El valor del conductor en una Europa que se queda sin ellos

Según la asociación europea de transportistas, se necesitan 400.000 profesionales para cubrir las necesidades del continente

Uno de los temas más extendidos en todos los foros relacionados con el transporte y la logística es la situación especial que vivimos ante la escasez de conductores, problema generalizado en las compañías del sector, pero que no es nuevo, sino fruto de una evolución más o menos reciente. A esta situación general, se unen los problemas originados por el Brexit en los tránsitos a Reino Unido, que ya son una pesadilla y que, sin tener una relación única y directa con la falta de conductores, han venido a agravar más la situación en general.

Es una realidad es que nuestro país y Europa se quedan poco a poco sin conductores, según la asociación europea de transportistas, UETR, se necesitan 400.000 profesionales para cubrir todas las necesidades de las empresas transportistas en todo nuestro continente. Este dato, que realmente cuesta creer, nos muestra un escenario realmente preocupante. Esta ausencia de profesionales nos debe hacer reflexionar sobre las causas que nos han llevado a esta situación.

No hay sola una motivación, sino que hay un conjunto de factores detrás, que desde muchos puntos de vista se podrían prever desde hace tiempo. No sé si este es el orden correcto, pero el primero a destacar es el proceso de sobreutilización de mano de obra extranjera, extracomunitaria en algunos casos, que se ha realizado en los últimos 20 años, para paliar a corto plazo un problema en gran medida estructural. Estos profesionales han ido cambiando en cuanto a sus necesidades sociales y económicas, de forma paralela a sus países de origen, especialmente Rumanía, Polonia, Ucrania etc.., buscando una alternativa de tránsitos más locales, en sus zonas de origen, que les provee de una mayor calidad de vida.

En segundo lugar, la falta de personas que se habilitan como conductores a nivel nacional e internacional, al ser considerado un empleo que demanda una gran capacidad de sacrificio y en muchos casos mal remunerado. Esta falta de nuevos conductores ha motivado un envejecimiento progresivo de las plantillas de todas las compañías y de los autónomos en general, que no se ha podido sustituir por nuevas incorporaciones, diversos estudios nos dan una media cercana a los 50 años.

Y, en tercer lugar, y muy importante, la existencia de una tendencia social en los jóvenes que se muestran enormemente reacios a este tipo de empleos, que exigen una gran disponibilidad, una fuerte motivación y una retribución no acorde con este esfuerzo. Para las generaciones más jóvenes, se trata no tanto de una profesión no deseable como rechazable, y baste con ver el número de estas personas menores de 35 años que se inscriben en cursos de capacitación, cuyo coste en muchos casos están subvencionados por administraciones públicas y por empresas del sector. El número de personas de este segmento social con deseo de acceder a esta profesión es prácticamente cero.

A estos motivos hay que sumarle el fuerte crecimiento del e-commerce, que ha provocado que muchos de los profesionales que hayan optado por el transporte de media y larga distancia se pasen al transporte de última milla, buscando en lo posible mejorar sus condiciones en lo que a horarios más flexibles y sin pernoctaciones fuera de sus hogares, lo que mejora no tanto su nivel económico como sus condiciones sociales. Hoy en nuestras sociedades más avanzadas, la calidad de vida, la conciliación etc.., son valores que están por delante de las necesidades económicas. Los sociólogos podrían, desde la perspectiva de Maslow explicar esto con más profundidad.

La situación es clara, no hay y no es previsible que haya mayor número de conductores a medio y largo plazo. Las empresas de transporte llevan mucho tiempo demandando soluciones a las administraciones públicas y como no puede ser de otra manera buscando las suyas propias, la implantación de mega-camiones, dúos etc.., además de ser soluciones claramente orientadas a la sostenibilidad y a la responsabilidad social, tienen un componente de ahorro de mano de obra relevante, de disponibilidad de profesionales por cada carga o tonelada transportada. Estos medios, creo que modestos todavía, no tienen la capacidad de acometer un problema estructural mucho más profundo.

Y en cuanto a las soluciones, que no son mágicas, podemos citar dos, una desde el punto de vista de infraestructuras y otra desde el punto de vista social. La primera es más que evidente, la ansiada del desarrollo multi-modal en un país especialmente dotado en su red ferroviaria, pero que por una parte no cuenta las inversiones necesarias para su reconversión de una red de pasajeros a una red de carga, y por otra, lidia con el factor de estar en manos del Estado, lo cual la hace en principio más difícil, y escasamente competitiva.

Y la segunda es dotar a esta profesión de alicientes tanto económicos como sociales que motiven a esta generación y a los desempleados existentes en nuestro país, que no son pocos, a optar por acceder a un empleo más que digno y de una enorme importancia. Factores no sólo salariales sino de condiciones de vida, cambios estructurales, de paradas, de rutas etc.., para que, por ejemplo, puedan pernoctar habitualmente en sus casas etc.., son fundamentales en un país y en una Unión Europea, en la cual la sociedad es más demandante de ventajas sociales del estado del bienestar que de soluciones puramente económicas.

Otro aspecto que puede ayudar a este y a otros muchos sectores es poner en valor la capacitación de la Formación Profesional en general y especialmente en trasporte y logística, que faculte a los jóvenes ya los desempleados a adquirir una formación técnica que, por una parte, responda a las necesidades del mercado, y facilite a dstos su incorporación e integración laboral. Soluciones estructurales, en definitiva, que no son de aplicación en el corto plazo y en la mayoría de los casos, y que obliga a que todos los agentes sociales sin excepción se involucren para que nuestros conductores y los conductores del futuro sigan recorriendo nuestras carreteras y cumpliendo una más que importante función social.

Alberto García de Castro es Director Comercial & Marketing Iberia en Grupo ID Logistics