Tesón y flexibilidad para capear la peor crisis que ha vivido el turismo español

La estrategia que han adoptado las empresas es una sabia combinación de descuentos y garantías

La dureza de la crisis económica desatada por la lucha contra el Covid-19 dejará una huella histórica en la industria turística española en lo que se refiere a pérdidas económicas y destrucción de tejido empresarial, pero también generará una experiencia y un conocimiento del mercado que solo se adquieren cuando se capea una fuerte recesión. Los datos del mes de julio confirman el devastador efecto que han provocado las restricciones de movilidad en Europa y la irrupción de las nuevas mutaciones del coronavirus, concretamente la variante Delta. Los hoteles españoles recibieron 26,4 millones de pernoctaciones en el séptimo mes del año, más del doble que en el mismo mes de 2020, cuando el país se hallaba bajo el azote de la primera ola del Covid-19, pero todavía muy lejos de los años de vacas gordas anteriores a la crisis, cuando la cifra llegó a alcanzar los 43,2 millones. Entre los grandes cambios que ha provocado la pandemia y que reflejan todos estos datos destaca el crecimiento exponencial de los clientes nacionales, que han pasado de ser un tercio del total a superar la mitad, y la fuerte caída de los extranjeros, inevitablemente condicionados por las restricciones, los requisitos para viajar al exterior y las listas negras de destinos creadas por gobiernos como el de Reino Unido o Alemania.

La estrategia que han adoptado las empresas españolas para tratar de sacar el mayor partido posible a la adversidad ha sido una sabia combinación de descuentos y flexibilidad, lo que explica que en algunas zonas, como Andalucía, algunos hoteles hayan cubierto el 70% de sus plazas. Desde el sector se apuesta por extender las ofertas y descuentos hasta el mes de octubre en un intento por alargar el verano y atraer a visitantes que no hayan querido o no hayan podido viajar en los meses estivales. La experiencia acumulada estos meses demuestra que no solo los menores precios, sino también la posibilidad de cancelar sin costes las reservas, constituyen poderosas herramientas para atraer de nuevo el turismo. A estas alturas de la crisis sanitaria, con la caída de los índices de mortalidad, el temor a perder el dinero por un brote local o por un caso en el propio entorno familiar disuade a muchas personas a la hora de viajar más que el propio riesgo sanitario.

Frente a una gestión de la pandemia en la que ha habido errores, descoordinaciones y pasos en falso que en algunos casos han tenido que enmendar los tribunales, la industria turística ha demostrado flexibilidad, resistencia y capacidad de adaptación en medio de una crisis que ha pulverizado todas las previsiones y ante una recuperación que, por las propias características del sector, resulta más compleja que en otros mercados.