Manuel Gil: “La erótica de la feria de Madrid no es virtualizable”

La Feria del Libro vuelve al Retiro, esperando alcanzar los 10 millones de euros. Entre sus novedades está la presentación de una historia gráfica del evento

Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid.
Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid.

Hace cinco años que dirige la Feria del Libro de Madrid. Manuel Gil (Albacete, 1956) ha tenido que lidiar con la crisis sanitaria del coronavirus y, por tanto, con un evento diferente, virtual. Pero en 2021 la celebración vuelve al parque de El Retiro de Madrid, donde su director espera llegar a las cifras prepandemia, con 10 millones de euros de venta y 550.000 ejemplares vendidos.

¿Qué tendrá de nuevo esta feria de reencuentro?

En el fondo es muy similar a las que hemos hecho en 2017, 2018 y 2019. Hemos incorporado dos cosas. Una historia gráfica, que creo que es interesante para la archivística y la memoria del sector. Y una entrega de premios Lealtad porque queremos empezar a premiar trayectorias. En este caso, se va a premiar a las editoriales Juventud y Morata, a la librería Miraguano, que lleva 50 años en la feria, y al distribuidor Miguel García. Queremos volver a la presencialidad porque la experiencia que tuvimos de feria virtual nos dio muchísima audiencia en países a los que con un evento normal no vas a llegar nunca, pero tenía el problema de que la erótica de la feria de Madrid es que estás a un metro de tu escritora o escritor favorito y eso no es virtualizable.

Los madrileños han comprado más libros en 2021 que en 2019. ¿Ha sido la pandemia un impulso?

Los datos de lectura durante el confinamiento han sido espectaculares. El crecimiento de la consulta de libros digitales en las bibliotecas públicas fue increíble. Desde ese punto de vista, la lectura ha sido, desde luego, una ayuda enorme para la gente que realmente estaba pasándolo mal.

A pesar de las medidas de aforo, las expectativas de afluencia son buenas.

Desde luego, el sector está volcado completamente todos a una. En cuanto al control de aforo, sería absurdo pensar que de los más de dos millones de personas que visitan la feria sean todos compradores. Pero, ¿quién va a venir? ¿Quién va a aguantar la incomodidad que a veces tienen los controles de aforo? Evidentemente, las personas que vienen con una lista de libros que han venido apuntando durante este tiempo. Esperamos que incluso las cifras de comercialización se acerquen bastante a lo que hemos mantenido estos últimos años. Yo creo que ahí nos podemos llevar una sorpresa porque va a ser una compra muy cómoda.

En esta edición el país invitado es Colombia, ¿qué puede aportar su cultura?

España tiene un problema respecto a América Latina en un sentido cultural. Muchas veces, los analistas hablan de la asimetría o del concepto de disonancia en la reciprocidad. Es decir, ahora mismo, me da igual que hablemos de Colombia, que de Argentina, que de Chile, que de México. En todos estos países conocen perfectamente las editoriales españolas, los autores y autoras. Sin embargo, nosotros desconocemos completamente lo que está ocurriendo ahí a ese nivel. En ese sentido, la feria tiende puentes. El desarrollo de industrias culturales y creativas en Colombia es una barbaridad. Los autores invitados van a hacer que esto se convierta en una especie de homenaje a la relación fraterna que tiene que tener España y que tiene que tener la Feria del Libro de Madrid con los países de América Latina.

Además de mejorar los datos de lectura, también ha crecido el número de nuevos libreros jóvenes.

La cantidad de booktubers y de youtubers recomendando libros es enorme y, en muchos casos, son prescriptores natos y netos de lectura. El segmento joven nos interesa mucho. Somos una feria con dos características fundamentales. Por una parte, es una feria muy de mujer, con un porcentaje del 65%. Pero también es una feria muy joven. En torno al 40% de los visitantes pertenece a una franja de entre los 17 y los 25 años. Es un dato curioso.

¿La sostenibilidad es un requisito para atraerles?

Hay una serie elementos donde la feria tiene recorrido para avanzar en los próximos años: ir hacia una feria verde sería uno de los grandes objetivos. Ahora, con el tema de la medición de la huella de carbono, una vez que salen esas cifras nosotros las compensamos a través de un programa del Ayuntamiento de Madrid. Somos una feria neutra en carbono, pero todavía no somos una feria verde.

¿De qué manera ayuda que vuelva a celebrarse de manera presencial?

Es una feria muy querida y muy necesitada. El sector no lo ha pasado bien a lo largo de este tiempo, aunque los datos económicos son buenos, pero no son para todos igual. Es una forma de volver a resituar el libro y que durante 17 días se coloque en el debate público. Para las editoriales es una fuente de ingresos, para las librerías también. Hemos estado siguiendo en las redes sociales cómo respiraba, no solo la industria, sino la propia sociedad lectora, y había un interés enorme en que la feria volviese porque es una forma de avanzar en una normalidad a la que todavía no podemos aspirar.

Los autores son la cara visible, pero, ¿hasta qué punto se reconoce también la labor de editoriales o distribuidores?

Yo creo que en la cooperación está a base de la recuperación. En la feria, por ejemplo, llevamos ya dos años trabajando codo con codo con la asociación de editores de Madrid, con la federación de editores, con el gremio de librerías de Madrid, con la federación de distribuidores... Hay un clima francamente bueno, positivo, porque todos estamos en el mismo barco. No nos pisamos la manguera porque evidentemente es absurdo. Hay ahora un consenso general en ir hacia adelante, en reencontrarnos con el parque y, desde luego, en que cuando los lectores vengan a la feria sea como sacar un pasaje al paraíso de la lectura. Esa es la idea.

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