Comisiones bancarias para que no se gripe la rentabilidad

Las entidades españolas tienen margen para aumentarlas desde el 25% del total de ingresos consolidados hasta alcanzar la media europea, del 30%

Cuántos equipos de Fórmula 1 sobrevivirían o seguirían siendo rentables si limitasen la potencia de los vehículos y apenas llegasen a los 80 kilómetros/hora? Seguramente ninguno. El espectáculo, los espectadores, los patrocinios y la publicidad se resentirían. Algo parecido está sucediendo tanto en el sector bancario español. Los bajos tipos de interés están suponiendo una limitación para la rentabilidad del negocio bancario.

La banca tradicional se basa en captar financiación (depósitos, fundamentalmente) a corto plazo para prestar a largo. Por tanto, la rentabilidad se deriva, en esencia, de la capacidad de gestionar el riesgo de liquidez asociado a la intermediación entre los tipos a corto y a largo plazo.

Sin embargo, debido a la política monetaria ultraexpansiva, que está generando escasas diferencias en la curva de tipos, a las exigencias regulatorias de más capital, de mayor calidad, y a las mayores provisiones, la rentabilidad bancaria es muy reducida. Antes de la crisis del Covid, entre 2013 y 2019 la rentabilidad sobre recursos propios (ROE) del negocio bancario en España fue en promedio del 4%, por debajo del coste del capital, y muy inferior a la de otros sectores de actividad. La pandemia supuso una caída de la ROE a un nivel del -7%, pero en el primer trimestre de 2021 se ha recuperado con fuerza, por encima del 15%.

Pese al repunte del último trimestre, los problemas de rentabilidad de la banca persisten y provienen de la parte alta de la cuenta de resultados, pues la actividad de intermediación apenas genera margen sobre los costes. Por ejemplo, el margen de intereses doméstico de las entidades de depósito en 2020 fue de 23.000 millones de euros (0,86% de los activos totales medios), frente a los 25.300 millones de gastos de explotación (0,94%). Los datos del primer trimestre de 2021 muestran este mismo hecho: la actividad tradicional no cubre los gastos de explotación.

Como respuesta, los bancos llevan ya años recortando costes y ganando economías de escala a través de los procesos de digitalización y de fusión en curso. La otra palanca de la rentabilidad es la búsqueda de nuevos ingresos, como muestra el Observatorio de la Realidad Financiera (Orfin) en su informe de diciembre de 2020. Los ingresos distintos de intereses en el negocio doméstico han pasado de representar el 36% del margen bruto en 2009 al 52% en el primer trimestre de 2021. A finales de 2020, el último ejercicio completo, el margen bruto representaba el 1,71% de los activos totales medios frente al 0,86% del margen de intereses, por lo que los ingresos distintos al cobro de intereses aportan el 50% de los ingresos totales.

La partida más importante de los ingresos distintos de intereses son las comisiones, que representan actualmente el 28% del total de ingresos, 10 puntos porcentuales más que en 2009. Distinguiendo por tipos de comisiones, por cada 100 euros de comisiones bancarias en marzo de 2021, 29,6 provenían de la comercialización de productos bancarios, 24,6 de servicios de cobro y pago, 3,9 de servicios de valores y 41,9 de otras comisiones (gestión de activos, custodia –inversión colectiva–, garantías, etc.).

¿Hay capacidad para que los bancos sigan incrementando los ingresos por comisiones? Contestar a esta pregunta es equivalente a plantearnos qué tendrían que hacer los equipos de Fórmula 1 para seguir atrayendo público a las carreras si persistiese la hipotética restricción. Los aficionados tienen que percibir que, pese a la menor velocidad, continúan divirtiéndose con el espectáculo. De igual forma, los bancos deben ser capaces de ofrecer productos y servicios de mayor valor para sus clientes.

La innovación y la tecnología no deben utilizarse solo defensivamente, para reducir costes, sino también deben ser disruptivas y permitir desarrollar nuevos productos y servicios en los que los clientes estén dispuestos a pagar. Las nuevas tecnologías, las fintech, el big data, etc. son palancas esenciales para esto. Aquellas entidades que las utilicen modificando sus estructuras para exprimirlas al máximo podrán mejorar sus ingresos ofreciendo servicios que aporten valor al cliente, de modo que esté dispuesto a pagar por ellos.

Un segundo elemento es que las entidades bancarias deberían hacer un esfuerzo de comunicación, sensibilización y transparencia para convencer a los clientes de que las comisiones retribuyen un servicio que efectivamente están recibiendo, y que antes, en muchos casos, pagaban implícitamente.

De todas formas, para responder a la pregunta planteada, las entidades bancarias efectivamente tienen margen para aumentar el volumen de comisiones. De acuerdo con los datos que publica la Autoridad Bancaria Europea, las comisiones son el 25% del total de ingresos consolidados (negocio en doméstico y en el extranjero) en España, mientras que en la UE representan el 30%. Incluso en algunos países llega al 35%, como en Francia o Alemania. Mientras no cambien las condiciones monetarias, la búsqueda de ingresos adicionales, como las comisiones, es una de las principales herramientas para que no se gripe el motor de la rentabilidad.

Juan Fernández de Guevara, Universitat de València e Ivie