La carencia de ‘fish and chips’

El problema de desabastecimiento de semiconductores es tan grave que Europa ha anunciado la puesta en marcha de una Ley Europea de Chips

La sobrepesca es un problema que afecta los mares y océanos en la actualidad. Ocurre cuando se pescan más peces de los que nacen. Es decir, no se deja suficiente tiempo para que las poblaciones de peces vuelvan a regenerarse, y existe un grave problema de poca oferta y mucha demanda. Lo mismo pasa con los chips. No hablo de las patatas cortadas en tiras finas y fritas que acompañan al pescado en el famoso plato nacional inglés fish and chips, sino de los circuitos electrónicos de material semiconductor que realizan una función electrónica. Los famosos microchips (chips).

Los chips son componentes vitales en prácticamente toda la tecnología que nos rodea y que utilizamos cada día, desde la cafetera, al microondas, el lavavajillas, el coche, los ascensores de la oficina, y muchas cosas más. Eso sin contar la multitud de aparatos tecnológicos desde nuestro smartphone, ordenador portátil y computador en la oficina hasta los servidores que nos permiten trabajar y acceder nuestros documentos. Todos cuentan con chips para realizar sus funciones. ¿Entonces, porque existe una carencia de chips? Volvamos al tema de oferta y demanda.

Primero está el tema de cantidad de chips, cada vez la tecnología está más conectada y conlleva más chips integrados. El mejor ejemplo es el del coche. En 2016, cada vehículo nuevo equipaba de media más de nueve chips, en dispositivos tales como la unidad de control del airbag, el sistema de frenos o el de asistencia al aparcamiento. En 2019, esta cifra ya era de más de 17, y en 2021 es más de 20 y con los coches eléctricos y autónomos este número sigue subiendo. Este ejemplo claramente indica el aumento en demanda para microchips, pero tengamos también en cuenta que nuestros dispositivos como lavadoras, secadoras, neveras, aspiradoras robot, entre otros, cada vez son más inteligentes gracias a los microchips. Cada mejora y subida en sofisticación de estos aparatos incrementa la demanda de los microchips.

Por otro lado, tenemos el tremendo auge de la transformación digital, un mundo cada vez más interconectado, con dispositivos y tecnología cada vez con más potencia, más agilidad y si, con más microchips. Además, esta demanda se ha visto aún más acelerada por la pandemia, la cual ha impulsado el teletrabajo y la rápida adopción de más dispositivos tecnológicos. Esta demanda repentina de dispositivos para teletrabajar ha secado el mercado. Hoy en día, la media española de dispositivos conectados en casa es de entre 8 y 10 por vivienda, hace dos años era de 5 ó 6. El rápido avance del 5G y el del internet de las cosas también alimenta esta demanda al tener más dispositivos conectados a la red, necesitando más chips para cumplir más funciones de interconectividad.

Más allá del lado de la demanda, la situación por el lado de la oferta también ha sido complicada. Por la crisis del Covid-19 los fabricantes de chips planificaron una demanda inferior, producto de la propia crisis económica, que en principio debería haber afectado al consumo, reduciendo también las ventas de dispositivos electrónicos. A esto hay que sumar que cuando la industria logró operar al máximo su capacidad de producción las averías en cuatro instalaciones de Texas, y un incendio en una fábrica de chips en Tokio empeoraron la situación, prolongando la escasez de chips.

La situación actual de la escasez de microchips ha creado varios problemas. En España, por ejemplo, que es el segundo productor de Europa y octavo del mundo, la fabricación de vehículos registró en el primer semestre un retroceso del 21,6% en comparación con el mismo periodo de 2019. Es decir, 300.000 coches menos, situándose en 1,2 millones de unidades. La escasez de chips obliga a los fabricantes a reducir la producción y frenar la venta de coches nuevos. Al mismo tiempo los fabricantes de tecnología están preocupados por cómo la escasez de chips afectará la producción de sus dispositivos electrónicos. Empresas como Apple ya han declarado públicamente que se verán afectados.

La situación actual es tan preocupante, que ya se han puesto en marcha varias iniciativas. Primero a nivel global los fabricantes de chips han rápidamente incrementado sus inversiones en más capacidad, en ampliaciones de fábricas, y esto está sucediendo en todos los países productores de chips como EE UU, Japón, Taiwán, China y otros. Pero posiblemente, lo más importante ha sido el reciente reconocimiento en Europa anunciado hace dos semanas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la puesta en marcha de la nueva Ley Europea de Chips. La UE utilizará esta legislación para impulsar una mayor resiliencia y soberanía en las cadenas regionales de suministro de chips y semiconductores. Ursula von der Leyen incluso sugirió que obtener una mayor autonomía en la fabricación de chips es ahora un componente clave de la estrategia digital global de la UE. Indicó que la escasez mundial de chips, que ya ha provocado una desaceleración en la producción de productos que dependen de chips desde automóviles y trenes hasta teléfonos inteligentes y otros productos electrónicos de consumo, impulsa la preocupación de los legisladores de la UE sobre la capacidad europea en esta área. Estas medidas reconocen que los chips son absolutamente fundamentales en nuestro uso de tecnología, y un componente que utilizamos todos los días en nuestra vida cotidiana.

Al igual que se han tomado grandes medidas para proteger los océanos, fomentar la biodiversidad marina, y realizar la pesca sostenible, ahora el enfoque de la UE es en como avanzar iniciativas similares para mejorar la oferta de chips. Ya se han dado los primeros pasos. Pero si conseguimos tener los mismos avances que se han brindado para la protección de la pesca en los últimos años, la carencia de chips será temporánea y sin duda tendremos fish and chips durante muchos años.

David Vindel es Director Europeo en el área de Tecnología, Hill+Knowlton Strategies