”, resume Barceló. Pese a la tregua, el experto recuerda que el problema de fondo sigue presente al no haberse eliminado los aranceles y al ser las cuotas de importaciones exentas insuficientes.

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