Helena Rivero: "Le hacemos el vino de Jerez a Fortnum & Mason"

Heredó el proyecto vinícola que fundó su padre, Joaquín Rivero, ex presidente de Metrovacesa, en 1998 en Jerez

Helena Rivero, propietaria de Bodegas Tradición.
Helena Rivero, propietaria de Bodegas Tradición.

Su padre, Joaquín Rivero, empresario inmobiliario, presidente de Metrovacesa, le confió la niña de sus ojos, las Bodegas Tradición, ubicadas en Jerez y que facturan un millón de euros al año. Allí fue donde Helena Rivero (Sevilla, 1970), apasionada del arte, entró tímidamente y comenzó a catalogar la colección de pintura familiar, con 300 cuadros de Goya, Zurbarán, Velázquez, Murillo o Picasso, de los cuales se exponen en la bodega unos 250. También es socia fundadora de la promotora inmobiliaria Integrity Urbana, y una de las propietarias de la revista de arte Ars Magazine.

Recuerda, durante la conversación frente a un arroz en el restaurante Berlanga, frente al Parque del Retiro, lo pionera que fue en los años noventa al abrir en Madrid un espacio multidisciplinar como fue Garage Regium.

Su familia ha mantenido su vocación bodeguera, incluso en dramáticas situaciones.

Mi padre quiso retomar la actividad que había mantenido la familia desde 1650, y que había pasado de generación en generación. En todo este periodo ha habido momentos malos y buenos. Todo dura mucho y los malos momentos, sobre todo en Jerez, duran mucho más. Ver caer, por ejemplo, a Domecq [a la que pertenece su familia materna], ha sido algo que nadie hubiera imaginado, y ocurrió. Mi familia paterna, mi bisabuelo Joaquín María Rivero, tenía un punto elegante e internacional, pero como pasa a lo largo de todas las épocas, hay una en la que en Jerez iba todo mal.                                                                                                                                 

Y la bodega acabó vendiéndose al grupo Carbonell, con un final trágico como fue la muerte de su abuelo Rafael.

Mi abuelo intentó recuperar la bodega, y eso le costó la vida. Fueron diez años de pleitos, y el día de la resolución, cuando se le agotaron todas las posibilidades, murió de un fallo cardíaco. Fue muy triste porque ahí acabó, en los años 80, CZ Rivero. Una bodega tardas generaciones en montarla y en apenas cinco años te cargas toda la solera. Nosotros envejecemos los vinos un mínimo de 10 años. Tenemos solera.

¿Usted ya llegó con la lección aprendida?

Todo esto hace que tengas claro cuando tienes que tomar decisiones no esenciales, comerciales o empresariales a largo plazo. Te da una perspectiva diferente. De nada sirve ganar más dinero sino puedo perpetuar la marca. Embotellamos el 1% de las existencias y es lo que te hace tener una perspectiva diferente del negocio. No dudo a la hora de tomar decisiones por el bien de la bodega, y no tanto por un determinado momento económico.

¿Cómo les está afectando esta crisis?

Bastante, el principal canal de ventas es el de horeca, y con la restauración cerrada y con las restricciones, es un negocio que ha sufrido mucho. Nos ha afectado mucho, aunque esto ha hecho que el vino gane en envejecimiento. El año pasado sacamos entre 16.000 y 20.000 botellas al mercado, y este año, 25.000, debido a que el mercado internacional se ha recuperado en parte.

¿Cuál es el mejor país?

El mercado inglés se ha recuperado a lo grande. Nosotros somos los proveedores del vino de Jerez que se vende en Fortnum & Mason. Hemos trabajado para ellos, y creemos que el Brexit no va a afectar a la venta del vino de Jerez. Sin embargo, este no es nuestro principal mercado. El gran cliente es Estados Unidos, también Alemania y Suiza son importantes. Los japoneses se vuelven locos con el fino y el amontillado, dado que limpia la boca muy bien y va con el tipo de gastronomía que ellos tienen. Hay que decir que son vinos naturales, que van de la bota a la bodega. El fino lo tenemos entre ocho y 12 años con la flor. El amontillado es el señor de Jerez, ya que reúne todo. Estos dos tipos de vino son de crianza biológica y oxidativa. Y lo que ocurre con ellos, con los vinos de Jerez, es que la parte de la bodega es la más importante, cuando en otros vinos lo importante está en la viña, mientras que aquí está en el tratamiento en bodega, que es lo que da personalidad a los vinos.

Durante años, los vinos de Jerez estuvieron denostados en España.

Cuando murió mi padre hubo mensajes de gente que quería comprar la bodega. En estos momentos, yo veo que el proyecto es cada vez más interesante, y hay gente que siempre se te acerca interesándose por la bodega, pero yo ahora estoy en otra cosa, en afianzar el proyecto y ser feliz.

También se dedica al sector inmobiliario, negocio que heredó de su padre.

Compagino la bodega y la inmobiliaria, otro sector que también ha estado afectado. Con la ayuda de los bancos y de los prestamos ICO se han podido mantener las estructuras, y ahora ya empieza a haber demanda de pisos. A nosotros nos cogió la pandemia con un edificio de apartamentos turísticos en Madrid, pero con la ayuda de los ICO vamos sobreviviendo.

¿Sigue la estela de su padre?

Son años convulsos, pero mi objetivo es mantener el legado de mi padre. He apostado por ello, como él también lo hizo. Partió de la nada y se arriesgó, todo lo que ganaba lo reinvertía. Yo a mi padre no lo recuerdo sufriendo, lo he visto preocupado en la batalla del día a día de la bodega, por ver cómo se crecía. Ahora mi cometido es el de conservar, pero yo tengo resistencia y paciencia. Soy nadadora de fondo. Mi padre fue un visionario, que cuando murió en 2016 llevaba tiempo hablando de residencias de estudiantes, de darle la vuelta al mercado inmobiliario, dominado siempre por las grandes empresas, por los macroproyectos. Estamos desarrollando muchos proyectos en Andalucía, en Puerto Real, en Cádiz. con suelo del Ayuntamiento para hacer viviendas en régimen de cooperativa y de VPO. Los ayuntamientos tienen mucho suelo y están dispuestos a desarrollar proyectos con buna intención para que vivan allí los jóvenes, y de esta manera atraer talento.

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