Las megaconstelaciones elevan el riesgo de colisiones y escombros

En los próximos 10 años se lanzarán más artefactos que en seis décadas

Solo entre SpaceX y Amazon planean desplegar 45.000 nanosatélites

Basura espacial
Escombros producidos por la ruptura o el choque de satélites abandonados en la órbita terrestre. ESA

Al menos los restos del cohete chino acabaron en el mar.

La caída sin control del Larga Marcha B5, que a inicios de mayo mantuvo en alerta a los servicios de vigilancia, ha actualizado el problema de la contaminación de la exosfera, donde el artefacto podría haber quedado flotando y habría sido más difícil de recuperar.

La entrada de China e India en la carrera espacial y la creciente demanda de redes de comunicación superrápidas están congestionando la órbita de la Tierra con naves inactivas y desechos.

Desde el lanzamiento del primer satélite en 1957, los residuos se han ido acumulando. La Red de Vigilancia Espacial de Estados Unidos ha catalogado más de 20.000 piezas de más de 10 centímetros, mientras que la agencia espacial europea ESA estima que hay casi 130 millones de fragmentos de más de un milímetro deambulando allá arriba.

Sin embargo, como advierte la OCDE en un informe publicado en abril de 2020, el verdadero punto de quiebre será el desarrollo completo de una o varias de las megaconstelaciones que han sido anunciadas para prestar servicios de banda ancha, entre las que menciona las de SpaceX, de Elon Musk, que ha recibido autorización para poner en órbita 12.000 satélites y tramita otros 30.000, y de Amazon, que ha solicitado permiso para desplegar más de 3.000.

La ESA coincide en que estas operaciones aumentarán los riesgos de colisiones y escombros. “En apenas 10 años van a lanzarse muchos más objetos que desde el inicio de la era espacial. Estamos hablando de hasta unos 100.000 nuevos artefactos, mientras que actualmente solo están operativos unos 3.000”, ilustra Olga Zamora, experta del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).

e.Deorbit
e.Deorbit utilizará un brazo robótico para atrapar los residuos. ESA

La investigadora explica que el principal coste económico de permitir que el espacio se siga llenando de basura recae sobre los operadores que ya tienen o quieren lanzar nuevos aparatos y que deben esquivar los desechos existentes. “Este gasto puede suponer entre el 5% y el 10% del presupuesto total de una misión, lo que en ocasiones se traduce en cientos de millones de dólares. Pero podría ser mayor si se produce una cascada de colisiones. Según la OCDE, una reacción en cadena puede inutilizar varias órbitas alrededor de la Tierra”, sostiene.

El auge de las megaconstelaciones se ha visto favorecido por el desarrollo de nanosatélites. Estos artefactos pesan entre 5 y 50 kilos, operan a baja altura (entre 400 y 600 km) y son capaces de dar una vuelta completa al meridiano cada 90 minutos. Por contraste, los tradicionales pesan unos 1.500 kilos, se encuentran a una altitud de 36.000 km y giran a la misma velocidad que la Tierra.

“De estos últimos hay unos 5.000 y tienen una vida útil muy larga, de 15 a 20 años. Cuando finaliza este periodo, se llevan a una órbita más lejana. Los nano, en cambio, duran 3 o 5 años y la única manera de retirarlos es acercarlos a la atmósfera para que se desintegren”, dice Jaume Sanpera, consejero delegado del operador español Sateliot.

La cifra

130 millones de fragmentos de más de un milímetro de largo gravitan alrededor de la Tierra, según la ESA. Solo en 2007, la destrucción del satélite chino FengYun-1C para probar un sistema de misiles aumentó un 30% la población total de escombros en ese momento.

Zamora mantiene que el uso de nanosatélites abarata el acceso al espacio, pero no supone ninguna mejora en términos ambientales. “La única ventaja es que sus operadores siguen estándares y procedimientos conducentes a mitigar su impacto en cuanto a generación de basura”, matiza. Los artefactos de Sateliot, por ejemplo, incorporan todos unos propulsores que, una vez encendidos, permiten dirigirlos hacia la atmósfera.

La ESA trabaja en la misión e.Deorbit, una nave que con la ayuda de un brazo robot capturará un satélite abandonado para quemarlo de manera segura en la atmósfera. Pero Zamora aclara que programas como este son todavía demasiado experimentales: “Mientras no exista una regulación internacional sobre el uso responsable del espacio, la mejor solución es poner menos objetos en órbita”.

Una directriz que no siempre se cumple

Sateliot
Lanzamiento de Sateliot en marzo pasado.

UNOOSA. La Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior recomienda que ningún objeto se mantenga en órbita más de 25 años, pero según Olga Zamora, del IAC, esto “no siempre se cumple”. Entre las empresas que respetan las buenas prácticas hay dos españolas.

Startical. Indra acaba de cerrar un acuerdo con Enaire para poner en órbita una red de más de 200 satélites pequeños para mejorar la gestión del tráfico aéreo. Al finalizar su vida útil, los componentes de Startical, como se denomina la red, descenderán hasta desintegrarse en la atmósfera. Los artefactos se renovarán cada cinco años y contarán con sistemas para evitar colisiones con otros objetos.

Sateliot. El operador satelital lanzó en marzo el primer nanosatélite de la constelación que prevé desplegar en colaboración con el Ministerio de Defensa. La red dará soporte a servicios de internet de las cosas. Fabricados por Open Cosmos, los artefactos serán renovados cada cuatro años.

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