El tren de la retirada de estímulos ha salido

Bien gestionados, los bonos siguen siendo un gran instrumento para preservar y aumentar el poder adquisitivo, incluso en escenarios de inflación

En su reunión de esta semana, la Reserva Federal estadounidense ha dado un paso relevante, en absoluto preocupante en nuestra opinión, pero sí relevante. Se introduce en la agenda de una manera más oficial y transparente de lo que se venía haciendo hasta ahora la posibilidad de reducir el programa de estímulos monetarios. La principal autoridad monetaria pasa de “no estar hablando de hablar de tapering” a estar discutiendo del tema de forma activa.

La Fed cambia ligeramente el paso. Nada más… y nada menos. Por todos era conocido el hecho de que, dada la fuerte recuperación de la economía, los mastodónticos estímulos monetarios y fiscales y la reapertura definitiva según avanza el proceso de vacunación, la actual política monetaria no duraría para siempre. Por otro lado, existía y existe un convencimiento absoluto de que la Fed no correrá el riesgo de sorprender al mercado y avisará con antelación sobre cada uno de los pasos a dar. Pues bien, el primer paso era iniciar el debate sobre la reducción de los programas de compras de activos. Paso uno finalizado. El próximo es un anuncio concreto de fechas y cantidades, y el siguiente la implementación del plan, pero una vez dado el primer paso, sabemos que se acercan los siguientes.

Debemos en cualquier caso tener muy en cuenta que ese cambio de política monetaria es por una buena razón. Se retirarán estímulos porque la economía puede permitírselo, y si la economía no pudiera, no se retirarían. Quedan pesimistas en ambos lados; los que piensan que la Fed va por detrás de la curva y ha dejado que la recuperación avance demasiado, manteniendo estímulos innecesarios que resultarán peligrosamente inflacionistas en los próximos años; y los que creen que la recuperación es aún débil y que la retirada de estímulos hará explotar por los aires la burbuja de liquidez, con consecuencias muy negativas para la cotización de la mayor parte de los activos. Pensamos que, aun tratando de huir de la complacencia, los dos escenarios extremos, con los datos que tenemos, son tremendamente forzados.

Prácticamente todos los economistas (ya no son todos) esperarían un fuerte repunte de la inflación cuando se expande la masa monetaria y se aplican inyecciones de liquidez de la forma que se ha hecho en los últimos años (y acelerado en la pandemia). Eso no había ocurrido hasta ahora, pero el dato de IPC de mayo en EE UU (+5% años contra año), podría comenzar a darles la razón. Sin embargo, esos mismos economistas tienden a pensar que la inflación que lleva a los precios de bienes y servicios a tomar un carácter más estructural es la de salarios y la que viene por el lado de la demanda. Hasta ahora, los precios han subido por cuellos de botella en las cadenas de producción (problemas de oferta y no exceso de demanda) y las subidas de salarios tienen mucho que ver con las dificultades para contratar en la situación actual.

Siendo la variable inflación el principal factor a tener en cuenta para invertir en renta fija, se abren dos escenarios posibles: si la inflación resulta estructural, los tipos subirán de forma muy acusada; si la inflación fuera solo coyuntural, los tipos se mantendrían bajos durante mucho tiempo. En el primer escarnio hay mucho dinero que perder y en el segundo, muy poco que ganar.

Esta semana la Fed nos ha anunciado que el tren ha partido y el escenario de tipos más bajos que los actuales puede ser descartado. Por eso, la estrategia tradicional de comprar un bono hoy y esperar a su vencimiento, no es una estrategia muy atractiva. La renta fija hace tiempo que no tiene renta y que no es fija.

La buena noticia es que hay otras opciones posibles. Se pueden tener fondos de inversión de renta fija flexible, que implementan diversas estrategias, capaces de preservar capital en los momentos más complicados y que han demostrado ser capaces, con un riesgo muy controlado, de preservar el poder adquisitivo de los inversores batiendo recurrentemente a la inflación.

El riesgo, igual que la energía, ni se crea ni de destruye, sino que simplemente se transforma, hoy más que nunca es hora de retirar riesgo de encima de la mesa en renta fija tradicional para invertir en estrategias más flexibles. Salgamos del riesgo que supone invertir en deuda pública española o alemana, donde necesitamos 7 y 30 años respectivamente para asegurarnos rentabilidades positivas (y siempre muy cercanas a cero) y busquemos gestores de talento que sean capaces a través de la gestión activa y flexible, siempre con un adecuado control de riesgos, ofrecernos una rentabilidad esperada que, si la inflación comienza a normalizar, no termine es una constante pérdida de poder adquisitivo.

Son muchas las gestoras con magníficos fondos de inversión en la categoría de renta fija flexible, pero tratándose de un cajón de sastre, en el que, a diferencia de otras categorías como la renta variable, poco tienen que ver unos fondos de inversión con otros de su misma categoría, toma especial relevancia un adecuado asesoramiento.

Lo que mejor ha funcionado hasta ahora en renta fija no será lo que mejor funcione en el futuro, pero no matemos la mayor clase de activo del mundo. Gestionados de la forma adecuada, los bonos siguen siendo un gran instrumento para preservar y hacer crecer el poder adquisitivo, incluso si eso comienza a complicarse en el escenario que se abre de normalización de la inflación.

Diego Fernández Elices es Director general de inversiones de A&G