Guerra por el talento: el mayor reto de España en los próximos 100 años

La revolución digital ha transformado la contratación de personal de alta cualificación en un mercado internacional dominado por la oferta

El concepto de guerra por el talento fue introducido por McKinsey & Company en un famoso paper titulado The War for Talent del año 1998. En los albores de la revolución digital y la burbuja de internet, la consultora ya atisbaba cómo muchas organizaciones americanas comenzaban a tener problemas de oferta de talento de alto potencial en puestos clave, lo que provocaba enormes tiempos de sustitución y aumentos de sueldos muy importantes en posiciones ejecutivas clave.

El concepto es sencillo: la revolución digital que vivimos desde finales del siglo XX ha transformado el mercado de la contratación de talento de alto potencial (entendido como el talento cualificado más productivo, más difícilmente automatizable y reemplazable por máquinas) en un mercado controlado por la oferta y no por la demanda. Vivimos una situación en la que compañías de cualquier tipo y sector compiten por contratar el mismo tipo de talento cualificado y en la que ese talento tiene, por tanto, muchas más oportunidades y mucho mayor poder en la relación laboral del que podría haber tenido en cualquier otra época de la historia.

La causa fundamental de la guerra por el talento es la revolución tecnológica, que ha provocado tres cambios fundamentales en la estructura de la economía:

1. El cambio de la relativa importancia de los factores productivos: el talento ha superado al capital como el factor productivo clave de la economía. En el año 1975, apenas el 16% de los activos de las empresas más grandes del mundo (Exxon, IBM, GE, P&G) eran intangibles. En 2021, el 84% de los activos de Amazon, Facebook o Google son intangibles, es decir, que lo más valioso que tienen son sus equipos de ingeniería capaces de cambiar industrias completas con software y talento.

2. El cambio de las relaciones laborales, no solo en su tiempo, sino en su propia naturaleza. La duración media del empleo cualificado ha caído hasta los 2,8 años de media, según el último informe del Departamento de Estadísticas de Empleo de Estados Unidos. Esta mayor rotación, unida al auge del trabajo por proyectos y del mundo freelance, cambian radicalmente la naturaleza de las relaciones laborales.

3. La polarización de la productividad y la creación de élites ultraproductivas, responsables cada vez de un porcentaje mayor de la creación de riqueza a nivel mundial. Un estudio de McKinsey del año 2017 demostraba que el talento de alto potencial es de media cuatro veces más productivo que un trabajador medio, con hasta ocho veces más productividad cuando se enfrenta a tareas complejas. Resulta evidente que, con las nuevas herramientas digitales, la desviación típica de la distribución de productividad humana ha aumentado de forma exponencial. Por otro lado, el Covid y la aceleración del trabajo remoto y flexible no hacen sino acelerar una globalización de la fuerza productiva que ya se experimentaba desde hace años, pero donde ya no existen barreras geográficas: ya no hace falta vivir en Nueva York o Silicon Valley para trabajar para las compañías más innovadoras del mundo. De este modo, esa guerra por el talento que tradicionalmente se entendía en la competición de empresas por talento, salta ahora a la competición entre unos Estados-nación en decadencia que cada vez necesitan más de ese talento para sostener sus economías.

Por tanto, si queremos que España genere riqueza y asegure el bienestar de las generaciones actuales y futuras, la atracción y retención de talento de alto potencial es el factor más importante de cara a los próximos 100 años. Necesitamos atraer ese talento puesto que donde vivan, donde generen riqueza, donde paguen impuestos y donde consuman estas personas determinará en gran medida la capacidad de los Estados de prosperar.

En esta guerra por el talento, España parte de una situación privilegiada para competir por este recurso valiosísimo: nuestro estilo de vida, nuestra gastronomía, nuestro carácter, nuestra posición geográfica, nuestra esperanza de vida y la seguridad e infraestructuras de transporte de que disponemos nos permiten pensar que es posible hacer de España un polo de atracción de talento a nivel mundial. Además, nuestro país tiene muy buenas escuelas de ingenierías y un porcentaje relativamente elevado de perfiles STEM que permite pensar que es posible crear polos de desarrollo tecnológico, como ya han empezado a realizar empresas como Google, Amazon, o startups con sedes en Delaware e inversores estadounidenses pero equipos técnicos basados en Madrid, como Fever o Capchase, entre otras muchas.

No obstante, también tenemos retos muy importantes: España es un país donde crear una compañía, realizar transacciones o repartir paquetes de acciones que atraigan el talento sigue siendo algo altamente complejo y requiere de un elevado gasto administrativo y procesos burocráticos lentos, tanto en comparación con EE UU como con otros países europeos. Del mismo modo, no existe un atractivo fiscal que impulse a talento y startups a querer localizarse en España. Finalmente, tras muchos años de software, apps y plataformas digitales simples, la siguiente revolución tecnológica va a estar mucho más ligada a la investigación básica y a la verdadera disrupción de materiales, tecnologías y procesos, donde España presenta un grave problema de falta de inversión y de escasa transferencia tecnológica.

Sería muy complejo dar una solución exhaustiva que permita a nuestro país convertirse en un polo de atracción de talento, ya que lograrlo será un proceso largo y costoso y que pasará por otras reformas clave, tales como una nueva reforma laboral que reduzca la temporalidad, una importante inversión en infraestructuras o una mejorada ley de educación, entre otras muchas.

No obstante, hay tres iniciativas clave a corto plazo que podrían ayudar a España a comenzar a atraer talento de alto potencial y a posicionarse en la guerra por el recurso más escaso y valioso de la economía: el talento. Estas medidas son:

1. Mejorar la legislación sobre las stock options en la reciente ley de startups (por el problema fiscal y de caja que suponen) y cambiar la Ley de Sociedades de Capital (permitiendo en mayor medida la autocartera) para ayudar al ecosistema startup español a competir con sus homólogos europeos en igualdad de condiciones.

2. Realizar un gran plan de aumento de la inversión en I+D+i y de la transferencia tecnológica que fomente la inversión de las empresas españolas en investigación y su colaboración con las universidades para llevar esa investigación al mercado.

3. Llevar a cabo un plan de atracción fiscal de talento tecnológico. En lugar de bajar el impuesto de sociedades como propone la nueva ley de startups, hay que reducir cotizaciones y facilitar el empleo de españoles y extranjeros por parte de empresas tecnológicas extranjeras en España. Del mismo modo, debemos ser más agresivos en la reducción impositiva al talento que decida localizarse en nuestro país, tanto si trabaja para empresas con sede en España como si lo hace como freelance o nómada digital trabajando para empresas extranjeras.

Ramón Rodrigáñez Riesco es Cofundador y COO de Nova Talent