La transitoriedad ya no se cuestiona...se teme lo siguiente

Los mercados han asumido que la inflación tal vez no sea pasajera y tienen la vista puesta ya en la subida de tipos

Estamos en pleno período de lanzamiento de guantes entre los bancos centrales y los agentes de mercado. Es una situación en la que no sabremos si llegará a haber duelo, pero que sigue pareciendo una búsqueda de nuevas cotas en lo que a tipos de mercado y de rentabilidades se refiere.

La confianza no está en su momento álgido, y la culpa la puede tener el famoso concepto de transitoriedad al que tanto han apelado los banqueros en los últimos tiempos, y que empieza a entenderse de una manera diferente por parte de los mercados, con cierto tono de sentirse algo defraudados por haber creído en algún momento que las subidas de precios eran, o siguen siendo –porque en ello siguen los banqueros–, transitorias. Parece que lo importante es definir la duración temporal de algo transitorio, algo que no está claro para todos, aunque esa ambigüedad es quizás la mejor arma de los bancos centrales a la hora de defender que la inflación es pasajera.

Es cierto que todos los factores que están detrás de esta escalada en precios, como las distorsiones en los procesos productivos, el desajuste del mercado laboral que desemboca en posibles subidas salariales, la crisis energética, los elevados precios de materias primas y, en general, todo lo que tiene que ver con este impasse en el que la situación económico-productiva, ha pasado de apagarse por completo a encenderse de repente y con muchas ganas –ganas de consumir, de producir, de gastar, de vivir–, deberían de ser transitorios. Pero lo que ha pasado no es tan sencillo como irse y volver, porque hay que reajustar muchas cosas, y la duración de ese ajuste –entendiendo que será limitada–, no sabemos hasta qué punto será transitoria, en la medida en que todo lo transitoria que sea, así lo será en gran parte la subida de precios.

Pero los agentes de mercado y los operadores han dejado de confiar en su totalidad en este famoso concepto cuasi-impuesto como una realidad innegable. Han pasado de digerirlo, asumirlo y/o aceptarlo, a desconfiar de la posibilidad de que, no solo se falte a lo esperado cuando la cuestión no sea pasajera, sino que no se confíe en que lo que viene después –que es lo realmente importante– vaya a venir antes de lo que se dice y de manera más agresiva.

Y lo que viene después es la subida de tipos: el comienzo de algo que será inevitable y ante lo que los mercados en general podrían estar tranquilos. Sobre todo si siguen confiando en los mensajes oficiales sobre la no ocurrencia de este movimiento hasta entrados en 2023, pero con el añadido de desconfianza tras verse algunos de sus integrantes algo defraudados por haber confiado en mensajes previos que no se están cumpliendo. De hecho, muchos analistas ya empiezan a anticipar el primer incremento de tipos en Estados Unidos a mediados de 2022, con algo más de dos subidas de un cuarto de punto que pueden ocurrir de aquí a principios de 2023, según las predicciones de mercado a día de hoy.

Y es aquí donde han llegado los bancos centrales, a fortalecer este sentimiento en algún caso, o a quitarle algo de hierro en otro. Empezábamos por el BCE hace unos días, con Lagarde mostrándose cautelosa respecto a todos los riesgos latentes, generosa respecto a todas las herramientas a utilizar y segura con respecto a que la inflación es transitoria. Pero con una afirmación sobre que la inflación que es más alta ahora de lo que hubiera esperado el banco central (y que seguirá en esta línea ascendente al menos en lo que queda de 2021) provocaba reacciones de incrementos de rentabilidades en los días posteriores, desatando los miedos a que ocurra o lo que tiene que ocurrir para contenerla: subir los tipos. Seguíamos por la Fed, con un Powell que manejaba el mensaje muy bien, para ser lo suficientemente dovish a la vez que anunciaba oficialmente el comienzo del famoso tapering. Pero el mensaje también dice que al final de ese tapering, esperado en verano de 2022 –si se cumplen predicciones– le antecederán subidas de tipos como proyecta el mercado.

Un mensaje suficientemente convincente para que el mercado reaccione hacia el lado contrario que con Lagarde, provocando rentabilidades de vuelta a niveles anteriores al evento del banco europeo. Y acabábamos con el Banco de Inglaterra, que es el que ha terminado por afianzar un sentimiento de mayor confianza respecto a que los tipos no tengan por qué subir aun, porque este banco central no los tocaba a pesar de esperarse que podía haberlos subido. Demuestra que da más importancia a la ralentización de la demanda doméstica – que podrá ir a peor precisamente por el incremento de precios– que a la propia evolución reciente de la inflación.

Ahora todo está ya más tranquilo después de que los tipos vuelvan a ajustarse a la baja, con lo que le gusta esto a las bolsas. Ya sabemos que, cuanto menores sean los tipos de descuento de flujos a la hora de valorar negocios, mejor se lo toma el equity, el cual sigue batiendo máximos día a día amparándose en las buenas noticias de la presentación de resultados empresariales del tercer trimestre.

Es un período de retos para las compañías, que tienen que lidiar con todos esos procesos de distorsión en la producción y factores que llevan a gestionar su actividad de manera diferente –necesariamente más eficaz y eficiente–, pero que siguen saliendo en su mayoría airosas de este challenge.

Y es que, agarrarse a la economía real, que viene bien representada por los números que cada empresa o industria presenta, es siempre un soplo de aire fresco entre todos los factores que influyen en la situación de los mercados actualmente. Pero hacer esto tiene más carga subjetiva de lo que representa la lectura de la situación empresarial, estrategias y los puros números que reflejan la actividad más real de la economía. Pues bienvenido sea un análisis con menos carga subjetiva y más admiración de lo bien que se siguen haciendo las cosas, aun en un entorno tan complicado como

Jesús Sáez es Responsable de Mercado de Capitales de Natixis Iberia